ENTREVISTA | POR EDGAR GONZÁLEZ

Baruch Absalón Castellanos Árbitro profesional poblano

“Silbarle a un jugador famoso y polémico trae consecuencias, pues atentas contra egos. En definitiva he experimentado episodios de gran tensión con el delantero de Lobos UAP, Cuauhtémoc Blanco”

“El arbitraje, la otra cara de la pasión por el futbol”

Puebla

De niños muchos sueñan en convertirse en grandes estrellas y figuras del futbol al correr tras el balón, lo que para pocos llega a transformarse en una realidad por lo complicado que ello resulta, pero para otros es la puerta a una profesión ligada de manera permanente al balompié, como lo es el arbitraje.
Ese es el caso del poblano, Baruch Absalón Castellanos, un joven árbitro profesional de 28 años, que desde los 15 vio en los campos de tierra la oportunidad de abrirse brecha en el tentador mundo del soccer, favorecido por la herencia de su padre, don Baruch Absalón, quien se llegó a desempeñar como silbante en la Primera División Profesional.
"Realmente a mí me gustaba mucho jugar futbol, de hecho fue a los quince años cuando me nació lo que es el arbitraje, a mi papá lo acompañaba a los partidos, a verlo, pero yo iba a ver a los jugadores, no iba a ver tanto a los árbitros. En un partido que fui con mi papá a Celaya, conocí a Antonio Marrufo, él me regaló un silbato y unas tarjetas de ese juego, diciéndome que cuando yo iniciara mi carrera ahí estaba el detalle para poder iniciar. De ahí empezó el gusto por el arbitraje, empecé en el sector amateur, arbitrando, de asistente, empezó a nacer ese deseo de estar en las canchas, gracias a Dios, a eso, aquí estamos".
Sin embargo el inicio no fue nada sencillo, pues si bien conocía de pies a cabeza las reglas por la exigencia de su propio progenitor, su juventud le jugaba en contra, ya que al ejercer de juez en ligas con jugadores curtidos, de edad, incluso algunos ex profesionales, el respeto fue algo que a él costó ganarse y ejercer, pero que a la postre ha sido una gran herramienta para su desempeño en la actualidad.
"Fue complicado, yo inicie muy joven, los jugadores te ven muy chico y piensan que te pueden hacer como quieran, tienes que tratar de hacer algo diferente, incluso hacerla de actor, con cara de enojado para tener ese respeto, fue muy complicado por la edad, incluso actualmente todavía me dicen que se me ve la cara de niño a pesar de mi edad, fue algo complicado, de mucha práctica, de tener muchos juegos, de mucha experiencia, de cosas buenas y malas que te pasan para poder tener ese respeto con los jugadores".

