Su talento innato la llevó a conquistar la gloria en las pistas de tartán

Matilde Álvarez Sierra, múltiple campeona en Olimpiada Nacional en cien metros planos y salto de longitud, integrante del equipo mexicano que participó en Juegos Panamericanos del 2011 y promesa ...

Puebla

Reconocida a nivel nacional como la "Saeta Poblana", Matilde Álvarez Sierra es una de las promesas que México tiene para figurar de nueva cuenta en el atletismo dentro de unos Juegos Olímpicos, pues además de sus dotes en las pruebas de velocidad, la juvenil seleccionada ha mostrado también su poderío en el salto de longitud.
Apenas con 18 años de edad, la rubia deportista se inició desde temprana edad en el mundo deportivo, donde sus facultades innatas para la práctica de la actividad atlética la llevaron a internarse al mundo de la natación, donde su espíritu de lucha y competencia, la hizo exigirse desde el principio.
"Antes de atletismo hice natación, como a los cuatro años, para aprender a nadar con mi hermano, es mi gemelo, empezamos desde chicos, siempre he sido deportista, mi hermano me ayudó, había como una cierta competencia, él jugaba futbol, yo también quería jugar como él, los dos nos ayudábamos, competíamos juntos, básicamente sólo hice natación, fui a dos clases de tae kwon do, pero no me gustó mucho, y ya empecé con el atletismo a los diez años".
Si bien su gusto por el deporte húmedo la mantuvo por largo rato en dicho deporte, no fue sino hasta que en el Colegio Americano se abrió la puerta del atletismo, mismo que para ella estaba predestinado, donde desde el primer disparo de salida, dio muestras de su poderío y de lo que más tarde a ella llevaría a ocupar en repetidas ocasiones la cima dentro del podio.
"Yo estudiaba en el Colegio Americano, pero a mí no me gustaba correr, como que no me interesaba, pero a los diez años, en una competencia dentro de la clase de educación física, el profesor en aquella ocasión nos juntó a todas las niñas para decirnos que había una competencia, y la que ganara se iba al equipo de atletismo, yo la verdad no quería correr, pero nos dijo que si no corríamos, nos iba a reprobar, entonces me asusté, cuando corrí, les gané como por cuarenta metros, todos los profesores quedaron impactados, entonces me pusieron a correr con los niños y volví a ganar, como por veinte metros, la sorpresa siguió y me llevaron contra los de secundaria y volví a ganar, entonces me metieron al equipo y fue que me empezó a gustar".
Ya instalada de lleno en la selección de su escuela, su primera gran satisfacción llegó en un abrir y cerrar de ojos, pues tras ser inscrita en una competencia de zona, logró reponerse a un mal inicio, producto de su falta de conocimiento y experiencia, pero que en ella detonó el amor por algo que hoy en día es algo más que una pasión.
"A la semana fui a mi primera competencia, pero no sabía más allá de 'en sus marcas, listos, fuera', fui, puse mi botador como pude, dieron la salida, me acuerdo que di el primer paso y me resbalé, me llevaban más de tres pasos, pero las alcancé y gané, fue donde dije que eso era lo que a mí me gustaba, así empecé a competir, me encantó, empecé a ganar y ese mismo año que inicié fue mi primera Olimpiada Nacional, y aunque no sabía ni qué onda, gané mi primera medalla".

