“Mi sueño es ser uno de los mejores tenistas del mundo”

El joven deportista encontró en el deporte blanco un reto a nivel personal, pues luego de sortear diversos fracasos en la disciplina, finalmente se convirtió en una de las promesas que México ...

Puebla

Forjado en las entrañas del Club Britania Zavaleta, donde el sueño inició, el tenista poblano Alan Núñez es una de las promesas que el deporte blanco a nivel nacional tiene con miras a un futuro inmediato, quien desde pequeño ha sabido lo que es luchar por un sitio para sobresalir, de ahí que hoy en día sea parte del equipo mexicano de la Copa Davis.

Sin embargo la raqueta no fue de inicio su pasión, pues como integrante de una familia taurina, Alan quiso de inicio despuntar en el arte del capote y la muleta, que pese a haber practicado, no lo atrapó tanto como el futbol, aunado a su pasión por el Puebla de La Franja, que le hizo pensar que ahí estaría su camino a seguir.

"Mi familia siempre ha sido muy deportista, incluso taurina, yo desde un principio, teniendo unos cuatro o cinco años recuerdo querer ser torero, practicaba con mi papá, con mi abuelo, al final me terminé desviando al futbol, por decirlo de alguna manera, estuve en las Fuerzas Básicas del Puebla a mis nueve o diez años, pero curiosamente en un verano, mi mamá decidió meterme a un curso de tenis porque creía que yo había perdido el piso, porque cada que llegaba a los partidos en fin de semana, metía cuatro o cinco goles, por ende yo ya no quería entrenar, porque sentía que ya era muy bueno y así fue como comencé con el tenis".

Su incursión al mundo del deporte blanco no fue nada sencillo, pues no era algo que a él de arranque llamara la atención, donde incluso su falta de pericia con la raqueta, lejos de orillarlo a renunciar, lo hizo tomar la disciplina como un reto a superar, que sin saberlo, despertaría en él un talento oculto.

"Me lo tomé como un reto personal porque era muy malo, realmente no contaba con ningún talento, esos cuatro meses que estuve practicando, que comencé en un curso para niños de escasos recursos, con el profesor Juan Irineo, empecé con él, recuerdo llegar a las canchas como todo niño bien, con mis raquetas nuevas, con ropa para el deporte específico y toparme con una realidad completamente distinta, cuando había niños que llegaban a jugar con chanclas, que no tenían raquetas, ver que ellos con las pocas herramientas que podían tener, comparado con lo que yo tenía la fortuna de contar en esos momentos, me situó mucho en la realidad de que el trabajo es lo que realmente marca una diferencia, desde ese momento me lo tomé como un reto personal".

El inicio de una promisoria carrera

Finalizado el curso, Núñez buscó junto con sus padres una opción que le permitiera mejorar y poner en práctica lo aprendido, fue justo ahí cuando ingresó al Britania Zavaleta, donde al cabo de varios entrenadores, finalmente se topó con el excapitán Copa Davis, Óscar Ortiz, que vio en él la determinación necesaria para despuntar.

"La academia termina en verano y el profesor Irineo se pasó a la Ibero, entonces yo iba, al término de la escuela, iba alrededor de cuatro horas a ese taller, comienzo a mejorar y mi papá nos inscribe en el Club Britania Zavaleta, ahí inicié con la academia de Marco Osorio, pasé a tomar clases particulares con Fernando Torres, con Mauricio Molina y después de eso, el capitán de Copa Davis en ese momento, que fue un gran jugador, de los últimos grandes jugadores que hemos tenido, Óscar Ortiz, el destino hace que llegue a Puebla, que tome en el club el cargo de director de tenis y ahí es cuando yo comienzo a tomarlo más en forma, platicó con mis papás y les comentó que veía un potencial importante en mí y se decide que tome las riendas de mi entrenamiento".

