Agradece a Virgen por salvar su vida y la de sus hijos

Cada año Miguel asiste al Santuario y ayuda a embellecerlo; un camión atropelló a su niño de 12 años; pandilleros atacaron     a otro vástago, y a él lo golpearon con un bat, y hoy todos viven.
Cada año, Miguel acude al Santuario de Guadalupe para pintar el lugar en agradecimiento a la Virgen.
Cada año, Miguel acude al Santuario de Guadalupe para pintar el lugar en agradecimiento a la Virgen. (Sergio Contreras)

León, GTO.

Sin anestesia, así directo, la doctora en la sala de espera del Hospital General Regional le lanzó la pregunta: “¿Es usted fuerte?, pues siéntese que le voy a dar una noticia”.

Aquella tarde de 1995 a su hijo le había pasado por encima un camión de basura, de los grandes.

¿Quién se puede salvar de algo así?, pensó Miguel, pero el mal presentimiento se contrarrestó con el “¿a qué santo se encomendó?”,de la doctora Okamoto.

El cuerpo de Carlos, entonces de 12 años, no tenía un hueso roto, y lo que es más, el accidente sólo quedó en una anécdota de la infancia que no le dejó secuelas físicas al ahora padre de 3 hijos.

De ese momento, Miguel recuerda con mucha claridadel profundo vacío que sintió en el estómago cuando le avisaron del accidente, el apellido de la doctorade rasgos orientales, y lo mucho que se encomendó a la Virgen de Guadalupe.

Miguel Veloz Rivera, de 57 años de edad y oficio taxista, está triplemente agradecido con la Guadalupana.

Hace más de un año su hijo Julio César, entonces de 26 años de edad, fue atacado por una pandilla en la colonia Los Olivos.

Lo acorralaron, dice, entre ocho y diez hombres, lo golpearon y por si fuera poca la saña, le prendieron fuego.

Iba con su hijo, quien vivió la peor experiencia de su corta vida.

Julio solía juntarse con una pandilla rival, pero desde el nacimiento de su primogénito, hacía 5 años, sólo se dedicaba a él y a su trabajo.

Por si su historia no tuviera suficiente drama, mientras estaba su hijo en el hospital, Miguel fue asaltado en el taxi que conduce para vivir.

Lo atacaron con un bat. Quedó inconsciente y su diagnóstico era reservado. De no despertar, los médicos lo darían por muerto.

Después de un sueño en donde asegura que apareció hasta el papa Juan Pablo II, Miguel reaccionó.

En el nosocomiole tocó en un cama vecina a la de su hijo y ahí, mientras se rehabilitaba, también ayudó en las curaciones de éste.

Caminaba nueve pasos desde la cama 15 a la 19 y de regreso.

Hoy, asegura que Julio César está alejado de las pandillas por completo y Carlos desempeña su labor como pintor.

Para pagar lo que el considera buena voluntad celestial, cada año acude a pintar los pasamanos y las puertas del Santuario de Guadalupe.

Lo hace sin pedir nada a cambio y la pintura la compra con su dinero.

En el templo se lo agradecen, pero le piden una carta dirigida al Instituto Nacional de Antropología e Historia para asentar que lo que hace es por su propia voluntad y con sus recursos.

Promete que mientras tenga vida y su cuerpo se lo permita, seguirá embelleciendo la casa de la calzada de Guadalupe antes del cumpleaños de la Virgen.

“¿Los milagros existen? Bueno, claro que existen. Le acabo de contar tres”.