Rafael Tovar y de Teresa, titular de Conaculta.
México • El 13 de febrero, durante la ceremonia en la que dio a conocer nombramientos de su equipo, Rafael Tovar y de Teresa, titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, incluyó a la cultura en el marco del Programa de Prevención del Delito, promovido por el gobierno de Enrique Peña Nieto, y señaló que “México, al vivir nuevos momentos, necesita desarrollar acciones que se encaminen a la regeneración de su tejido social, la recuperación de la autoestima individual y colectiva, la afirmación de identidades locales, (…) el fomento de las industrias creativas como un modo de participación e inclusión social…”. Todo eso me parece muy bien, y de hecho ha formado parte de los argumentos de los gremios artísticos cuando se discuten presupuestos y la urgencia de planes para la cultura que no se inscriban en la ocurrencia o en mega proyectos huecos, amén de la urgencia en la que se halla el país por la violencia.
En la reunión que sostuvo el lunes 25 de febrero con la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, Tovar aludió al asunto de la guerra y la marginación social, e insistió en el rol que nuestro sector debe jugar: “La cultura tiene (…) un papel determinante en el rescate de muchos jóvenes que están en la frontera de sumarse a la violencia, generando opciones para ellos”.
Existen iniciativas cruciales en trincheras diversas (que han sido ampliamente documentadas en libros y revistas) de cómo el teatro hecho con presos, niños de la calle, madres solteras, comunidades vulnerables, niños maltratados, discapacitados, adultos mayores y un largo etcétera, contribuye a la integración de las comunidades. También hay testimonios importantes de cómo en países en guerra o tras una dictadura, el teatro (y otras artes) ha sido central en la reconstrucción del tejido social. Los promotores de estas experiencias poseen un conocimiento y dominio sobre el campo de batalla que solo han podido detener la falta de políticas de mediano y largo plazo. La improvisación y el programa temporal al capricho del funcionario en turno siempre da al traste con los esfuerzos de profesionales del teatro (y otras artes) que creen en la cultura como una herramienta poderosa para un cambio social y para la sanación de este país.
Podremos estar de acuerdo con Tovar, pero surge la duda de cómo va a operarlo. Me parece que las discusiones y decisiones cupulares van a demorar cualquier plan de acción si es que realmente Conaculta va a honrar las palabras de su presidente. No consultar a quienes saben la praxis me parecería un lujo que no deben permitirse nuestras autoridades culturales.