Pedro Tani, mancuerna perfecta

Al llamar la atención en contiendas escolares, pronto sus entrenadores se vieron rebasados por el don de Matilde, que a recomendación de sus propios profesores, fue canalizada con quien ha sido clave, fundamental, en su desarrollo como deportista y quien cree ciegamente en el talento de Álvarez Sierra, tal es el caso del entrenador cubano, Pedro Tani.
"El entrenador del Colegio Americano me dijo que no era tan bueno, que no sabía mucho, que por qué no mejor iba al Parque Ecológico con Pedro Tani, que era un cubano especialista en el atletismo, me llevaron mis papás, me hizo una prueba y se sorprendió desde la primera carrera que me vio, empecé ahí a los diez años, empecé en eventos estatales, clasifiqué al regional, yo no sabía ni qué era una Olimpiada Nacional, de repente llegué y vi playeras de todos los estados, iba con Puebla pero con sólo diez años, era pequeña, siempre he sido de las pequeñas en mi categoría porque soy de noviembre, yo veía a todas enormes, pero Pedro me dijo que entrara sin miedo, así lo hice, confiando en mí y gané".
Olimpiada disputada en el 2006 que marcó su vida, pues así como fue fácil la llegada a lo más alto del protagonismo, lo difícil para ella fue mantenerse en esa posición, situación que obligó a un cambio radical en su vida, donde la disciplina siempre fue la clave y lo que le ha permitido codearse con las mejores, al grado de ser considerada desde esos primeros años a la selección nacional.
"Cuando gané mi primera Olimpiada Nacional, me costó mucho mejorar, yo no tenía técnica, ni nada, mi entrenador me empezó a corregir la técnica, tenía muy mal braceo, empecé con entrenamientos más largos, más específicos, porque sólo corría porque me gusta, por el talento que traía, pero sí tuve que hacer muchas cosas para mejorar mi técnica, velocidad y fuerza".
Durante su camino, el apoyo irrestricto de su familia ha sido fundamental para la obtención de grandes resultados, al grado de que la competencia que casi desde la cuna se dio con su hermano gemelo, se tradujo en un respaldo fraterno que a ella motivó a no rendirse ni claudicar por difícil que fuera el momento.
"Mis papás me han apoyado en todo, desde pequeña, mi mamá me ha llevado a todas partes, en las competencias ahí han estado bajo el rayo del sol, siempre apoyándome, cuando hubo que pagar para irme a una competencia lo han hecho, cuando fui al Mundial fueron, siempre son los primeros en estar ahí apoyándome, han confiado en mí totalmente. También mi hermano, aunque hemos competido desde chicos, él entendió que yo tengo un talento para el atletismo".

Juegos Panamericanos, una dura experiencia

Luego del oro en la Olimpiada Nacional del 2006 celebrada en el Distrito Federal, Álvarez Sierra logró la presea áurea en el 2008 en la magna justa del país pero en la modalidad de sato de longitud, proeza que repitió un año después, en el 2009, en sus dos especialidades, para entonces en el 2010 convertirse en bicampeona de los 100 metros planos y récord nacional en salto, siendo el 2011 uno de sus años de mayor contraste, pues si bien en Olimpiada implantó nueva marca, una lesión frenó en seco su carrera, haciendo de su sorpresiva participación en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, una experiencia totalmente agridulce.
"Hubo una gran presión, tenía quince años, yo ya tenía el pie roto, nadie sabía, los doctores que me checaron no daban con la lesión, fue en el empeine del pie derecho, me dolía muchísimo, no podía ni caminar, me dijeron que fuera a la villa panamericana para tratarme con los doctores, fui para agarrar experiencia, para conocer nuevas atletas, pero nadie vio lo que tenía de mi lesión, corrí con dolores muy fuertes, nunca había sentido dolor así, sí me desanimó en cierta forma, pero también me ayudó a ser más fuerte".
Y es que como una de las pocas poblanas en dichos Juegos, aunado a las expectativas que en sus primeros años generó con buenos resultados en Olimpiada Nacional, Matilde Álvarez ingresó sin querer al ojo del huracán, ya que a pesar de su corta edad, todos esperaban algo importante de ella, lo que al final derivó en una vivencia más de la que sabe podrá sacar partido, pues ella tiene en mente repetir en este tipo de justas e ir lejos, pensando en los Centroamericanos y Juegos Olímpicos.
"Hubo presiones, porque en cierta forma me obligaron a correr, de todos, mis papás, la Federación Mexicana, sabiendo que yo no podía correr lo hice, ahora si algo me duele no corro, va primero mi salud. Sí fue un tropiezo, luego me vino una lesión, anímicamente y mentalmente me afectó, pero me levanté poco a poco, ya salí de esto gracias a Dios y de aquí para adelante. Nunca pensé en tirar la toalla, en decir hasta aquí, no soy de esas personas que se rinden así, es una derrota, pero de eso se aprende".
Aun cuando en la pista los resultados en Panamericanos no fueron los que ella habría deseado, Matilde vio de cerca lo que una competencia de nivel internacional en categoría mayor representaba, misma que a ella cautivó y pronto despertó en su ser el deseo de volver pero en otras condiciones, con la posibilidad real de competir y llevarse a casa un trofeo.
"Mucha diferencia, más por la edad, no puedes comparar una niña de quince con otra de veinte, es estatura, fuerza, peso, experiencia, todo, simplemente no se puede, pero comparándome con las de mi edad, estoy dentro de las primeras catorce, cuando tenga veinte estaré más desarrollada. Fue una experiencia nueva, conviví con atletas y supe lo que era estar en un nivel mucho mayor. Me tengo que cuidar, tengo clasificatorios para distintos eventos, espero dar buenas marcas, tengo Olimpiada Nacional, quiero ir al Mundial".
Pero así como en su mente aun prácticamente de adolescente están las metas a corto plazo, también está el sueño de todo atleta, es decir, acudir bajo el cobijo de la bandera nacional a unos Juegos Olímpicos, sin fijar de inicio su mira en la próxima justa en Río de Janeiro, aunque no descarta por completo esa posibilidad.
"Claro que sí, no sé si estos, porque apenas tendré veinte años, pero puedo ir en relevo, mi entrenador y yo hemos hablado, vemos que México tiene muy buenas velocistas, que se puede hacer un buen relevo de 4x100, aunque en México no confíen en los velocistas, pero sí tenemos mucho qué decir en la velocidad, hemos hablado con el presidente de la Federación, Antonio Lozano, hemos planteado la idea y confía en nosotros".