Su padre, guía e inspiración

Si bien su primera oportunidad de manera oficial se dio hace poco más de trece años ya, Baruch la recuerda con claridad, como si el pasaje fuera una fresca memoria de un suceso de hace unos días, lo que a él le hace mantener los pies en firme, al saber que en su camino falta mucho por recorrer.
"Mi primer partido fue en Covadonga, fue un partido Hojalatería contra Constancia, donde las canchas eran totalmente de tierra, equipos muy complicados, una anécdota que ahí me pasó, fue que un jugador me quiso agredir por primera vez, se puso loco, si me espanté, porque a esa edad nunca esperas que te pueda pasar algo así, pero eso lo superas, gracias a mi papá, esa agresión que no fue muy fuerte, él me recomendó seguir arbitrando para que se me quitara el miedo y gracias a eso fue que seguí, porque si no, no hubiera seguido en esto".
Y es que fue precisamente la guía y el apoyo de su señor padre lo que a Absalón Castellanos ha permitido crecer a pasos agigantados, donde luego de apenas un año en los llanos, decidió que esa sería su vida y dio el salto al profesionalismo en el Colegio de Árbitros del Estado de Puebla, donde el sueño comenzó a cobrar una forma más definida.
"El hecho de estar en casa con mi papá, que fue árbitro, siempre la plática era futbol, reglas de juego, jugadas que le hubieran pasado, no fue tan complicado para aprender. Mi proceso fue muy rápido, yo nada más estuve un año en el amateur, de ahí gracias al profesor Raymundo Sánchez Villadoble, en el 2002, me invitó a una convención de árbitros en Acapulco, yo iba como oyente, pero de ahí se dio la invitación de pertenecer al grupo, de integrarme a la delegación de Puebla".
Si bien el mundo del silbato y las tarjetas comenzaba a ser una prioridad, los estudios también fueron una alta demanda en casa, donde aun cuando no todos comulgaban con la decisión de Baruch, siempre se le respetó, lo que a él también impulsó a no dejar las aulas y a decidirse en primera instancia por el diseño gráfico, lo que al final sólo sirvió para despertar en él el interés de cambiar de escuela a la de cultura física.
"Contento mi papá, porque él estaba más apegado al futbol, mi demás familia no estaba muy contenta porque me cuestionaba mi decisión, decían que si gustaba que me gritaran y me ofendieran, pero no, es una adicción al deporte, porque siempre he hecho deporte toda mi vida, fue complicado complementarlo con el estudio, gracias a Dios, la educación de mis padres siempre fue el estudio y después lo que yo quisiera, lo pude hacer y hasta ahora no hemos tenido ningún problema. Yo antes de estudiar cultura física, estudié diseño gráfico, no fue tan complicado en mi carrera, se combinó muy bien, con los maestros que tuve me apoyaron mucho, mi carrera es de deporte, sabían que era árbitro y me apoyaban, siempre cumplí con lo que era la escuela".

Ascender como los equipos

Tras varios meses de acudir al Colegio de Árbitros en el estado, finalmente un día se dio la oportunidad para pitar un juego de manera profesional en el Tercera División, donde la experiencia incrementó su deseo de seguir por el mismo camino, a pesar de que la figura del nazareno siempre es polémica y la más odiada.
"Mi debut en el profesional fue aquí en el estadio Cuauhtémoc, cuando antes eran las Reservas, un Puebla-Santos de asistente, ahí fue mi primer partido como profesional. Pero mi debut como árbitro central fue en Tercera División, en Tlaxcala, un partido Tecamachalco contra Tlaxcala, ahí fue donde empezamos la carrera del arbitraje. Cuando algo te gusta y te dicen que vas a debutar o cualquier juego, todos los juegos son importantes, es una alegría inmensa, no sabría describirla, esperas la oportunidad, trabajas para eso toda la semana, en cada juego das todo de ti para poder salir, cuando te llega la designación, lo único que quieres es estar ahí para demostrar por qué te la dieron".
Una vez logrado su primer objetivo, el siguiente paso era buscar el camino a divisiones mayores, lo que a él demandaba un sacrificio, no sólo el que implica la ausencia los fines de semana y el trabajo arduo de cada día, sino emigrar de Puebla, salir con rumbo al Distrito Federal, donde más puertas se abrieron.
"Yo iba cada ocho días a las reuniones de árbitros de Primera División, iba a las charlas, a entrenar con ellos, era muy diferente, ya el cambio a México se dio por parte de la Federación, de la Comisión, donde si quería seguir en esto, si quería trascender, me tenía que ir a la Ciudad de México a vivir. Yo decidí por la cercanía México, quería seguir estudiando, seguir en mi sueño, intentarlo y ver si se podía. Por ser joven, la etapa de convivir, de salir con tus amigos, fiestas y estar con la familia, fue muy complicado, me perdí de muchas fiestas con la familia, de muchas salidas, de reuniones, fue muy complicado, a veces me pegaba en lo anímico, pero sabía lo que quería y sabía que se tenía que sacrificar algo, mi familia y mis amigos siempre lo entendieron".

