Bogotá • Simón cuenta que una vez en el café Juan Valdés, donde estamos, a Toy Selectah, el DJ y productor de Control Machete, quien estaba de gira y cargaba una maleta con su laptop, discos duros y material de trabajo, le robaron la mochila. Esto viene a cuento para ejemplificar la estrecha relación de lo colombiano y lo mexicano, lo hábil que son los ladrones de ambos países y todo lo que tenemos que ver en las cuestiones musicales. En Monterrey, de donde es el DJ, surgió un fenómeno espectacular donde las pandillas y la cultura underground adoptaron la cumbia colombiana (que en sentido estricto no es cumbia sino vallenato), como music vivendi, de lo que se desprendieron músicos como Celso Piña, El Gran Silencio y Control Machete.
Sin embargo, en cuanto a mezclar ritmos se refiere, los colombianos llevan la batuta. Tienen tan arraigada la cumbia al oído que pueden diferenciar una cumbia de Barranquilla (costa del Caribe) de la que se escucha en Palenque (costa Pacífico) por las variaciones de golpes de tambor. De este género, sincretismo de lo indígena, africano y español, han surgido desde hace más de una década diferentes bandas y solistas en Colombia. Siguiendo la tendencia global de mezclar lo autóctono con lo electrónico, rock y hip-hop han surgido Choquibtown, La Mojarra Eléctrica, Humberto Pernett, Systema Solar, Papaya Republik y Puerto Candelaria. Pero, sin duda, la banda colombiana que mayor proyección tiene en el mundo es Bomba Estéreo, agrupación que Simón Mejía fundó en 2005 y a la que luego se sumó Liliana Saumet, actual voz oficial de Bomba, autora de varios de sus temas. Él responde aquí algunas preguntas.
Parece que ustedes ya tienen muy maduro este ejercicio de mezclar ritmos cumbieros con ritmos electrónicos. ¿Qué tan lejanos se ven del tropipop de Carlos Vives?
Venimos de una misma raíz, que es el rescate de los ritmos tropicales mezclándolos, pero la manera de desarrollarla es diferente. Más experimental y alternativa y menos pop. Nosotros lo hacemos a nuestra manera.
Pero no reniegas del tropipop…
Definitivamente es una música que no me gusta, no escucho y de la cual no compraría un disco. Pero no me gusta renegar de las otras músicas porque creo que cada una tiene su validez.
¿Puedes darnos una breve guía de cuáles son los ritmos colombianos que manejan ustedes?
Está el vallenato, que se caracteriza por el acordeón y la voz. Luego, la música tradicional más folclórica reconocida, que es la cumbia, de la cual se desprende infinidad de ritmos y está toda la tradición de la costa Caribe y de la costa Pacífico. También la música llanera (de la zona colindante con Venezuela)m que es con arpa, la indígena que se hace con vientos, la del altiplano que se toca con cuerdas. Hoy en día el reguetón es muy poderosos, y la salsa, aunque esos no son ritmos folclóricos.
Simón, pronto se presentarán en el Vive, ¿pero ya tiene un vínculo con ese país más allá del público que acude a ese festival?
A finales de 2012 hicimos una gira muy interesante por los estados del norte azotados por la violencia. Fueron conciertos culturales gratuitos en plazas públicas. Estuvimos en Ciudad Juárez, San Fernando, Ciudad Victoria y Guadalajara. Esta es como la sexta vez que vamos a México.
Hablando de Bomba Estéreo como un actor cultural, ¿sienten que como colombianos van contra clichés que se les han impuesto injustamente por su país, como el del traqueto (narcotraficante), paraco (paramilitar) y prepago (trabajadora sexual al servicio del narco)?
Sí lo hacemos, aunque no sea de una manera consciente. Pero pienso que nuestra música, aunque sea muy colombiana, tiene tantos elementos de diferentes lugares que es universal. La gente nos ve y nos escucha y no de inmediato identifica que es colombiana, hay cierta duda. No nos gusta andar con la bandera de que somos colombianos.
Su banda intenta además mover conciencias. ¿Cuál es tu opinión política acerca de las negociaciones de paz que se intentan entre el gobierno y la guerrilla?
Me parece que esas negociaciones ya están muy cargadas de intentos fallidos. Y me parece que es muy difícil sentarse a negociar de parte y parte. Primero por un Estado que no está cumpliendo a cabalidad sus labores, un Estado incompleto, digamos. Y con un grupo guerrillero que ya ni siquiera tiene ideales políticos; es como sentarse a negociar con unos delincuentes. Básicamente es un grupo que se dedica al narcotráfico y el secuestro.
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