ENTREVISTA | POR EDGAR GONZÁLEZ

Janet Stefanikova Entrenadora de patinaje en hielo de La Pista de Hielo La Noria

Originaria de República Checa, radica en la ciudad de Puebla desde 1997, la estratega rompió las barreras del idioma, la falta de apoyos y la discriminación para sobresalir internacionalmente con deportistas con capacidades diferentes

“Al fin de cuentas su sonrisa te dice absolutamente todo”

Puebla

La devoción desinteresada de un grupo entusiasta de personas encabezadas por Alicia Contreras, hicieron del programa de Olimpiadas Especiales uno de los más exitosos de los últimos años, que lamentablemente, como en muchos casos dentro del deporte discapacitado, son poco reconocidos.
Un ejemplo de entrega y pasión hacia los que denomina como “sus chicos”, es la entrenadora de patinaje sobre hielo, Janet Stefanikova, que ha hecho de la enseñanza su todo en la vida, misma que surge en la República Checa y que por azares del destino la trajo a Puebla, de donde asegura nunca se irá, precisamente por su compromiso con los niños y jóvenes de la asociación a la que pertenece.
Nacida el 7 de septiembre de 1975 en la ciudad de Karviná, Janet encontró desde temprana edad su vocación por el patinaje artístico, gracias a que su hermano practicaba el hockey, rutina que a ella impulsó a ponerse el atuendo y de inmediato convertirse en una de las mejores en las pistas de hielo.
“Mi hermano jugaba hockey, todos los días lo acompañábamos a sus entrenamientos, en Europa se manejan siempre dos pistas, una es para hockey, la otra para el patinaje artístico, llegó un momento en que me aburrí de estar en las gradas viendo el hockey, a mis cuatro años, vi a las niñas brincando, entrenando, aprendiendo cosas y ese fue el impulso que tomé desde los cuatro años a decir de aquí soy”.

Con experiencia olímpica

Con tan sólo unos años en la disciplina, los apoyos pronto comenzaron a llegar, lo que a ella favoreció en gran medida para despuntar y colocarse en los primeros sitios, al grado de ser seleccionada nacional y competir en los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer en Noruega en el ya lejano 1994.
“A los diez años, en el 85 fue cuando el gobierno decidió ayudarme como talento, apoyarme económicamente e impulsarme hacia los mundiales, a Juegos Olímpicos, a muchas competencias internacionales. En el 94 fueron los Juegos Olímpicos donde quedé en el lugar catorce de cuarenta y seis mujeres, yo creo que ahí estuvo bastante bien, en el Mundial y en el Campeonato Europeo también anduve en el onceavo lugar, en competencias nacionales fui doce veces campeona de la República Checoslovaca, en aquel tiempo, de ahí vinieron muchas competencias internacionales, donde igual obtuve muchas medallas”.
Pese a todos sus éxitos y logros, la prueba que marcó su vida como uno de sus mayores triunfos fue sin duda alguna la participación en las Olimpiadas Invernales, donde si bien no pudo colarse al selecto grupo de medallistas, la experiencia marcó lo que para ella sería su carrera como entrenadora.
“Yo creo que a veces no encuentras las palabras, lo que quisieras expresar, lo que se vive en esos momentos, al desfilar frente a la multitud de gente, estar presente cuando se prende el fuego olímpico, es algo emocionalmente muy fuerte, que no hay palabras, pero fue una experiencia muy bonita para mí, gracias a mis papás que también logré llegar hasta allá, porque igual el gobierno te patrocina una parte, pero la otra los papás hacen un gran sacrificio, fue algo hermoso, una experiencia inolvidable, que te da mucha satisfacción, hasta con lo que hice, fue muy bonito”.

