Si no das todo, “siempre serás un periodista a medias”.
México • El Santo Oficio, título de la columna que José Luis Martínez S., director del suplemento Laberinto de MILENIO, publica semanalmente en MILENIO Dominical es, también, el nombre del libro que reúne una selección de estos textos, aparecidos en distintos periódicos y revistas desde 1986, y que mañana será presentado en el auditorio Bernardo Quintana del Palacio de Minería, en el marco de la Feria Internacional del Libro, a las 12:00 horas.
En el volumen, el autor de La vieja guardia. Protagonistas del periodismo mexicano reseña y recupera algunos de los temas que más lo apasionan: el periodismo —que él llama su “santo oficio”—, la literatura y la cultura popular. Incluye textos sobre Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Frank Sinatra, Tennesse Williams, Carlos Monsiváis, Juan Gelman, Agustín Lara, Marcel Marceau, Ignacio Ramonet, Gregorio Selser y Renato Leduc, entre muchos otros.
El título juega con el sentido del santo oficio, que lo mismo recuerda aquella siniestra institución de la época colonial, que se extiende y rinde homenaje a la labor periodística, dice Martínez S. en entrevista.
José Luis se considera, antes que nada, reportero. Esto se muestra en la forma como selecciona los temas que aborda en cada columna: “Suelo leer diarios, libros, platicar con gente, me informo de los acontecimientos y finalmente escojo el tema que quiero escribir”.
Para el autor, el periodismo es un santo oficio que requiere entrega, pasión, sacrificio: “Cuando amas esta profesión renuncias a muchas cosas. Hay quienes, incluso, han renunciado a la estabilidad familiar o a la vida en pareja, porque, sobre todo para los reporteros, el periodismo es un oficio que reclama entrega absoluta. Por ejemplo: si tienes una cita para ir al cine programada varias semanas antes, y detienen a Elba Esther Gordillo, tu deber es quedarte en el periódico. Si no estás dispuesto a darlo todo, siempre serás un periodista a medias”.
Editado en la colección Periodismo Cultural, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el libro es la antología de una columna que surgió a raíz de que un grupo de reporteros de distintas fuentes se reunían a tomar café; a uno de ellos, Arturo Hernández, se le ocurrió hacer una colaboración colectiva en Ovaciones: “Cada semana nos juntábamos y nos pasábamos informaciones exclusivas”.
Posteriormente, la columna fue publicada en la revista Diva, donde José Luis era jefe de redacción. Pocos meses después los compañeros que colaboraban en el proyecto desertaron y dejaron de aportar información, recuerda el también coautor de País de muertos.
En 1986 Martínez S. retomó el proyecto y le dio una personalidad propia: creó una nueva propuesta y un personaje llamado El Cartujo —un monje que, debiendo ser reservado y silencioso, es todo lo contrario: siempre anda en sitios poco recomendables y busca las compañías menos edificantes.
Martínez S. dice que tiene muy poco del Cartujo, y si bien le gustan la soledad y el silencio, disfruta las noches, el erotismo y todas aquellas experiencias que depara la vida cuando se vive sin miedo y sin más límites que la lealtad y la honestidad.
