Las crónicas del acoholímetro

Miles de personas han sido detenidas por conducir bajo los influjos del alcohol, algunos cuentan que recibieron buen trato y otros tantos consideran que es solo una forma más de "robar".
El Operativo Alcoholímetro de Gómez Palacio dejó 60 detenidos el fin de semana.
Los alcoholímetros no son aceptados de buena forma por todos los laguneros. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

"Yo creo que lo que querían era que les diera dinero pero no traía", comentó Rubén, un conductor que pagó una multa de más de 2 mil pesos, después de que se le detectara aliento alcohólico en uno de los famosos operativos de alcoholímetro.

Él circulaba en Gómez Palacio. Dice que sí lo trataron bien, pero así en la usanza del lenguaje que conduce al soborno, no pudo dar los 300 pesos que le decían que le dieran para irse. Admitió que sí se había tomado unas copitas, pero jura y perjura que no andaba tan "araña".

Ya es costumbre que cada fin de semana se instale este operativo. En Torreón, Gómez y Lerdo, se colocan en puntos diversos. En un sondeo breve, usuarios de vehículos de motor hablaron sobre sus experiencias.

"Como ya sabemos que a lo mejor nos toca, pues casi siempre se pone por la casa, lo que hacemos mi esposo y yo es que yo manejo", dice Esther, una profesora de Lerdo.

Ellos tienen una niña de 7 años, a la que llevan dormida en la parte de atrás de su auto. Afirmó que cuando ven a la menor les permiten el paso y que nunca le han tenido que soplar al famoso popote.

"¿Pero así que chiste? Si no les sale caro no les va a doler", dijo Laura, la mamá de la quinceañera que se quedó sin su grupo norteño.

"Una vez iba con mi tío y ahí por el City Club estaban puestos. Sí lo pasamos y adelante había más patrullas".

"Como teníamos que ir a una de las colonias que están ahí atrás de esa tienda, me metí al estacionamiento y nos correteó una patrulla. A mi se me hizo que eso era de más", señaló Rocío, una profesionista.

También dijo que la trataron bien, pero que no era necesario que les dieran esa correteada, como si estuvieran escapando.

"Le hice la fiesta a mi hija, sus XV años", comenta Laura. La familia contrató a un conjunto norteño que tuvo a mal pasar por el retén de alcoholemia y con tan mala suerte, que el que iba manejando andaba hasta las chanclas.

"Estábamos bien enojados y al día siguiente nos enteramos de que habían amanecido en la cárcel", cuenta Laura riéndose.

Estos operativos que son realizado por personal de Tránsito y Vialidad, son apoyados por elementos de las corporaciones, e incluso de Sedena en los casos de Gómez y Lerdo.

La consigna es colocarse en un lugar del que sea difícil escapar, por que muchos son los que tratan de darle la vuelta, ya que estas son de las multas más caras que se expiden.

Y desde luego, también a los oficiales les toca de todo. Desde los que son influyentes y tienen que dejar ir, hasta los que se niegan a dar el carro porque sí están muy alcoholizados, momentos álgidos en los que se presentan actos violentos por parte de las autoridades, que batallan un poco menos con los borrachitos.

También se les preguntó si consideran que estos operativos influyen en la baja de accidentes. Todos dijeron que sí están bien, aunque les gustaría que las multas no fueran tan caras.