Sacrifica estar con su familia por una mejor para su hija

La joven hondureña Lucely de 20 años salió con su esposo rumbo a Estados Unidos donde un asalto les frustró todo. Con 8 meses de embarazo finalmente el destino de Maomi era nacer en Torreón.
Lucely Grisel Arteaga Estrada y Martín Obando Escalón Coello los papás de Maomi.
Lucely Grisel Arteaga Estrada y Martín Obando Escalón Coello los papás de Maomi. (Alejandro Alvarez)

Torreón, Coahuila

Lucely Grisel Arteaga Estrada y Martín Obando Escalón Coello celebran el Día de la Madre el segundo domingo de mayo. Son de Honduras, desde donde viajaron
a pesar del embarazo de casi 8 meses con la intención era llegar hasta Atlanta en Estados Unidos para poder darle a la hija que venía en camino una mejor condición de vida.

A la menor ya le tenían nombre: Maomi, quien demostró que su condición física era tan fuerte que resistió en el vientre que su madre subiera a los vagones del tren en marcha, que viajaran por transporte foráneo, se trasladara en caminos largos a pie, que no comiera o bebiera agua cuando ella lo demandaba, mucho menos que le cumplieran sus antojos.

"Para mí, esta niña es el regalo más bonito que me ha dado la vida. A pesar de las adversidades está aquí, viva y sana".

Lucely tiene 20 años y cuenta que al intentar cruzar el Río Bravo en Piedras Negras, unos hombres a bordo de una camioneta los asaltaron y les quitaron las pocas pertenencias que tenían, entre ellas un celular que habían adquirido con mucho sacrificio con el que se comunicaban con sus familiares.

Luego de que esto pasara, decidieron buscar un sitio donde les pudieran ayudar con el embarazo casi a término.

"Para mí, esta niña es el regalo más bonito que me ha dado la vida. A pesar de las adversidades está aquí, viva y sana. Tenía miedo de que le fuera a pasar algo porque fue mucho el esfuerzo físico, por ejemplo, de Saltillo a Piedras viajé a pie porque no había forma de sentarnos, los vagones transportaban auto, estábamos cerca de las llantas y no podíamos estar sentados", señala.

En algún momento de su trayecto que duró prácticamente un mes, se arrepintió de haber salido de Honduras en ese estado y se decía: "Cómo es que nos salimos de mi país, es feo estar fuera de la familia, no creí que podía salir todo bien".

Aseguró que han corrido con suerte dentro de todo, pues se han topado con personas buenas que los han ayudado mucho, dice que su niña vino con mucha suerte.

La bebé demostró que su condición física era tan fuerte que resistió en el vientre que su madre subiera a los vagones del tren en marcha.

“En mi casa celebramos el Día de la Madre en familia, mi mamá hace pasteles para vender y por ser una ocasión especial hace uno para nosotros, nos juntamos todos, llevamos refrescos y nos ponemos a platicar hasta la cena”.

Recuerda que su familia se opuso a que emprendieran el viaje, porque ya tenía más de siete meses de embarazo y resultaba peligroso para ella.

A finales de febrero se trasladaron en un autobús hacia la frontera con Guatemala, de ahí un conocido los pasó por el río en una balsa, una vez en Tucumán, volvieron a hacer el mismo procedimiento para llegar ahora a Chiapas.

Comenta que Maomi a pesar de que nació sana, al paso de los días ha tenido problemas de reflujo, por ello es que la llevaron con un pediatra gracias al apoyo de Sandra, una persona que los ha ayudado mucho.

Otra persona a la que agradecen es a quien les da posada y a todos los que les han llevado ropa, comida y dinero para que puedan subsistir.

El hecho de estar en un país que no es el suyo, sin papeles, sin trabajo seguro o estable, le pone a pensar si vale la pena estar fuera de su tierra, pero ella sola se contesta y asegura que en Honduras las cosas en lo que se refiere al empleo se encuentran difíciles, pero también el tema de la seguridad, que no es la mejor para quienes ahí residen.