Experiencias que fortalecen

Ya como árbitro, ha vivido de todo, desde momentos de gran satisfacción, hasta aquellos en los que la tecnología, como a muchos en su gremio, los ha puesto en total evidencia, siendo algo muy complicado, el silbarle a uno de los hombres más polémicos como jugador y con quien en definitiva ha experimentado episodios de gran tensión, es con el delantero de Lobos UAP, Cuauhtémoc Blanco.
"Hay mucha diferencia, en el amateur me tocó arbitrar algunas ligas donde había jugadores ex profesionales, era diferente, pero lo que es Tercera, Segunda, dar el salto a lo que era la Primera "A", sí fue abismal, ya hay jugadores más mañosos, con experiencia, yo todavía joven, debuté a los veintiún años, fue complicado porque uno tiene su estilo de arbitrar y ahí ya no se dirige igual, hay que mostrar el carácter, personalidad, para tener credibilidad con los jugadores, cuesta trabajo, pero eso se logra con la práctica. Con alguien que sí he tenido mucho roce, a lo mejor no congeniamos bien, ha sido con Cuauhtémoc Blanco, cuando yo le arbitré por primera vez, cuando él estaba en Veracruz, se le ve como un ídolo, pero ya en la cancha es realmente diferente, ya cambia la cosa, con él fue mucho roce, mucho conflicto, te quiere hacer menos, se siente la figura, con él hasta la fecha no nos podemos ver, en ese momento yo no decía nada, vas agarrando experiencia, ya sabes y ya no te dejas tan fácilmente, ya te defiendes, a veces a los jugadores no les agrada mucho ese tipo de cosas, pero sí con él es con el que he tenido un poquito más de roce, nos vemos y como que no congeniamos".

Su afición por Puebla

Su afición por los colores del Puebla de La Franja, nunca le han hecho perder la objetividad, ya que si bien sufre y padece como cualquier aficionado torneo a torneo lo que a los Camoteros les toca encarar, sabe que esa pasión de ninguna manera cabe en su profesión, en la que incluso le ha tocado ya estar como juez y ha sorteado con éxito la prueba.
"Yo soy poblano de corazón, siempre he apoyado al Puebla, antes era como una pasión por el futbol, ya estando de este lado del arbitraje, ya es un gusto nada más, sí los veo, pero no te pega el hecho de arbitrarle, es bonito, un equipo que te gusta, que te gusta como juega, le arbitras tú, es muy diferente, es un orgullo cuando yo los veía antes en la tribuna, ahora estar con ellos es un gusto muy padre".
La naturaleza de su profesión demanda también trabajo psicológico para superar el renglón de insultos que en la cancha y desde la tribuna están de manera constante en la figura del árbitro, lo que para él no ha sido factor, ni algo que le haya hecho pensar en hacer una pausa, pues su formación y creencias, han impuesto condiciones por sobre todas esas vivencias.
"Al inicio conoces y ves el ambiente de la gente, los estadios, hasta los mismos jugadores, sí es complicado, porque no estás acostumbrado a ese tipo de vivencias, de insultos, pero cuando lo vas experimentando y vas viviendo es una adrenalina muy padre, la verdad, no cualquiera la tiene, no es lo mismo ir al estadio, ir a ver un partido a estar dentro de la cancha y tú ser la autoridad. Lo trabajas también, porque tenemos el área psicológica, donde también trabajamos ese tipo de cosas, que son muy importantes porque hay mucha presión, pero mientras lo hagas porque te gusta, no debe haber mayores problemas".
Por lo pronto, ya como árbitro en Liga de Ascenso, un paso antes a la Primera División, sus sueños siguen cobrando forma, donde en lo profesional buscará en un lapso de un año estar en la máxima categoría, pero en lo personal, también quiere desarrollarse, formar una familia y establecer, en un futuro, una escuela de futbol, algo que él permita mantenerse apegado a su pasión por el balón.