"El Santo Oficio. Periodismo, literatura y cultura popular". José Luis Martínez S. Conaculta. México, 2013.
México • En 1986 nació en el diario Ovaciones la columna El Santo Oficio. José Luis Martínez S. (Ciudad de México, 1955) ha procurado mantener vigente este espacio andariego de corte misceláneo. A salto de mata, en el suplemento Dominical de El Nacional, en la revista Etcétera o en MILENIO Semanal (ahora Dominical), con sus estampas de la vida cultural el monje cartujo despliega una prosa en donde se evita la conjunción “que”, costumbre heredada del periodista José Alvarado.
Quien se asome al Santo Oficio encontrará varias facetas. La liturgia a la que se entrega el amanuense lo mismo puede celebrar premios, publicaciones, reconocimientos, aniversarios que lamentar defunciones, olvidos y tropiezos. El fraile es jocoso, entusiasta, humilde, irónico, benévolo y, sobre todo, buen cofrade, pues aprecia la amistad en su más pura expresión. Aunque cuente que escribe en la soledad de su celda, casi siempre en un ambiente melancólico que invita a la reflexión y al recogimiento, su prosa suele intensificarse y llegar a otras latitudes cuando aborda el tema de los lazos fraternos.
La publicación del clérigo abre con Periodismo: la tinta y la imagen. Es el recuento de las enseñanzas de los guerreros de la pluma y papel, los que deben escribir bajo presión y conservar el estilo al redactar, maestros que han dejado huella. Desfilan nombres como Renato Leduc, José Alvarado, Juan Rejano, Fernando Benítez, Francisco Martínez de la Vega, Huberto Batis, Carlos Landeros, Kapuscinski y Alma Guillermoprieto. Y entre los cameraman avizora a Ricardo Salazar, Héctor García, El Chino Pérez Escamilla y Pedro Valtierra.
El segundo apartado está dedicado a libros y autores. Traza el perfil de destacados escritores del siglo XX y XXI. Un rosario de anécdotas, salpicadas de humor, antisolemnidad y buena prosa; contagia su entusiasmo por la vida de los literatos.
Y con ese interés por desentrañar algo de lo que hay detrás de un talentoso creador, pasa a ocuparse de personajes de la cultura popular. Así como se refiere a la noche de Frank Sinatra, las ocurrencias de Armando Jiménez, el talante de Marilyn Monroe y de la complicidad silenciosa en Marcel Marceau, por mencionar algunos.
Mientras que para Alma Guillermoprieto el remate de una crónica debe ser como un abrazo al lector, un momento de intimidad; el cartujo, en su coda recurrente, desea que el Señor colme de bendiciones a sus lectores quienes, por supuesto, son más de los cinco a los que suele dirigirse.
