ENTREVISTA | POR EDGAR GONZÁLEZ

Jessica Bonilla Ciclista

La bella deportista ha representado a Puebla en competencias a nivel nacional e internacional; en la Copa Federación donde recientemente se erigió como una de las mejores definiendo su categoría con dos oros, una plata y un bronce.

"No sé qué haría sin mi bicicleta"

Jessica Bonilla, ciclista poblana.
Jessica Bonilla en el Centro de Alto Rendimiento Mario Vázquez Raña. (Foto: Ana María Arroyo)

Puebla

La vida bien podría definirse en dos ruedas para la ciclista Jessica Bonilla, que desde su incursión al equipo estatal de la especialidad ha visto crecer su nivel incluso al grado de llegar a una selección nacional juvenil, lo que ella ha refrendado con resultados en diversos eventos como recientemente lo hizo en la Copa Federación, donde su categoría quedó de manifiesto con dos oros, una plata y un bronce.

Originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua, Jessica cuenta con un largo palmarés que comenzó a los cinco años, y que al cabo de doce más, hoy a sus diecisiete, le han permitido convertirse en una de las cartas más fuertes de Puebla y con grandes perspectivas a nivel nacional e internacional.

Méritos que son producto de un largo recorrido a bordo de su bicicleta, la que en un principio no le llamó la atención, pues pese a haberla obtenido como un regalo de Navidad, su pasión se centraba en el ballet, actividad que pronto cambió luego de que su hermana mayor tomó el ciclismo como reto.

"La verdad al principio no me gustaba la bicicleta, tenía una que me habían regalado una Navidad, que usaba mi hermana. Una amiga de mi mamá nos invita a practicarlo, yo me negué siempre, mi hermana sí entró y le dedicó sólo un tiempo, yo practicaba ballet, pero cuando se acercaba la fecha de las competencias, le entregaron su uniforme a mi hermana, yo quería un atuendo como el el de ella, estaba chiquita pero quería mi uniforme, así conocí a mi primer entrenador que me dijo que para ganarme el uniforme me tenía que volver ciclista y así se dio".

Ya metida de lleno en el mundo de los pedales, Bonilla pronto comenzó a escalar y a llamar la atención de las autoridades en su estado, que de inmediato la catapultaron para integrarse a los representativos de su entidad, lo que como consecuencia trajo los primeros éxitos, que a ella impulsaron a no bajarse del asiento jamás.

"Cuando entregaron uniformes, faltaba una semana para la competencia, o un poco más, me dieron mi uniforme, empecé a darle a la bicicleta y llegó la primera competencia en Chihuahua, gané y quedé en primero, se hicieron varias competencias para el nacional infantil, avancé y llegué al nacional, fue aquí en Puebla, me fue muy bien, quedé en segundo lugar, entrené, me gustó mucho y la bici se volvió algo rutinario en mi vida."

El paso natural de todo atleta exitoso, es sin duda alguna la Olimpiada Nacional, justa que Bonilla dominó prácticamente desde su presentación, para entonces volverse una constante asistente del podio, lo que a ella dio credibilidad en su intención de convertirse en una de las mejores de todo el país.

"Mi primera Olimpiada Nacional fue en Hermosillo cuando tenía trece años, como era Juvenil 'A' había mayores que yo, pero me fue bien, gané un segundo lugar, pero fue cuando me di cuenta que el ciclismo ya no era un juego, era una mayor responsabilidad, ya no me podía desvelar, no podía ir a fiestas porque tenía una obligación, sacrifiqué salidas, fiestas, no estar con mi familia, pero cada que ganaba una medalla me daba cuenta que esos sacrificios valían la pena".

Pero así como llegan las grandes satisfacciones, también se presentan los tropiezos, las caídas, los raspones, las lesiones, que a Jessica llenaron de fortaleza para no rendirse, pese a que en algún momento de su naciente carrera, una lastimadura puso en riesgo su continuidad en el deporte.

"Al principio yo tenía mucho miedo, nunca había estado en una bicicleta, sí me había subido, pero con rueditas, pero sin que me diera cuenta me quitaron las rueditas, obviamente me caí, me volvía levantar, me decían que no se valía llorar y no lloré. Empecé como todos con una bicicleta normal, como cualquier niño, ya después me compraron mi bicicleta especial y empecé a competir desde los cinco años. A los catorce se canceló la Olimpiada en mi categoría y nos dieron un permiso especial para correr con una división mayor, me pasó un accidente muy fuerte, ahí dije -hasta aquí-, me caí, estuve tres meses sin actividad, me lastimé el cuello, me lastimé el tobillo, quedé toda quemada, estaba asustada, le dije a mis papás que vendieran todo porque ya no quería ser ciclista, para mejor dedicarme a mi escuela, a divertirme, pero empezó la temporada, los llamados a entrenar y no fui, pero la verdad no aguanté y regresé, es como una rutina, ahora no sé qué haría sin el ciclismo y mi bicicleta".

Pese a que el tiempo dedicado a la práctica atlética ocupó gran parte de su rutina cotidiana, el estudio nunca ha dejado de ser una prioridad para ella y su familia, que siempre le ha brindado su apoyo, bajo la condición de que la escuela es algo que se lleva de la mano, donde para su buena fortuna, se ha logrado adaptar a sus necesidades de tiempo y espacio.

"De pequeña era como cualquier niño, iba a la escuela con la obligación de entrenar por la tarde, ya de más grande, en Juvenil, es distinto pues no sólo entrenas para una competencia, ahora trabajas para viajar a Copas, pelear tu lugar para calificar a Olimpiada, ahí me di cuenta que para poder ser una deportista de alto rendimiento tenía que balancear la escuela y el ciclismo. En mi caso, cuando pasé a Juvenil 'A', estaba en secundaria y pensé que no iba a poder, pero gracias a Dios me apoyaron mucho mis escuelas, ahora estoy estudiando, entrenando y balanceando todo, ya me acostumbré a esta vida, a levantarse, ir a la escuela, entrenar, hacer tarea y descansar".

