Altares para sexoservidoras, hasta con su toquecito de mota

Como cada año, mujeres que trabajan en zonas como La Merced y calzada de Tlalpan montan ofrendas en recuerdo de sus compañeras que han sido asesinadas; solo este año suman 50 feminicidios en siete ...

Distrito Federal

Para las celebraciones del Día de Muertos, sexoservidoras de las principales zonas del Distrito Federal como La Merced y calzada de Tlalpan, montan una ofrenda con comida, alcohol, condones y hasta mariguana en recuerdo de sus compañeras que han sido asesinadas.

Ganarse la vida teniendo sexo es un placer para muchas y una tortura para otras, que cada noche venden su cuerpo con el temor de que pueden morir en algún motel.

En los últimos seis años más de 120 asesinatos de prostitutas siguen sin esclarecerse.

Solo en 2014 la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, contabilizó más de 50 feminicidios en la Ciudad de México, Coahuila, Quintana Roo, Aguascalientes, Chihuahua, Veracruz y Chiapas en su frontera con Guatemala.

Aseguran que este oficio, que han practicado por lo menos la mitad de su vida, no es solo “la caja chica” de un gobierno corrupto, sino nido de violencia y delincuencia que ha cobrado la vida de cientos de mujeres y transexuales desde hace décadas.

Jaime Montejo, abogado e integrante de la brigada, dice que “más de 75 por ciento de las trabajadoras sexuales ha sufrido agresiones por parte de sus clientes.”

Los altares son montados en diferentes lugares de donde ofrecen sus servicios sexuales; además se hace una misa especial en la iglesia de La Soledad, en La Merced.

Sexoservidoras de Tlalpan, Sullivan e incluso Bellas Artes se suman a esa celebración.

“Se ponen sus fotos, les escriben poemas, condones por si quieren echarse un palenque en el cielo, su pomo, comida favorita y hasta su toquecito de mariguana“, asegura Crisna, transgénero que también ofrece sus servicios.

“En 2013 ocurrieron más de 17 asesinatos de mujeres y 23 de transgéneros. A veces los padrotes cometen los delitos para que no se les vayan de las manos”, acusa Montejo.

Alma Delia, también transgénero, comentó que por su simple condición las cosas han sido más sangrientas y dolorosas.

“En los tiempos de José López Portillo vivimos una época de un Hitler a la mexicana con El Negro Durazo en la policía. Éramos maniatadas con otra compañera espalda con espalda, amordazadas y tiradas a las aguas negras de los canales del río Tula. Si bien nos iba, nos aventaban al río de Los Remedios, en la San Felipe de Jesús, por Aragón, o nos dejaban desnudas colgadas en los árboles del Ajusco”.

Elvira Madrid Romero, presidenta de la brigada, no da crédito a la violencia con la que se cometen los delitos, que van desde la pérdida de órganos por balas de gotcha, hasta infecciones cuando hieren con navajas a aquellas que se inyectan aceite en las nalgas y este se esparce por todo su cuerpo, señaló.

Mérida, otra sexoservidora conocida como La Suspiros, lleva 31 años trabajando en la calle. En 1996 un grupo de hombres le lanzó un cohete encendido mientras caminaba sobre calzada de Tlalpan.

Esto le provocó quemaduras a su hijo de siete años, quien la esperaba cada noche en una esquina hasta que terminaba su labor. Tras esto se fue a vivir dos años a Hermosillo, Sonora, donde siguió trabajando en lo mismo.

Al preguntarle si cambiaría de trabajo, puntualizó: “No quiero, pero estoy aprendiendo a tocar teclado para que en unos años que ya no pueda trabajar, con eso viva. No me arrepiento de ser trabajadora sexual”.