El bosque de Chapultepec es el escenario natural de la obra.
México • Es la primera ocasión que Denise ve en vivo El Lago de los Cisnes. Está emocionada. Aunque el frío que hace en el bosque de Chapultepec la obliga a refugiarse bajo los brazos de su madre, ya quiere que inicie la función de estreno que el viernes pasado presentó la Compañía Nacional de Danza (CND).
Denise acaba de cumplir seis años. Estudia baile en la Academia de Danza Isabel Sotelo. Pretendía ver la obra con su Tutú, pero el frío la obligó a dejarlo en el coche de sus papás.
Se queja del fuerte viento. Pide algo de comer; aunque está prohibida la entrada de alimentos, Flavio, su padre, logra pasar un pan dulce que compró poco antes de iniciar la función.
Sentada en una de las butacas que se han colocado para que el público pueda ver mejor, escucha cómo la madre, Maricarmen, le explica por dónde saldrán los bailarines, los cisnes, los patos y los lugares donde se desarrollara la puesta en escena.
Una vez que comienza la función, Denise se levanta de su asiento, y atenta observa la aparición del príncipe Sigfrido, quien, por alcanzar la mayoría de edad, tiene que buscar pareja para casarse.
Denise pregunta si los caballos que aparecen son de verdad, mientras la mamá le dice: “Mira, amor, cómo las bailarinas se mueven parejitas, una tras otra, sin errores”. Impresionada por el paisaje que se logra recrear con la escenografía, Maricarmen comenta casi suspirando: “¡Yo quiero vivir en ese castillo!”.
Aunque el frío arrecia y se mete por los poros, Denise se concentra en las bailarinas, en sus movimientos y en su vestimenta. Y es que ella quiere ser bailarina profesional. Hace poco interpretó el cisne blanco de El Lago de los Cisnes en la Academia de Danza Isabel Sotelo, y le gustó mucho.
Además, como la institución en la que cursa sus clases de baile semanalmente está adscrita a la Real Academia de Londres, hace poco vinieron algunos profesores de esa escuela para ver a su generación, lo cual la emocionó, pues aunque no la felicitaron por su trabajo ya la vieron bailar.
Denise presta atención al encuentro que los amigos de Sigfrido organizan con la princesa Odette —transformada en cisne junto con sus compañeras por el malvado mago Rothbart; pueden volver a su forma humana en la noche, hechizo que solo puede ser roto por quien le jure amor eterno— para que se enamoren bajo la luz de la luna y con la música de Piotr Ilich Tchaikovsky.
Mientras tanto el frío se recrudece y arranca quejas en voz baja entre el público, pero no interfiere en la atención de la gente que mira admirada el trabajo de los bailarines de la CND, que se esfuerzan por mantenerse en un escenario helado.
En el momento en que Odette y Sigfrido se separan y aparece Odile, el cisne negro, quien hace que el príncipe confunda a su amada, Denise no aguanta más y se duerme un rato en las piernas de su madre. El cambio de temperatura de un día para otro puede más que la emoción de esta niña, quien cae ante la majestuosidad del paisaje y el espectáculo.
Minutos más tarde, cuando Odile baila un solo y deslumbra con su sensualidad y encanto, no solo hace que Sigfrido se olvide por unos instantes de Odette, sino que levanta a Denise del regazo de su madre para atestiguar la última parte de esta tradicional obra con más de 30 años en el repertorio de la CND.
La obra concluye cuando Sigfrido se da cuenta que Odile no es Odette, y tiene que reconquistar a su amada, ante los ojos de una niña que sueña con estar algún día sobre los escenarios bailando profesionalmente.
