También es historiador de las letras nacionales.
México • José Emilio Pacheco es un apasionado de la historia como disciplina científica, pero también es un hombre curioso, quien puede aceptar su desconocimiento sobre ciertos temas y dedicar gran parte de su tiempo a buscar respuestas.
Quizá de ahí su pertenencia al cuerpo de investigadores de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, donde inició una investigación colectiva sobre la literatura mexicana de 1810 a 1921, y la invitación a dictar una conferencia magistral en el marco del diplomado México decimonónico.
Se trató de un recorrido de los diferentes pasajes que definieron al siglo XIX mexicano, aunque no solo desde lo que sucedió aquí sino a partir de hechos que se desarrollaron en otras partes del mundo y tuvieron una fuerte influencia en los acontecimientos nacionales, como las batallas de Napoleón Bonaparte por el mundo desde 1794, cuando invadió Egipto.
El poeta evocó las diferentes acciones del francés, las que de alguna forma produjeron rebeliones en casi todas las colonias españolas, sobre todo las invasiones que trajeron su ruina, como su intento de conquistar Rusia, porque “el problema de los actos humanos son la codicia y la arrogancia, la vanidad llevada al límite”, y pensó que terminaría con los rusos, justo antes de la llegada del invierno.
El escritor hizo hincapié en un detalle poco atendido en los libros de historia: en 1814 se apagó Napoleón y fue arrasada la independencia como revolución, lo que “crea una diferencia muy grande entre los mexicanos y los chilenos, los argentinos o los peruanos: ellos sí le ganaron al ejército español, en cambio aquí fue totalmente derrotada la independencia”, si bien se obtuvo cuando Iturbide y Guerrero se dieron cuenta de que se trataba de un hecho inevitable.
Pacheco resumió algunos de los hechos que marcaron el siglo XIX, y aparecieron personajes de la vida política y militar, tanto de Francia, Estados Unidos y México, desde Miguel Hidalgo hasta Antonio López de Santa Anna, además de algunos del ámbito cultural, como Alejandro de Humboldt y Francisco Javier Clavijero, a quien ubicó entre los tres principales escritores novohispanos.
“Hay tres grandes escritores novohispanos: Sor Juana, Ruiz de Alarcón y Clavijero. Pero en el momento en que hicieron el canon de la literatura novohispana no encontró su lugar, porque la corona española no había permitido la publicación en español de la Historia antigua de México, que entonces se conocía por la traducción que hizo uno de los ilustrados españoles que estuvo desterrado en Inglaterra.”
Fue una charla salpicada de referencias al presente, como cuando recordó que José Joaquín Fernández de Lizardi escribió en El periquillo sarniento que la minería había sido un mayor problema para el desarrollo nacional, al haber impedido el surgimiento de otras industrias: “‘Para qué aprendo a trabajar y a hacer cosas, si me basta excavar el suelo y vender la plata y el oro’. Lo que dijo es totalmente aplicable al petróleo, que después de todo es también un mineral”.
También habló de los grandes inventos del siglo XIX, desde la penicilina y la aspirina, hasta el desarrollo del acero o los nuevos medios de comunicación, aunque también como un ejemplo de “que el progreso se devora a sí mismo”.
El detalle del escritor en su relato histórico no tuvo un fin propiamente dicho: apenas iba por la mitad del siglo XIX cuando el tiempo lo obligó a responder preguntas para tratar de referirse a los hechos que no había alcanzado a mencionar. Y así terminó un día en la vida del José Emilio Pacheco historiador.
