REPORTAJE | POR EDGAR GONZÁLEZ

“Vivir de lo que amas es una gran satisfacción”

Javier Ceniceros llegó como jugador en 1986 y desde 1995 es entrenador de las Águilas UPAEP

Entre sus éxitos hay 14 campeonatos nacionales, 13 subcampeonatos, 9 medallas de bronce y títulos en estatales y regionales del Condde; además ha recibido 16 convocatorias a Selección Nacional, seis como entrenador

Puebla

La obtención del Premio Nacional del Deporte 2013 como miembro del cuerpo técnico de la Selección Nacional Mexicana de Baloncesto que conquistó el título del Pre Mundial de su categoría, es para el entrenador de las Águilas de la UPAEP, Javier Ceniceros González, una muestra de que todo esfuerzo tiene su justa recompensa.
Galardón que se suma a los muchos que a nivel profesional y personal ha cosechado a lo largo de su fructífera carrera, que inició hace más de 35 años en su ciudad natal Camargo, Chihuahua, entidad que lo vio nacer en el año de 1966, donde su contacto con el deporte ráfaga fue prácticamente inmediato, pese a que otra de sus pasiones, el beisbol, fue una opción.
“Yo seguí la escuela de un hermano mayor que yo, seis años, él era un gran basquetbolista, jugaba muy bien, logró premios importantes y seguí su escuela, tenía alrededor de trece años cuando verdaderamente me empezó a llamar más la atención el basquetbol, porque yo estaba muy enfocado al beisbol, cuando tenía siete años, me gustaba muchísimo el beisbol, hasta la fecha soy un gran admirador de los Medias Rojas de Boston, siempre sigo la Serie Mundial cada año, jugué béisbol hasta los quince años a buen nivel, todavía estando en la preparatoria a los dieciocho, tuve algunos partidos muy bien como pitcher, pero tenía que decidirme verdaderamente sobre qué deporte quería, también practiqué el futbol soccer a buen nivel, era talentoso en los deportes y sobresalía en mi natal Camargo, pero tenía que decidirme y me jaló más el basquetbol”.
Una vez tomada la difícil decisión, Javier comenzó a trabajar su cuerpo y su técnica hasta convertirse en un referente en la selección de su estado, lo que a él abrió la puerta con la que hoy en su casa, la UPAEP, que en una gira del representativo emplumado varonil por tierras chihuahuenses, descubrió el talento del “Greñas” Ceniceros, que fue invitado a emprender el vuelo a Puebla, pero en un inicio no se dio.
“En 1983 muchos de los que integraban el equipo de UPAEP eran de la ciudad de Delicias Chihuahua, con su entrenador Pepe Acosta, fueron y jugamos tres partidos contra ellos, nosotros siendo juveniles les ganamos dos, ellos nos ganaron uno, ahí fue la primera vez que tuve contacto con la UPAEP, fuimos invitados la mayoría del cuadro fuerte de esa selección, de la que yo era el capitán, me invitaban a que viniera a estudiar la preparatoria a Puebla, a la UPAEP, pero en ese tiempo mi sueño no era ese, yo quería terminar la preparatoria, ir a la Universidad Autónoma de Chihuahua donde tenían una gran tradición del basquetbol, donde habían salido muchos jugadores de gran nivel, y cuando salí de la preparatoria en 1985 me fui precisamente a Chihuahua a jugar un año, estudié en la escuela de Educación Física”.

