Peña Nieto y Osorio Chong, ayer en Palacio Nacional.
México • El presidente Enrique Peña festejó entre los suyos. La ceremonia de los primeros 100 días de gobierno se caracterizó por la ausencia de líderes partidistas, gobernadores y el grueso de los legisladores. La sillería se llenó por funcionarios de gobierno —subsecretarios, oficiales mayores con vestimenta formal en domingo— y algunos invitados especiales escogidos por las mismas dependencias. No hubo colores de partidos.
Estuvieron presentes Gerardo Laveaga, presidente del IFAI, Enrique Fernández, rector de la UAM; el premio Nobel de Química Mario Molina, el artista José Luis Cuevas, Javier Arrigunaga, presidente de la Asociación de Bancos de México, y Manlio Fabio Beltrones, coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, como única figura partidista.
En el presídium estuvo el gabinete legal, que flanqueó todo el tiempo al Presidente, único en tomar la palabra y quien acaparó las tomas de cámara y los aplausos.
La presencia discreta de su esposa, Angélica Rivera, acompañó al Presidente en su arribo y despedida, lo que contrastó con los días cotidianos, en los que siempre lo acompaña un grupo compacto de secretarios de Estado y sus asesores.
Esta vez fue distinto, todos los secretarios llegaron antes a ocupar su sitio. Era un día relajado, donde se habló poco de trabajo; las conversaciones entre secretarios e invitados buscaban saber de la familia y de temas cotidianos, como el clima.
A la entrada del vestíbulo, el director de la CFE, Francisco Rojas, saludó efusivo al Procurador General de la República, Jesús Murillo, quien le reclamó en tono de broma: “Dijiste que ibas a buscarme en la semana y no me marcaste”.
Francisco Rojas estaba a punto de responder, pero el procurador atajó: “Eso sólo quiere decir que tienes la conciencia tranquila”, y entre risas ocuparon sus lugares.
La espera fue corta. El acto comenzó con una puntualidad inglesa, apenas el reloj marcó las 11 de la mañana, el maestro de ceremonias anunció la llegada del mandatario.
Al arribo del Presidente, el aplauso fue prolongado y poco a poco los funcionarios se pusieron de pie.
El discurso transcurrió sin interrupciones, ningún aplauso entre las frases o las líneas. Solo cuando Peña advirtió que la intensidad del trabajo “no será pasajera”, más de uno soltó un suspiro y un gemido de queja.
Al terminar su discurso, el mandatario se dio tiempo para los saludos. Además de hacerlo con su gabinete, paseó por la primera fila, donde los titulares de Pemex, IMSS e ISSSTE se instalaron junto a Kai Bethke, representante de la ONUDI para México, Centroamérica y el Caribe.
La ceremonia terminó hasta que el Presidente se retiró de la sala, al subir por las escaleras centrales a su oficina acompañado solo de su esposa. La pareja desapareció de la vista y los funcionarios dieron por concluido el fin de semana.