Matilde un proyecto de vida para Pedro Tani

Su mirada en cada zancada que da su alumna predilecta, está llena no sólo de ilusión, sino de un sueño compartido, pues desde aquella mañana en la que Pedro Tani conoció y evaluó a Matilde Álvarez para convertirla en su pupila, el entrenador cubano tomó a esa pequeña como un proyecto de vida, que hasta el momento no le ha dado nada más que grandes alegrías y satisfacciones.
"La verdad son ocho años, la tengo desde los diez años a esta niña, ha sido para mí todo el alcance al que yo he llegado, en resultados como velocidad, porque hemos desafiado a Jalisco, a Sonora, a Monterrey, a Chihuahua, a la gente del norte como Coahuila, Baja California, le hemos puesto un alto, hemos sido siete veces campeones nacionales, decían que Puebla no podía dar eso, pero donde está el trabajo, con mucho amor, disciplina y entrega, ahí hay resultados y eso es lo que ha pasado con ella".
Cada oro, cada reto superado, es para Tani un logro más en su longeva carrera, donde sabe que aún hay mucho por trabajar para alcanzar las más altas esferas, ya que al igual que su dirigida, el caribeño se ve a sí mismo también en una justa de grandes magnitudes como Juegos Olímpicos, en espera de vivir esa experiencia.
"Es lo mismo, porque eso me coloca en un estatus entre los mejores entrenadores del país, porque está hecha por mí, no ha tenido otro entrenador, la he encaminado desde chica, creo que hoy es un orgullo, a mí edad, a mis 57 años, me siento feliz, vuelvo a nacer, si ella alcanza lo que pensamos, será un tanque de oxígeno, volver a nacer, sentirme en la gloria, ella sabe que la única motivación para mí es que ella corra".
Pese a las críticas, a los comentarios incluso de varios de sus colegas, Pedro no se rinde, ni pierde la fe, consciente de que las derrotas lo pueden alcanzar en cualquier momento y que el deporte no tiene palabra de honor, pero siempre con la disposición de sortear cualquier imponderable para así cumplir su sueño y el de su heredera en conocimientos, Matilde Álvarez Sierra.
"Me han criticado otros entrenadores, amigos míos, que yo estoy ciego con ella, que eso, pero la verdad es un orgullo tener una atleta de esa calidad, con ese talento, nada más que como se sabe la curva no puede ir hacia arriba total, tuvo un descenso en cuanto a su lesión, la presión de los Panamericanos, todo mundo arriba de ella, por hacer una marca, pero ella ya lo experimentó y también lo gozó", finalizó.