"Pagüa", tercero de izquierda a derecha, ingresó en 1988.
México • A sus nueve años de edad Rafael Tejeda Luna cambió los juegos infantiles por las sirenas de ambulancia, para atender a heridos, para contener hemorragias, para ayudar en uno y otro desastre.
Por eso la Cruz Roja Mexicana le otorgó un reconocimiento a sus 25 años de servicio como paramédico. Hoy, Tejeda Luna tiene 34 años de edad y con el paso del tiempo ha capacitado a cientos de socorristas.
Más aún, este singular capacitador y paramédico de la Cruz Roja ha representado a México en otras naciones asistiendo a víctimas de desastres naturales, como el temblor de Haití en 2011.
También fue el líder de rescate tras la explosión en la torre B2 de Petróleos Mexicanos.
“Me enganché a la Cruz Roja a raíz del temblor de 1985. Recuerdo que mi hermano mayor formó un grupo de ciudadanos para asistir a las personas en desgracia en ese momento tan fuerte e impactante para México. Yo quería ir con él, apoyar, ayudar como fuera y a quien fuera, pero no me dejaron”, recordó.
El tiempo pasó, pero un día pasando por la sede de la Cruz Roja, en compañía de su madre, se dio cuenta que muchos niños estaban ahí, jugando. “Lo primero que dije es: quiero estar ahí, con ellos, ser parte de ese grupo y así empezó mi relación con esa gran institución, con ese movimiento internacional”, contó a MILENIO.
Aquel niño pronto se ganó el respeto y cariño de sus compañeros, no solo por su carácter bonachón, también por su corpulencia regordeta que, cubierta con un overol verde, le valió el mote de Pagüa, por su gran parecido a un aguacate gigante.
Hoy día Pagüa encabeza cursos de capacitación en materia de desastres, se ha vuelto docto en catástrofes y salud mental, gestión de riesgo, así como en sistema de respuesta inmediata a la población afectada, entre otros muchos rubros en materia de atención.
“El miedo siempre te acompaña en el día a día, pero lo superas cuando sabes que te entregas para salvar una vida, una sola y sin saber quién es esa persona, y que no vas a volver a ver más después de que la salves, y todo por las ganas de ayudar y estar siempre alertas para ello, para brindarse sin reparo, pero con mucho profesionalismo y preparación”, aseguró este joven paramédico que desde sus nueve años de edad está entregado en cuerpo y alma a la Cruz Roja Mexicana.
