"Surgió una mafia de gente que no pinta, no es artista, que degradó el arte, para que todo fuese sometido a un guión curatorial..."
Tepoztlán • A pesar de que Roger von Gunten (Zurich, 1933) es uno de los artistas más influyentes de la pintura mexicana, pertenece a la Generación de la Ruptura y el 29 de marzo cumplirá 80 años, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) no ha anunciado, hasta la fecha, ningún homenaje para celebrarlo.
Para Von Gunten esto es de lo más normal, pues considera que no es un creador inmerso en el mercado, vive en Tepoztlán en una casa apartada y no maneja internet ni correo electrónico. Además de que no le interesa el reconocimiento público.
Von Gunten realizó sus estudios en pintura en la Escuela de Artes y Oficios de Zurich, bajo la dirección de Johannes Itten, el teórico del color que definió la esfera cromática. Al terminar, hizo su primera exposición en 1956 en Suiza. Un año más tarde llegó a México e inauguró otra muestra. Decidió quedarse en el país porque le fascinó una ciudad como el Distrito Federal, entonces con 2.9 millones de habitantes y llena de colores.
Entrevistado a propósito de sus 80 años, Roger recibe a MILENIO en su estudio: un lugar lleno de cuadros, libros y plantas, donde se impone la tranquilidad.
¿Por qué decidió ser artista?
Eso uno no lo decide. En el taller que imparto aquí en Tepoztlán estamos tratando cómo los conceptos de arte y cultura han cambiado mucho, se han distorsionado. Estamos hablando del impulso creador. Toda la gente tiene ese impulso creador: tanto niños como adultos. No me acuerdo quién lo dijo: “Todos somos poetas, aunque no todos escribamos poesía”. Mi papá pintaba, cuando terminaba su trabajo; los fines de semana me dejaba jugar con su paleta de colores, por lo que tuve desde pequeño el contacto con el material, y después fui a la escuela.
Escuché en una entrevista que a usted le preocupa lo que pasa en el mundo y que lo suele expresar en sus obras, ¿es así?
Sí. Y parte de esa preocupación se puede ver en Galería Arte Hoy en Coyoacán, donde inauguré una exposición hace una semana. Ahí hay obra que representa ecos de mi infancia: tenía seis años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, cuando apareció el culto al poder. Actualmente esto puede volver a suceder. Hay concentración del poder, culto a las armas y a los explosivos.
Entonces, ¿usted cree que el artista debe contribuir a la reflexión de lo que pasa en nuestros días?
Sólo la cultura nos protege de la barbarie. De lo contrario, el fuerte elimina al débil. Vivimos en una sociedad podrida. Tenemos que rehabilitar a los sicarios. Me acuerdo que el poeta Javier Sicilia, en su viaje a Ciudad Juárez, encontró una asociación civil cuyo lema decía: “Adopta un sicario”. Entonces debemos rehabilitarnos. El problema es tan grave que asusta. Todo mundo espera que la violencia pase, que haya menos pobreza, que se resuelvan los problemas. El culto a la violencia es algo tan terrible porque se volvió parte del sistema.
¿Cree que en la actualidad ha cambiado el arte?
No. Cambió el concepto. Hay investigaciones sociológicas y psicológicas que se presentan con el nombre de arte pero, ¿por qué lo llaman arte? El arte conceptual, por ejemplo, tiene muchas réplicas de lo que hacía Duchamp. Lo llaman arte porque de esa forma le dan elegancia a su trabajo. El arte, por otra parte, requiere la transformación material del espíritu, suena cursi, pero así es.
¿Qué opina de los artistas contemporáneos y conceptuales mexicanos?
El arte contemporáneo y conceptual mexicano es parte de una usurpación que ocurrió en 2000, cuando se empezó a decir que el arte se había diversificado tanto que sólo los curadores podían darle un sentido a las obras. A partir de ese momento surgió una mafia de gente que no pinta, no es artista, que degradó el arte, para que todo fuese sometido a un guión curatorial, y esto me parece que además de grotesco es inoperante. No tengo nada contra el arte conceptual, pero cuando uno ve tan poca sustancia con tanto bombo y platillo, se aburre. El arte puede ser intangible, pero no dejar de tener sustancia.
¿Se siente parte del Movimiento de Ruptura?
Ya pasó ese movimiento. Todo se consolidó cuando se realizó la exposición de los tres salones independientes que hicimos como protesta después de la masacre del 2 de octubre de 1968. Nosotros no queríamos romper con algo, sino abrirnos puertas. Como todos los muralistas y los seguidores de la Escuela Mexicana de Pintura decían: “El arte mexicano debe ser de tal forma”, nosotros pensábamos diferente y terminamos confrontándonos.
