Los jugadores del Barcelona, Jordi Alba y el brasileño Dani Alves, celebran el pase del equipo blaugrana a los cuartos de final de la Liga de Campeones, tras derrotar por 4-0 al Milan, en el encuentro disputado en el estadio del Camp Nou, en Barcelona.
Barcelona, España • Solo el Milán podía devolverle lo perdido al Barcelona. Desde que fue derrotado en la ida en San Siro hace tres semanas, el equipo culé atravesó por una de sus peores rachas en últimos años (dos derrotas y dos victorias), pero ayer, con una victoria de 4-0 en el Camp Nou, los azulgrana se acreditaron para los cuartos de final de la Champions League y advirtieron a Europa que su futbol no se ha esfumado.
Lionel Messi volvió a encandilar al mundo del futbol al liderar con un doblete (5’ y 39’) la victoria de su equipo. Al festín iniciado por el argentino acudió David Villa con el gol de la ventaja en el global al 55’ y Jordi Alba, quien cerró la cuenta en los minutos de reposición.
El marcador global de 4-2 dio un sufrido boleto al cuadro azulgrana, que se vio obligado a remontar el 2-0 en contra del partido de ida jugado en Milán.
Sumido en un bache de juego las últimas semana, el Barça recuperó el tono cuando parecía tener pie y medio fuera de la máxima competición continental.
Messi se aseguró el poder seguir escalando en la lista de máximos cañoneros en Champions, donde figura segundo con 58 dianas, a 13 del líder histórico, el ex del Real Madrid Raúl González.
El objetivo principal tuvo que haber sido buscar el gol que obligara al Barça marcar por lo menos cuatro para clasificar, pero la misión inmediata fue presionar la salida de balón azulgrana como en San Siro, limitando a Messi a la persecución de pelotazos largos, pero poco se llevó a la práctica.
Cuando el Milán pudo hilar pases, el Barça ya había recorrido medio camino con el golazo de Messi, una fina triangulación con Sergio Busquets y Xavi Hernández finalizada por el rosarino desde el balcón del área con un toque magistral de su zurda, que alojó el cuero en el rincón derecho de Christian Abbiati, petrificado por la impecable trayectoria de la comba.
El partido pudo cambiar dramáticamente. Los italianos tuvieron oportunidad de comprometer al Barcelona, se les abrió el cielo con un pelotazo a M’Baye Niang, pero al joven atacante se le nublaron las ideas ante el achique de Valdés y apuntó a la madera.
Del 1-1 se pasó en apenas un suspiro al 2-0, nuevamente surgido de la presión avanzada del Barça y el talento de Messi, quien recibió de Iniesta tras un robo y perfiló su zurda, soltando un latigazo desde el límite del área, entre las piernas de Philippe Mexesy hacia la red.
Con la eliminatoria pareja llegó el descanso y la sensación de que más goles aguardaban en el segundo tiempo. El rossonero Kevin Constant midió mal un pase para Villa, quien, infalible en el control, disparo arqueado al rincón más lejano a Abbiati.
Alba le puso la guinda a la clasificación con el cuarto gol, que sirvió para subrayar la advertencia emitida a toda Europa. El Barcelona halló su futbol.
