México • Haley Morris Cafiero intenta capturar su soledad en una fotografía mientras está sentada entre una bulliciosa muchedumbre en las escaleras de Times Square.
Cuando observa la imagen obtenida, se da cuenta de que un chico detrás de ella finge ser fotografiado por su bella y rubia acompañante mientras él se mofa de Haley. La burla obedece a algo de lo que durante mucho tiempo ha vivido, tiene sobrepeso.
Muchos de los que somos gorditos (yo, en lo personal, no soy gordo, solamente soy bajo de pecho) hemos vivido algún tipo de inconveniente con nuestro peso: no nos queda el atuendo elegido para la fiesta, nos incomoda usar traje de baño por terror a nuestras lonjas, nos exponemos a las risas y miradas burlonas de nuestros compañeros de escuela o trabajo, o aplicamos ataques tan furiosos como efímeros de rigurosas dietas y sesiones de ejercicio, además de los evidentes problemas de salud que la obesidad conlleva. Si no me cree, pregúntele a algún pariente o amigo suyo (o si es más valiente, pregúnteselo usted mismo) pues con los más de 42 millones de compatriotas rechonchos que tenemos, seguramente usted conoce a más de uno.
Es más, le apuesto 200 calorías de su siguiente comida a que cualquier persona rechoncha al ver una imagen como la descrita decidiría, sin lugar a dudas, bajarle a las conchas, atole de arroz y tamales (o en este caso a los refrescos, hamburguesas y donas) pero no, ella optó por una solución-denuncia más artística: hacer una serie fotográfica llamada Wait Watchers.
La idea de esta serie es muy simple: hacerse diversos autorretratos en lugares públicos muy concurridos pretendiendo actuar normalmente y capturar las reacciones de la gente al verla. Nunca falta alguien que la mira con cara de repulsión, gestos burlones, muecas compasivas o simplemente expresiones de sorpresa al ver la tosca humanidad de la artista. Sorprendentemente, lo que resalta en las fotos es que quienes más gestos despectivos hacen son sus compañeras de género, las mujeres. Por ejemplo, en las imágenes Stripes y Championship se observan chicas sensiblemente más delgadas, atractivas y jóvenes que Haley, las que incluso prefieren taparse la cara para ocultar la risa.
El objetivo de Wait Watchers no es solo denunciar el bullying, sino modificar el centro de atención. Es decir, cuando ella solamente es el blanco de las miradas fisgonas y no las captura en una fotografía, no pasa de eso, de ser burlonamente observada; pero cuando las plasma en una imagen, todos los que la vemos observamos al agresor, a quienes se burlan de ella, a quienes con esa fugaz mirada la juzgan por su apariencia y entonces, inevitablemente, son juzgados por su actitud; es decir, el cazador se convierte en presa y así ella sale exonerada de las inquisidoras miradas.
Lograr esto no debió ser sencillo. Haley tuvo la fuerza para enfrentarse a las burlas no únicamente en el momento del hecho en sí, sino también por revivirlas en cada ocasión que las mira de nuevo (“Recordar es volver a vivir” nos inculcó Kodak) pues le restregarán en su regordeta cara los problemas de sobrepeso que siempre la han aquejado y que han contribuido a la soledad que impera en ella, esa que quiso retratar en las foto que dio origen a todo esto.
En este mundo moderno, donde estamos invadidos por redes sociales, trabajos sedentarios, violencia, juegos de video y muchos factores más, el bullying y la obesidad son el pan nuestro de cada día y crecen a la par. Nuestro país, donde contamos con el orgulloso primer lugar mundial de obesidad infantil y varias ciudades dentro de las más violentas del mundo donde, por cierto, Acapulco está en segundo lugar (aunque Luis Walton llore), es una veta de oro para fotógrafas críticas como Morris Cafiero, que estoy seguro que si colocara una cámara afuera de cualquier estación del Metro, Metrobús, paradero de peseros, tianguis, escuela u oficinas (ambas preferentemente de gobierno), necesitaría una memoria de un terabyte para poder guardar todas las imágenes de los bullyadores practicando su deporte favorito con los obesos.
Haley, la mujer, ha sufrido más de lo deseable para cualquier persona a causa de su tamaño, tanto, que ha provocado que Haley, la fotógrafa, salga en su rescate para evidenciar y ridiculizar a quienes humillan a esa mujer tosca y rolliza por ser como es. Y si los héroes de antes usaban los calzones encima de los pantalones además de la reglamentaria capa para acabar con los malos, quizá los de ahora no tengan que enfundarse en uniformes paramilitares y armarse hasta los dientes para entrar a las escuelas a repartir balazos a sus compañeros o disparar dentro de los cines, puede ser que solamente tengan que valerse de su cámara y atacar así a esa horda de maleantes que se dedican a torturarlos hasta extremos insospechados pero que, si logran superarlo, probablemente sean capaces de crear algo semejante a esta serie fotográfica que transformó ese cuerpo decadente en Haley, La Inmortal.
Si quieren conocer el trabajo de Haley Morris Cafiero, esta es su página.
http://haleymorriscafiero.com/
@pioloelhermoso