El vuelo rumbo al nido

Sin embargo, el destino estaba ya trazado y era cuestión de tiempo para que su llegada a Puebla se concretara, lo que finalmente se dio en el ya lejano 1986, gracias a la insistencia que las Águilas mostraron por el entonces habilidoso movedor, que sin saberlo, se convertiría en uno de los hombres de mayor éxito en la organización.
“Al siguiente año (1986), fue que me seguían insistiéndome aquí en UPAEP para que viniera a formar parte del equipo universitario, después de ese primer año de Educación Física, que no fue lo que yo pensaba, tomé la decisión de venir a probar, yo decía, un par de años aquí en UPAEP, iniciar una carrera y más adelante regresar para Chihuahua, lo que no cumplí, porque esos dos años, eso que pensaba ya son veintisiete años ahora que estamos aquí, llegué en 1986, un 29 de julio, pasando lo que fue el Mundial de Futbol”.
Su arribo a la Angelópolis no fue nada sencillo para él, pues debió adaptarse a un estilo y forma de vida distinto al que estaba habituado, situación que pronto dominó gracias a su carácter férreo que fue también lo que de inmediato lo caracterizó en su desempeño sobre la duela donde llamó la atención.
“Es muy difícil, más cuando tu vienes de una ciudad muy pequeña, donde casi toda la gente se conoce, viajar tantos kilómetros en camión, dejar a tus seres queridos, a toda la gente que está a tu alrededor, siempre es muy complicado, pero hay que sacrificar algo para poder lograr los objetivos, algo importante. El haber estudiado la carrera de Contaduría Pública, sentía que era una carrera que la podía llevar a la par junto con el deporte, porque el deporte me exigía bastante, estar entrenando. En ese tiempo mi coach, Samuel Campis, era muy exigente con nosotros, entrenábamos dos veces al día, yo estaba muy inconforme con eso, siempre lo estuve, porque entrenábamos de una a tres y de ocho a diez de la noche, llegábamos muertos en la noche, a hacer tareas, a estudiar para la siguiente, pero gracias a Dios, él nos forjó esa disciplina de poder entrenar y cumplir en la escuela, sacamos adelante la carrera, logramos algunos campeonatos importantes como el del 87 de Conadeip, el del 89 en León, ganándole a la UDLA, el de 1992, cuando estábamos en el último año, que teníamos un gran equipo y mucha experiencia ganamos en casa con mucha contundencia al CEU (Centro de Estudios Universitarios), fui nombrado Jugador Más Valioso, parte del cuadro ideal, nos coronamos, nos fuimos muy contentos, salimos con la cara en alto”.

Una difícil decisión

Tras apagarse el reflector como jugador, en espera de su graduación como Contador Público, vino para él otra importante decisión, continuar en el baloncesto o iniciar carrera en los números, siendo la elección deportiva la que definió su camino en busca de jugar a nivel profesional, que no se cuajó, pero fue el detonante para dar sus primeros pasos en el rubro de entrenador.
“Fue complicado porque cuando salimos yo tenía un gran sueño de poder jugar profesional, me preparé muy bien para irme a jugar, Dios quiso que no continuara jugando profesional, no sé por qué, yo creo que tenía el talento para haber jugado muchos años, pero también me lastimé mucho, tengo cuatro operaciones en mi rodilla derecha, para 1990 ya no tenía ninguno de los dos meniscos, estaba muy lastimado, creo que algo de eso también fue importante para no seguir jugando, además de correr con mala suerte, porque llegué a equipos donde los guardias punteros, la posición que yo jugaba, eran muy buenos, hay una larga historia por qué no pude jugar en Monterrey, en Pioneros, en Delicias, pero Dios sabe por qué hace las cosas. En enero me habla el Arquitecto Emmanuel Herrera que era el de deportes de aquí de UPAEP, me ofreció ser entrenador de los equipos juveniles, que fuera auxiliar del equipo mayor con Bernardo Córdova, que viniera a jugar mi año de tesis, me llamó la atención, regresé, sólo me fui tres meses de aquí y regresé a jugar, sobre todo a trabajar”.
Al cabo de un par de temporadas, aun cuando no existía la plena confianza de soltarle las riendas de manera definitiva, él aprovechó la oportunidad, demostrando de inmediato sus cualidades, que pronto lo llevaron a conseguir sus primeros laureles, los que ha sabido recoger al cabo de dieciocho fructíferos años.
“En 1995, ya tenía cerca de dos años siendo asistente, ese año cesan a Bernardo Córdova, yo estaba joven, tenía veintinueve, treinta años, y no querían darme esa responsabilidad, trajeron a otro entrenador, Carlos Amizade, a mi me siguieron poniendo de asistente de él porque decían que no tenía la experiencia, pero en ese mismo año, después de dos meses y medio le dan las gracias y no hay otra alternativa más que dejarme, en mi debut le gané al Tec de Monterrey por diecisiete puntos, es como empieza mi andar en este trayecto que tengo de dieciocho años aquí en la UPAEP”.
En su exitoso palmarés, se enumeran un total de catorce campeonatos nacionales del Condde, Conadeip, Corona Universitaria, Telcel, Liga Nacional de Clubes, Alianza Nacional de Básquetbol, además de trece subcampeonatos, nueve medallas de bronce y títulos en estatales y regionales del Condde; por si fuera poco, ha recibido diecisiete convocatorias a Selección Nacional, seis como entrenador y el resto como auxiliar.

