Ciudad de México • A sus nueve años, Rafael Tejeda Luna cambió los juegos infantiles por sirenas de ambulancia, por atender a heridos, por contener hemorragias, por involucrarse en uno y otro y otro desastre.
Por eso la Cruz Roja Mexicana le ha otorgado un reconocimiento por 25 años de servicio como paramédico. Hoy Tejeda Luna cuenta con 34 años y con el paso del tiempo ha capacitado a cientos de socorristas.
Más aún. Este singular capacitador y paramédico de la Cruz Roja ha representado a México asistiendo a víctimas de desastres naturales en otras naciones, como en el temblor de Haití acontecido en 2011. O también ser líder de rescate en la explosión en la Torre B de Petróleos Mexicanos.
“Me enganché a la Cruz Roja a raíz del temblor de 1985. Recuerdo que mi hermano mayor formó un grupo de ciudadanos para asistir a las personas caídas en desgracia en ese momento tan fuerte e impactante para México; yo quería ir con él, apoyar, ayudar como fuera a quien fuera, pero no me dejaron.
“Luego pasó el tiempo y un buen día en compañía de mi madre, pasando por la sede de la Cruz Roja me di cuenta que muchos niños estaban jugando; lo primero que dije es quiero estar ahí, quiero estar con ellos, ser parte de ese grupo y así empezó mi relación con esta gran institución y este enorme movimiento internacional”, cuenta Tejeda Luna a Milenio.
Este niño pronto se ganó el respeto y cariño de sus compañeros, no sólo por su carácter bonachón y por su corpulencia regordeta, la misma que por haberse presentado un día con un overo verde, se ganó el mote de pagüa, por su gran parecido a un aguacate gigante.
Hoy día Pagüa encabeza cursos de capacitación en materia de desastres y se ha vuelto docto en catástrofes y salud mental, gestión de riesgo, sistema de respuesta inmediata a la población afectada, entre otros muchos rubros en materia de atención de desastres.
“El miedo siempre te acompaña en el día a día, pero lo superas cuando sabes que te entregas para salvar una vida, una sola y sin saber quién es esa persona y que no vas a volver más después de que la salves y todo por las ganas de ayudar y estar siempre alertas para ello, para brindarse sin reparo, pero con mucho profesionalismo y preparación”, asegura este joven paramédico que desde sus nueve años de edad está entregado en cuerpo y alma a la Cruz Roja Mexicana.