De República Checa sin escalas a Puebla

Como en todo, el ciclo llegó a su fin, en parte por la edad que ella había alcanzado, pero por otra, y que a ella llenó también como mujer, fue el nacimiento de su hija Jessica, la que cambió por completo su mundo y que la hizo dejar como atleta el patinaje para dar el paso a convertirse en entrenadora, que sin saberlo cambió su destino, el cual le tendría preparada una gran sorpresa con la salida de su país a Puebla.
“En el 95 nace mi hija y ahí fue mi retiro, donde siempre dices, llegas a tu logro máximo y das preferencia a retirarte, en aquel tiempo ya tenía diecinueve años y competía con niñas de catorce, contra eso ya no puedes competir, la flexibilidad de las niñas ya es otra cosa, di preferencia a retirarme, dedicarle tiempo a mi hija, en el 97 tomé la decisión, cuando me invitan a venir a México, tomé la decisión de venir y aquí estoy”.
Si bien la solución no fue nada sencilla por todo lo que ello implicaba, no dudó en ningún momento en emprender la aventura, la que de inicio sería sólo por un año, pero sus resultados extendieron el plazo hasta convertirlo ya en dieciséis años ininterrumpidos con la que considera su segundo hogar: la pista de hielo de La Noria.
“Fue muy difícil para mí dejar a mi familia, a mi mamá, mi papá, fueron mis compañeros de toda la vida, pero creo que los hijos tenemos que volar, la invitación me llegó por un paisano mío que en aquel entonces jugaba aquí hockey, platicó con los dueños de la pista de La Noria, ellos tomaron la decisión de invitarme por un año, agarré a mi hija, tomé esta experiencia que fue maravillosa para mí, llegué por un año y ya llevo dieciséis”.
Aun cuando hoy en día maneja a la perfección el lenguaje, de entrada fue la primera barrera que debió sortear, donde el inglés, dominado por su largo recorrido en el patinaje cuando atleta, fue la primera llave para abrir la puerta del español que aprendería y que en la actualidad no le representa mayor problema.
“En Checoslovaquia fuimos un país comunista, para nosotros estudiar idiomas era casi prohibido, yo sabía el inglés porque viajaba en muchas competencias internacionales, llegando aquí el recibimiento fue muy bonito, la gente se presentó conmigo, nos ofreció un departamento para empezar, tratando todo en inglés, poco a poco fui aprendiendo español con mis alumnas, que se encargaron de enseñarme las primeras palabras, para corregirles del inglés al español y es como fui aprendiendo”.
La enseñanza a niñas en el arte del patinaje comenzó a entregar buenas cuentas a nivel local y nacional, satisfacciones que fueron fortalecidas por el trato de la empresa que la ha respaldado, cuestión fundamental en su decisión para mantenerse y establecer su vida fuera de su tierra.
“Se dio a raíz de que les gustó mi trabajo, a mí me gustó mucho su trato, es una empresa muy noble, que siempre me ha apoyado en cualquier situación, fue mucho apoyo de parte de ellos, comenzando por el idioma, pero se dieron muchos logros, en aquel tiempo tuvimos muchas alumnas con las que viajamos a campeonatos nacionales, donde siempre obtuvimos muchas medallas y yo creo que eso fue el por qué sigo laborando con ellos. Tuve muchas alumnas que fueron campeonas nacionales, la mayoría ahora son mamás, en cada categoría, por edades, por niveles, siempre hemos obtenido medallas y eso fue gracias a la base que obtuve con mi preparación”.