A pesar del intenso trabajo, los resultados seguían sin llegar de manera importante para Alan Núñez, que no pasaba de las primeras rondas en los torneos donde se inscribía, lo que en determinado momento le hizo pensar que el tenis no era lo suyo y dudó incluso en seguir, cuestión que al final no sucedió, pues algo inexplicable lo llevó a mantenerse.

"Fueron dos o tres años con ese estilo de vida, que realmente me hicieron dudar, porque uno llegaba a los torneos y veía a jugadores que entrenaban hora y media en el club, incluso no entrenaban, pero estaban en los primeros lugares, yo me cuestionaba y decía -¿realmente serviré para esto?-, no sé qué es lo que me hace seguir en el tenis en ese momento, porque pude haberlo dejado, tenía razones suficientes, para estar sacrificando tantas cosas y no tener ninguna de las recompensas que yo quería en el momento, hasta ahora si me pongo a pensar, no sé realmente lo que me detuvo a hacerlo, yo creo que me lo tomé como un reto personal y al final las cosas se fueron dando hasta estar dentro del top cinco a nivel nacional, eso después me proyectó a conocer a mi actual entrenador".

Francisco Barrientos, el parteaguas

Ya instalado entre los mejores de su división, Alan fue invitado a formar parte del equipo mexicano juvenil que celebró una gira por los Estados Unidos, donde la cosecha de resultados llegó de manera importante y es ahí donde el destino le tenía deparada una sorpresa, tras conocer al chileno Francisco Barrientos, quien fue el encargado de catapultarlo a otros niveles.

"Se me da la oportunidad de ir a la gira de invierno más importante que hay en el mundo que es en Florida, donde han jugado los mejores jugadores actuales y del pasado en su época júnior, se me presenta la oportunidad, conozco a mi entrenador por casualidad, a mi actual entrenador, a Francisco Barrientos, un chileno que realmente me ha cambiado la vida, ahí lo conocí, terminando esa gira de invierno mi papá y mi mamá hablaron con Francisco, vino a Puebla a realizarme varias pruebas de biometría y biomecánica y tomamos la decisión de agarrar todas nuestras cosas, un boleto de ida a Dallas, donde actualmente resido, donde vive mi entrenador, mi mamá, hablando con mi papá, mi hermano ya estaba en la universidad en Monterrey, decide irse conmigo a apoyarme, a tratar de cumplir mi sueño".

Tenía metas y objetivos a cumplir, donde el respaldo materno fue fundamental, ya que a él permitió concentrarse de lleno en su deseo de trascender, sin llegar a desviarse como a muchos ocurre en la adolescencia, dado que siempre supo cuál era su plan y de ahí que nada, ni nadie, le hiciera pensar lo contrario.

"Yo creo que muy en privado, entre mis papás, considero que establecieron metas a cumplir, a mí nunca me lo mencionaron, mi papá siempre me ha apoyado en todo, nunca se ha fijado en los resultados, siempre me ha brindado su apoyo en todos los aspectos, ellos dos sabían que el compromiso que yo siempre he tenido con ellos y conmigo mismo no me permitiría dar menos del 100 por ciento en cada entrenamiento, ellos no me comentaron nada, la única charla que se tuvo fue con mi hermano a manera de avisarle, mi hermano que siempre me ha apoyado, me dijo -adelante, es tu sueño, siempre te voy a estar apoyando-. Para mí la familia es lo más importante, conozco muchos casos de jugadores que se les dio la libertad de hacer las cosas a su manera, terminaron perdiéndose, de mi generación había muchos jugadores muy buenos, se han perdido quince o veinte, quedamos tres. La disciplina, lo dura que podría considerar que mi mamá es conmigo en cuanto a muchos aspectos, ha sido clave para que yo tenga una disciplina y hasta el momento no me haya perdido".

Y es que la exigencia al mando de Barrientos fue desde el principio mucho más demandante de lo que en toda su carrera había experimentado, lo que a él forjó un carácter férreo que le ayudó a solventar las malas pasadas, mismas que ahora ve como experiencias de las que sonríe cada que las recuerda.

