La muestra expone más de 560 objetos del archiduque austriaco.
Viena • Si su fusilamiento, tras apenas tres años como emperador, ha elevado a Maximiliano de México a figura casi de leyenda, una exposición sobre su vida lo presenta ahora como un hombre ilustrado, viajero y cuyo anhelo de poder le llevó a embarcarse en su fracasada aventura mexicana.
Hasta el próximo día 18 de mayo, el Museo del Mueble de Viena presenta esa visión de Maximiliano de Habsburgo-Lorena (1832-1867) en la muestra El sueño de gobernar.
Con más de 560 objetos, la exposición es un recorrido que inicia en la infancia de un niño imaginativo y con un don para el dibujo.
“Ya de pequeño construía casas con sillas, mientras su hermano, el futuro emperador, jugaba con soldados de plomo”, recordó hoy Marlene Ott-Wodni, una de las curadoras de la muestra, para explicar el carácter de Maximiliano.
El archiduque se sintió siempre bajo la sombra de su poderoso hermano, que apenas le dio espacio bajo su reinado para poner en marcha sus ideas y talento.
Esa frustración y el deseo de reconocimiento fueron determinantes para aceptar la oferta de los monárquicos mexicanos de instaurar a un rey, un proyecto impulsado por Napoleón III para contrarrestar la influencia de Estados Unidos.
La exposición muestra recuerdos de su aventura, desde la corona imperial mexicana hasta el chaleco que vestía cuando fue fusilado.
“Era muy liberal y quería introducir una monarquía constitucional. Se vio metido entre dos aguas. Era demasiado conservador para los liberales y demasiado liberal para los conservadores”, explicó Ilsebill Barta, curadora de la exposición.
El ataúd en el que sus restos mortales fueron trasladados al viejo continente, la carta manuscrita en la que se despedía de su madre y una máscara funeraria se cuentan también entre las piezas dedicadas al capítulo de su fallida aventura mexicana.