Olimpiadas Especiales, “su todo” en la vida

Pero su vida volvería a dar un vuelco, pues sin esperarlo, un buen día la Asociación de Olimpiadas Especiales que dirige su aún titular, Alicia Contreras, se acercó a ella con una propuesta, la de atender a niños especiales mediante el patinaje a manera de terapia, que sin saber se transformaría en “su todo”, ya que a pesar de no recibir una remuneración, la sonrisa de sus alumnos para Stefanikova es su mejor paga.
“En el 98 se me acerca la presidenta de la Asociación Poblana de Olimpiadas Especiales, que es Alicia Contreras, a la que agradezco infinitamente, se acercó conmigo, me puso a trabajar con ellos, lo tomamos como una prueba, porque en aquel tiempo fuimos la primera ciudad que en Olimpiadas Especiales tuvimos el patinaje artístico, más que nada lo tomamos como terapia para los chicos, después hablando con la oficina nacional me dijeron que estaría bien abrirlo a nivel nacional, se empezó a trabajar, a mandar convocatorias y hasta ahora somos siete pistas de hielo en el país que manejamos Olimpiadas Especiales en patinaje artístico, en patinaje de velocidad, sobre ruedas y hielo”.
Afortunadamente su preparación en las aulas con el título en psicología que ostenta, facilitó la labor con los niños y jóvenes que tuvo a su cargo, con los que en un abrir y cerrar de ojos replicó los éxitos obtenidos en el pasado, situación que incrementó su deseo por dedicarse en cuerpo y alma a ellos.
“Soy psicóloga, en ese aspecto no me costó trabajo, más que nada me costó un poco que me faltaba el español, el expresarme con los chicos, lo que yo quería decirles, mi psicología me ayudó mucho en el trato con ellos, la verdad siempre han sido unos chicos muy especiales, igual te enseñan cosas de la vida que a veces ni cuenta nos damos. Aunque es voluntario, no te importa las horas que les dedicas, porque al fin de cuentas su sonrisa te dice absolutamente todo”.
En esos primeros años, por medio de Moisés Visiconti llegó el metal de oro en Juegos Mundiales de Invierno de Olimpiadas Especiales, logro que debió saborear a distancia ya que la falta de recursos le impidió acudir como entrenadora, lo que tiempo después se vería recompensado al ser nombrada titular de la delegación mexicana.
“El primer chico que ganó el Mundial fue Moisés Visiconti, en el 99, en Connecticut, en aquel entonces yo no tuve la oportunidad de ir con él, fue con otro entrenador, pero a base de todo lo que yo le di a Moi, él lo instruyó ahí y lograron traer la medalla de oro. De ahí ya se empezó a formar más mi experiencia dentro de Olimpiadas Especiales y ya fui seleccionada para viajar con los chicos a Mundiales, en Idaho, donde Moisés Visiconti ganó primer lugar en categoría mayor, de ahí fue Josué Cruz en Grecia en patinaje de velocidad, recientemente en Corea, trajimos el oro con Andrea López en parejas sobre hielo”.

Falta de apoyos y discriminación

Por desgracia, ni siquiera los oros obtenidos han servido para despertar por completo el interés de las autoridades deportivas, pues la falta de apoyos e incentivos se han mantenido de manera constante sin importar la administración que se encuentre a cargo, situación que para Olimpiadas Especiales ha representado otro reto a vencer.
“Es muy triste, por ejemplo, ahora que viajamos a Corea, sólo le pedimos al gobierno, al Instituto Poblano del Deporte, el apoyo económico para trasladarnos a la Ciudad de México, al Comité Olímpico para la concentración, nos prometieron que sí, dos horas antes de salir nos dijeron que no, nos prometieron uniformes que también nos los negaron, sí son muchos obstáculos, pero hay algo muy cierto, los papás de los chicos especiales, son papás muy especiales, Dios sabe a quién mandárselos, porque estos papás hacen demasiados sacrificios para sus hijos, con el apoyo de Alicia Contreras, que también siempre busca patrocinadores para salir adelante, entre las dos partes se consiguió el logro de trasladarnos”.
Pero así como está la falta de apoyos, la discriminación es otro de los factores que a ella le ha tocado vivir en carne propia, que desde su perspectiva, deriva de una adecuada educación, de ejercer los derechos que como cualquier persona se deben tener, que lejos de desmotivarla, la fortalecen a seguir adelante con su misión.
“Es muy triste que de verdad los chicos con capacidades diferentes logren triunfos de ser campeones mundiales y no les pueden dar ni una beca, o un pants, ellos (las autoridades) apelan mucho a que nosotros no estamos afiliados a los organismos deportivos más importantes del país, eso no importa, a un chico especial, aunque le des algo simbólico ellos lo valoran, pero hasta esta fecha el gobierno no ha abierto los ojos”.
Por lo pronto, entre sus planes futuros se encuentra el escalar más peldaños y romper barreras para apoyar a todos los deportistas y personas con discapacidad, a los que reitera su vocación de auxilio, con la seguridad de que sin importar las barreras, ella pondrá todo lo que está de su parte para lograr su cometido, con el respaldo de su hija y pareja, a los que ha sabido envolver en su pasión y que sabe la mantendrá por muchos años más en Puebla.