Kevin Powers, "Los pájaros amarillos ", Sexto Piso, México, 2013, 192 pp.
México • Una mentira piadosa llevará al soldado Bartle a la cárcel. En su paso por la guerra de Irak, se “responsabilizará” de su compañero menor, el soldado Murphy, sin despojarse del todo de la sombra vigilante del sargento Sterling. Los tres, veintiún, dieciocho y veinticuatro años, respectivamente, vivirán en el periodo las peores atrocidades de una guerra absurda, al grado de que dos de ellos no regresarán a casa, confirmando que “caer es el destino de cualquier objeto”. “Decir lo que pasó”, leemos en un pasaje de Los pájaros amarillos, la novela que cuenta la historia de estos muchachos norteamericanos de nuestros tiempos, “no habría sido suficiente. Pasó todo. Todo cayó”.
En apenas un corto tiempo, Kevin Powers (Virginia, 1980) y quien estuvo en el frente año y medio, supo trasladar a la ficción los horrores de un conflicto absurdo; más difícil de concluir que de iniciar. Esa guerra que llevó a la deshumanización de miles de personas y, específicamente, a un ejército conformado mayoritariamente por quienes deberían haber estado transitando los caminos de la esperanza y no disminuidos a conformar el gran ejército de las barras y las estrellas; rápidamente convertido en “un sitio donde desaparecer”.
La guerra, nos cuenta Powers a ritmo de metralla y granadas, es “el gran creador de solipsistas”. ¿Cómo sortear la muerte en la cotidianidad del combate? “Morir sería una forma”, reflexiona y responde el soldado Bartle, a quien además se le ha asignado el peso de la narración de Los pájaros…, “…porque si tú mueres, es más probable que yo no muera. Tú no eres nada. Ese es el secreto: un uniforme en un mar de uniformes, un número en un mar de polvo”.
De regreso a casa, el solitario soldado Bartle recuerda: “chicos destrozados por morteros, cohetes, balas y bombas, hasta el punto de que, cuando intentábamos llevarlos a evacuación médica, la piel se les soltaba o las extremidades amenazaban con caerse. Entonces, yo pensaba que eran jóvenes y que en casa los esperaba una chica o un sueño que, en su opinión, haría de sus vidas algo importante. Por supuesto, me equivocaba. Cuando estás muerto, no sueñas. Yo sueño. El sueño de los vivos, aunque no daré gracias por ello”.
El sol se pone “como un coágulo de sangre” lejos de casa. El soldado Bartle comete su pecado: la mentira piadosa que lo señalará culpable y llevará a purgar una nueva condena (“lo que se dice nunca es exactamente lo que se piensa, y lo que se oye nunca es exactamente lo que se ha dicho. No es que sea un gran consuelo —dice luchando contra todos los que le quieren dar una palmadita en la espalda—, pero todo tiene algún fallo y, no obstante, nos las arreglamos”).
(Los pájaros amarillos, traducida por Jesús Gómez Gutiérrez para Sexto Piso, fue finalista del National Book Award y obtuvo el First Book Award. Amazon la seleccionó como el segundo mejor libro de narrativa en 2012).