"Fue un cambio radical, es otro mundo, no critico el trabajo que realizaba con Óscar, en su momento fue lo mejor que pude tener, me fue dando cosas que de ninguna otra manera pudiera haber conseguido, como la tolerancia a la frustración, yo creo que si hubiera llegado con Francisco a una edad de diez, once años, no hubiera aguantado el entrenamiento, es muy distinto. Recuerdo el primer día que llegué, bajado del avión, me dijo que entrenaríamos a las dos de la tarde, recuerdo haber llegado, llevaba diez, quince minutos pegándole a la pelota, ya no podía más, estaba muerto, recuerdo que hacía tiempo para recoger las pelotas, en el primer descanso, que tomé agua, me dice que se había terminado el calentamiento, que iba el entrenamiento."

Añade, " pensé -¿a qué me vine a meter?-, hacía un frío tremendo, llegamos en febrero, nevando, generalmente el americano es muy cómodo y prefiere entrenar en canchas techadas, mi entrenador es muy peculiar en ese aspecto, prefiere que entrenemos afuera".

Al segundo día, lo recuerdo perfectamente, las manos las tenía ensangrentadas, tenía ampollas, se me estaban reventando por todas partes, esta situación me marcó, recuerdo haber terminado, ya no podía jugar, llegué con mi mamá, le dije a Francisco que no podía seguir, como capricho de niño que estaba sufriendo, me dijo que fuera con mi mamá, llego con mi mamá, con mis manos con sangre, pensando en refugiarme, me dice -entonces ¿para qué venimos?, si quieres vámonos a Puebla-, como perro apaleado regresé a la cancha y a partir de ahí me quedó muy claro de que va a estar para apoyarme, pero no para protegerme".

El salto al equipo Copa Davis

Un mes bastó para conseguir títulos en su categoría, lo que pronto llamó la atención de las autoridades de la Federación Mexicana de Tenis, ya que Alan pasó de ser un auténtico desconocido a un tenista con futuro que le valió ser considerado a su primer llamado al equipo Copa Davis con el que vivió la experiencia de la serie 2013 ante El Salvador.

"Yo me voy de México, a los catorce años sin que nadie realmente supiera de mí, me fui como -ah mira, se fue porque aquí no la puede hacer, se fue a refugiar-, llegó aquí dos años después, con un ranking internacional, todo mundo empezó a hablar de mí, a decir -qué le hicieron, dónde lo cambiaron-, a partir de eso, no se me da la oportunidad de jugar el Mundial Juvenil, la Federación decidió jugar a otro jugador, me seguí preparando, terminé mi último año como juvenil entre los primeros cien. El año pasado di el campanazo al ganarle a un cuatrocientos del mundo, yo con un wild card, a partir de ahí empieza mi ascenso y me llaman a la Serie contra El Salvador".

Aunque sabe que el camino es largo y complicado, no quita el dedo del renglón, al ser claro que él quiere ser el mejor, donde por él no quedará, consciente de que existe mucha presión por parte del medio, que quiere ver triunfar a un mexicano, lo que no será sencillo al haber de fondo muchas situaciones ajenas al propio deporte blanco.

"La presión que se les pone a los tenistas que vienen saliendo, se me hace muy injusto, porque al final es muy fácil, apuntar y juzgar, decir que no tenemos un jugador dentro de los cien del mundo, qué malo es México, qué está pasando, pero la gente no sabe lo que hay detrás, todos los sacrificios que requiere. El tenis para mí me ha formado en muchas cosas, mi sueño es ser de los mejores tenistas del mundo, yo sé bien que el deporte es efímero, se termina y uno tiene que saber lo que va a hacer con su vida, hay muchos casos, que sin importar el deporte, terminas tu carrera y realmente no sabes hacer nada más, vives de tu fama, no está mal, es el sueño de mucha gente, pero también tienes que ponerte a pensar qué hacer con tu vida", finalizó.