Sus otros logros

Pero el baloncesto y la UPAEP, también dieron a Ceniceros la oportunidad de formar una familia que es hoy en día su motor principal cada que sale de casa para luchar por un nuevo objetivo, historia que nace en sus años como estudiante, en el que encontró a una compañera que compartía junto con él su pasión por el balón.
“Mi familia, tengo tres hijos, una esposa que la conocí aquí en la UPAEP, es egresada de la universidad, Araceli Guerra Sosa, procreamos tres hijos, mi hija Mariana, Javier Alonso, mi hijo de trece años, y mi hija la chiquita, Alejandra Isabela, que tiene cinco años”.
Otro de sus más grandes triunfos, aunque no el más reconocido, es haber descubierto al jugador mexicano de la NBA, Gustavo Ayón, a quien Javier vio jugar en su natal Nayarit, de donde lo trajo para enrolarlo en las filas de las Águilas, lo que fue el trampolín que desembocó en su arribo a la élite internacional del deporte ráfaga.
“Son muchas satisfacciones muy buenas, también tenemos malas, pero hay que acordarse de las buenas, el estar orgulloso de tener a un jugador en la NBA, que fui parte fundamental de su formación, de su llegada aquí, de inculcarlo al baloncesto y tenerlo en la liga más importante del mundo, no cualquiera te puede decir eso y siempre son esas satisfacciones que te da el deporte, sobre todo de que uno gire y ame el basquetbol, aparte le paguen por eso, eso es una gran satisfacción, el vivir de lo que quieres y amas, eso es una gran satisfacción”, finalizó.

EL GREÑAS

El apodo de "El Greñas" es sinónimo de Javier Ceniceros para quienes de años lo conocen y se han topado con él en algún momento como profesional, mote que surge de su apariencia cuando jugador, en el que el cabello largo, combinado con su bigote, le valió ganarse el reconocimiento y forjar una imagen imborrable dentro del baloncesto universitario.
"Eso fue desde mi natal Camargo, porque mi hermano el mayor vivía en la época de los hippies, como que se reflejaba en mí, siempre le gustaba traerme de pelo largo, con el tiempo a mí me gustó traer el pelo largo, siempre peleándome con mi papá porque él era muy estricto, porque él era de cortarme el pelo de 'oscurito', con un copetito en frente, todo lo contrario a lo que fui después, a veces también cierta rebeldía, la de todos los jóvenes, esa era parte de mi rebeldía por usar el pelo largo, tuve algunos problemas cuando llegue aquí a UPAEP por usar el pelo tan largo, pero el mero jefe, el licenciado Mario Iglesias me apoyaba a mí, decía que era como Sansón, que no me quitaran la fuerza, es como llegué yo a usar el pelo largo, algún compañero se le ocurrió llamarme 'Greñas' y hasta la fecha mucha gente, sobre todo allá en Camargo me conocen así".