Ciudad de México • Una sesión más anecdótica, de comentarios breves, pero llenas de humor, como en una charla cotidiana, entre amigos, se llevó a cabo la evocación a Augusto Monterroso, bajo el título “Monterroso todavía está aquí. A diez años de su fallecimiento”, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Ahí, el escritor José de la Colina recordó los años que compartieron, los momentos de humor que uno al otro se transmitían, apenas como un ejemplo del humor y la ironía que definía a su obra.
“Tito Monterroso me parece, sobre todo, que es una variante en la tradición de los autores de libros misceláneos y de cuentos cortos en México, porque casi siempre esa tradición tienen que ver con los escritores francés; creo que el humor de Tito viene de otra fuente, que son los autores ingleses. Él era un gran lector de los grandes autores ingleses, de los grandes ensayistas ingleses, los ensayistas quizás por definición”, aseguró el colaborador de MILENIO.
En el acto, en el cual también participaron los investigadores Javier Perucho y Lauro Zavala, con la presencia de Bárbara Jacobs, el poeta Eduardo Lizalde rememoró al personaje con enorme generosidad, al lector “formidable de una capacidad e inteligencia frente a los textos clásicos y modernos, que alimentaron su breve e ingenua producción”.
“Tito era un maniático de la perfección, de la concentración, de la brevedad, de la inteligencia y de la no convencionalidad de los textos.”
Aunque presente en la Sala Ponce de Bellas Artes, la escritora Bárbara Jacobs, quien fue la última pareja de Augusto Monterroso, apenas si quiso subir al escenario para agradecer el homenaje al escritor, a una década de su fallecimiento, “porque lo que sé de sus libros o de mi relación con él, me lo llevó para mis memorias”, señaló con una sonrisa en su rostro.
