AMG, “contención  urbana”… a la carta

Los polígonos de subsidio de vivienda potencian la ciudad a casi 100 mil ha aunque su superficie construida ronda 65 mil hectáreas; "lobby viviendero", poder real.
Consultor considera que vivienderos marcan las políticas públicas.
Consultor considera que vivienderos marcan las políticas públicas. (Carlos Zepeda)

Guadalajara

Los números no mienten, dice un lugar común. Y en el caso de los polígonos de contención urbana, instrumento de la política del gobierno federal para regular la desbocada expansión urbana, de casi tres décadas en Guadalajara, es difícil hacerlo: aunque la ciudad está edificada sobre unas 65 mil hectáreas, en 2014, esa estrategia estableció subsidios para crear vivienda sobre poco más de 90 mil ha, y en 2015, el espacio con estímulos creció, a más de 97 mil ha.

El análisis, que hizo para MILENIO JALISCO el consultor Alberto Orozco Ochoa, ex director del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan) -hoy se desempeña como consultor de estudios urbanos para la Universidad de Nueva York, el Instituto Lincoln en políticas de suelo y ONU-Hábitat -, con base en la información oficial (ver gráfico anexo), significa que quien desee crear un desarrollo de vivienda sobre 32 mil hectáreas que hoy no están urbanizadas – sin infraestructura ni servicios -, tiene derecho a obtener esos subsidios federales.

“El poder de los vivienderos es enorme, ellos dictan las políticas públicas”, sostiene el consultor Jesús García Rojas, ex funcionario del Infonavit, quien ha señalado la incongruencia entre una política bien diagnosticada y su aterrizaje entre intereses poderosos, que suelen participar en el financiamiento de campañas políticas para generar compromisos. “El sector vivienda genera 20 por ciento del PIB nacional, ellos acuerdan directamente con el secretario de Hacienda, por encima de la Sedatu [Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano], que se limita a administrar los subsidios que ellos negociaron”, señala a este diario otro ex funcionario público que ha operado el asunto en los últimos años.

El investigador de la UdeG, Román Munguía Huato, lo ha sintetizado: “Un mar de corrupción política existe en el actual proceso de urbanización metropolitano de Guadalajara y su región. Esta corrupción urbanística forma parte consustancial de las profundas contradicciones y conflictos sociales y políticos generados en esta urbe por un modelo de desarrollo neoliberal engendrado por un capitalismo salvaje en las últimas décadas. El mercado, como expresión dinámica del capital en general, es el factor motriz de este proceso urbano; a su vez, el mercado inmobiliario [el mercado del suelo, de la vivienda y de los edificios en general], es la manifestación dinámica y patente del capital inmobiliario; el cual es el verdadero sujeto determinante de los actuales procesos de expansión y crecimiento territorial urbano–metropolitano” (en su artículo “Cambios de uso de suelo urbano y corrupción urbanística”, 2007).

La aplicación de los polígonos nació en 2013, en los primeros meses del gobierno de Enrique Peña Nieto. Dos propósitos esenciales: consolidar la ciudad construida, la que tiene infraestructura y servicios, densificando vivienda sobre todo en corredores aptos como los de movilidad masiva (ver nota contigua); y frenar la expansión en zonas sin infraestructura. Independientemente de que el primer tema es un rotundo fracaso, y las zonas con mayor subsidio apenas contienen oferta de vivienda (3.2 de cada 100 casas en venta, ver edición del 8 de febrero de 2016), lo cierto es que tampoco se acredita un control sobre la expansión.

La estadística generada por Orozco Ochoa señala datos inquietantes: entre 2014 y 2015, se pasó de 90,220 ha con subsidio a 97,085 ha, un crecimiento de 6,865 ha hacia afuera de la conurbación. Los polígonos de máximo subsidio (U1) se redujeron de 20,235 ha a 17,992 ha –sus efectos son casi nulos en el mercado-; en cuanto al U2, pasó de 32,520 ha a 36,174 ha, un crecimiento de unas 3,700 ha casi completamente a costa del segmento anterior. Y en U3, que hace que la ciudad rebase sus propios límites, fue el que más creció: de 37,464 ha a 42,998 ha, esto es 5,400 ha en cifras gruesas.

Los detalles por municipios también ameritan análisis. Pero lo cierto es que ha quedado claro que las fronteras a las cuales se pretende inducir y consolidar la ciudad, son vaporosas y gelatinosas, y están sujetas a negociación, según lo aprecia García Rojas, quien no ve diferencias en ese sentido con lo de antes: la discrecionalidad finge someterse a reglas, pero siempre terminará desbordándose.

Algunas cifras

9 municipios integran el área metropolitana de Guadalajara: Guadalajara, Zapopan, Tonalá, Tlaquepaque, El Salto, Ixtlahuacán de los Membrillos, Juanacatlán y Tlajomulco de Zúñiga, y desde 2015, Zapotlanejo. 

5,988.28 hectáreas o 20,201 lotes de suelo con cobertura de servicios básicos hacia adentro del anillo Periférico se encuentran ociosos, lo que representa 9.68% de la superficie actual de la mancha urbana.

3 polígonos de contención urbana define la política nacional de vivienda, “bajo criterios de nivel de consolidación urbana, tales como son las zonas urbanas consolidadas con alta concentración de empleo, equipamiento y servicios urbanos (U1), zonas en proceso de consolidación con infraestructura y servicios de agua y drenaje mayor a 75% (U2) y zonas contiguas en forma de cinturón periférico al área urbana (U3).

24.4% de los 20,201 lotes intraurbanos tienen el máximo subsidio (U1), 46.9% está en el segundo nivel de subsidio y el último nivel tiene 23.3% del total, mientras 5.4% de esos lotes no tienen subsidio alguno.

 

Fuente: Expansión metropolitana, Imeplan