Puebla, la catapulta en su carrera

Su destreza y poderío en el ciclismo, aunado a su deseo de crecer, de emprender nuevas aventuras, fue la combinación perfecta que a ella trajo a Puebla, la que ahora es su segunda casa y por la que compite en las justas a nivel nacional, situación de la que no se arrepiente en lo más mínimo, pues si bien le significó el mayor sacrificio hecho hasta el momento al dejar a su familia atrás, los resultados le hacen saber que fue una buena decisión.

"Fue un proceso muy rápido, cuando fue la Olimpiada del 2012 aquí en Puebla, a Chihuahua nos fue muy bien, sacamos seis medallas de oro, jamás le había ido también al estado, surgió el rumor de que Puebla habría invitado a los ciclistas a venirse aquí, a prepararse, a entrenar, a estudiar, pero yo regresé a casa a mi pretemporada, se daba mi cambio de 'B' a 'C', al ser una categoría más complicada mi entrenador me dijo que nos pondríamos las pilas, a dedicarnos al ciclismo y a la escuela al 100 por ciento. Un día me mandan llamar mis papás, que habían recibido una llamada de Puebla, una invitación para venirme a vivir aquí, tuve que decidir en menos de una semana porque mi papá debía viajar conmigo para realizar algunos trámites. Fue una decisión súper difícil, porque estaba acostumbrada a viajar sin mis papás, pero vivir lejos de ellos no lo había pensado, no me imaginaba vivir lejos de ellos, lo hablé, tomé la decisión, fue para crecer, para mejorar, decidí que sí, en un mes ya estaba en Puebla y la verdad no me arrepiento de haberlo hecho".

Y es que con el cambio de camiseta, el crecimiento fue muy notorio para Jessica, ya que el respaldo de parte de las autoridades distó mucho de lo que tenía en su estado, donde el tener un velódromo casi al alcance de la mano le significó el poder entrenar del diario en ese tipo de escenarios y no cada quince días como en Ciudad Juárez, aunado al hecho de que los dirigentes siempre han manifestado su preocupación por impulsar en los deportistas también el estudio.

"Me ha beneficiado mucho, no me arrepiento de lo que hice, como siempre he dicho, siempre voy a ser de Chihuahua, pero Puebla nos ha apoyado demasiado, en viajes, nos da dónde vivir, escuela, nos ha ayudado para mejorar nuestro rendimiento, yo en Juárez debía viajar cada quince días a Chihuahua para entrenar en velódromo, aquí tengo un velódromo cerca, en buenas condiciones, apoyo para entrenar en ruta, la verdad tengo todo, no me arrepiento de haberme venido a vivir a Puebla".

Durante su estancia ya en la Angelópolis, llegó también el llamado a defender el suéter tricolor, sueño que desde su infancia tomó forma y que una vez alcanzado le permitió contender en un evento de corte internacional, donde sabe debe ir paso a paso, teniendo metas en el corto y largo plazo.

"Me ayudó también para poder lograr mi sueño que era ser seleccionada nacional, era un sueño, que yo recuerde, tenía desde los ocho años, nunca se me olvidará lo que en su momento me dijeron, que el uniforme de México no se compra, se gana.

El año pasado pude lograr ese sueño estando aquí en Puebla, tal vez lo habría podido lograr también en Chihuahua, pero se me habría dificultado un poco más y con menos apoyo. Dentro de mis metas está clasificar a los Panamericanos, para pelear un lugar al Mundial Júnior, en el mes de octubre son los Juegos Centroamericanos, voy a trabajar y a prepararme para ver si puedo quedar en la selección, que ya sería en categoría elite, se podría decir que los grandes tienen mejores tiempos, pero estamos entrenando para poder pelear esos pases".

En ruta por el sueño olímpico

Como cualquier deportista de alto rendimiento, el sueño olímpico es algo que también cruza por su mente, consciente de que para Río 2016 sería muy apresurado pensar que cuenta con la capacidad para llegar, por lo que su meta está fija en el 2020, donde espera equipararse con las grandes que han logrado figurar en el rubro, caso concreto, Manuel Youshimatz, medallista de bronce en Los Ángeles 1984.

"Yo creo que es el sueño de todo deportista, yo quiero llegar a unos Juegos Olímpicos, no podría decir que al 2016 porque ya está muy cerca, pero sí a los siguientes, a los del 2020. Es como un gran ejemplo, tener a Manuel (Youshimatz) como director, nos da consejos, nos dice que hay algo muy importante que es la escuela, que se debe combinar el ciclismo y la escuela, como en todo es un poco más lento el proceso de la escuela, porque se viaja mucho, no se puede llevar la escuela como cualquier persona normal, pero es un apoyo que él nos lo diga. Él lo pudo lograr, nos dimos cuenta de que sí se puede llegar a lograr una medalla en Juegos Olímpicos, en mujeres hay dos grandes (Belem Guerrero y Nancy Contreras), pero no tenemos la facilidad de platicar con ellas, con Manuel sí, en la prueba que él ganó medalla es la prueba que yo también corro, qué mejor que un medallista olímpico te dé unos tips".

Por lo pronto, las metas de Jessica Bonilla, a la par del ciclismo, están en pronto concluir la preparatoria para así iniciar sus estudios en Nutrición, disciplina que a ella atrae y que sabe le permitirá seguir ligada al deporte que tanto ama, el que espera desempeñar por largo tiempo hasta que las piernas no puedan más, por lo que no se pone un límite, como hasta ahora que ha aprendido siempre a ganar.