México • Apesar de la muy respetable opinión de Peña Nieto, yo creo que todo mundo ha oído hablar de Don Quijote, y por muy naco que yo sea, pues, entré a una librería y pregunté precios.
Fuí a una baratona, a la Porrúa, y me sorprendió que tenían dos ejemplares: el original, de Cervantes (aunque Peña Nieto no lo crea), y El Quijote para jóvenes, de Felipe Garrido. El primero estaba bien gordote y el segundo pues… ni era del autor famoso, ni yo soy ya tan joven.
Pensé en adquirirlo como audiolibro, pero me acordé de las clases de inglés que le compré a mi prima Mónica, que venían en audiocasetes y que a los 15 minutos me noqueaban. Nel, qué hueva, que un maestro te esté leyendo Don Quijote con voz de López Tarso. Aun así lo dudé, pues un audiolibro, como todo arte kitsch, te puede introducir al arte elevado.
Más efectivo que un audiolibro para jóvenes, pudiera ser un radiolibro por internet. Octavio Serra está produciendo unas adaptaciones radiofónicas de relatos de suspenso y ciencia ficción, producidas por el Fonca, Radio UNAM e Ibero 90.9, de autores como Ernest Hemingway, Robert Bloch, Ray Bradbury, Alfred Bester, Robert Schecley, André Carneiro y Harlan Ellison. Duran media hora y se pueden escuchar en www.invasionhertziana.com, con las actuaciones de Daniel Jiménez Cacho, Mariana Gajá, Héctor Gava Dávila, Erick Archundia, Angélica Rogel, Alfonso Figueroa, Carlos Narro y varios actores más.
Me atraparon, fui seducido por las voces metálicas de los robots y como un niño me imaginaba aquellos ambientes misteriosos. No sé si así sean los audiolibros, pero así deberían de ser: dramatizados, con efectos sonoros, como en los tiempos de Kalimán y La Tremenda Corte. No importa el estilo literario del autor primigenio, lo que importa es el relato: aislarlo de su forma, olvidarnos de cómo la contó el autor original de manera literaria, para ver cómo la cuentan el productor y los actores de manera histriónica.
En Invasión Hertziana deberían adaptar a Don Quijote de la Mancha, un lunático ejemplar. Por cierto, ya estoy harto de que Don Quijote siga siendo personaje exclusivo de Miguel de Cervantes Saavedra. ¿Porqué no reescribirlo?
No me refiriero a una sátira, o a una farsa exacerbada, como las hidalgas e ingeniosas propuestas de Ilan Stavans (quien tradujo todo el Quijote al spanglish chicano), o al Quijote Z, de Hazaél G. (quien, siguiendo la línea de zombificar a los clásicos, creada por Seth Grahame Smith, hizo zombie al caballero de la triste figura). Mi propuesta va casi en el mismo sentido de Pierre Menard, autor del quijote, de Jorge Luis Borges, personaje ficticio que reescribió algunos capítulos en el siglo XX, palabra por palabra, punto por punto, porque Menard se creía Cervantes en los años treinta. En mi opinión, todos tenemos derecho a reescribir Don Quijote (o Cien años de Soledad, Juventud en Extasis o la obra que nos plazca), de idéntica manera al original (si así nos gustó), o de otra (si tenemos la suficiente imaginación), siguiendo nuestro inevitable impulso de compartir lo que nos gusta (si dudan que tal cosa exista, dense una vuelta por las redes sociales).
Los derechos de autor podrán proteger una obra con herramientas jurídicas, pero lo que nunca podrán impedir es que la gente cuente las historias que le gustan, a su manera, con estilo propio, como cuando cuentas un chiste que escuchaste por ai’, agregándole de tu cosecha.
Nasrudín es un personaje de la literatura oral sufí, un cómico derviche cuyas aventuras se cuentan de Persia a Turquía, quien sabe si ciertas o inventadas por anónimos cuentistas, el caso es que no pertenecen a nadie, sino a todos. Así debería ser Don Quijote, recontarse su saga en las fogatas, las salas de espera, los programas de stand up.
Tengo la teoría de que don Quijote, la Celestina, Pedro Páramo, Frankenstein, Doña Inés, Romeo y Julieta existieron realmente en el planeta tierra, vinieron de otra galaxia y una tarde triste y lluviosa se marcharon, no sin antes quedar grabados en nuestro inconsciente colectivo, en forma de arquetipos.
Tras sopesarlo un rato, finalmente adquirí Don Quijote se manchó con Dulcinea, con César Bono y la Pelangocha (para ser honestos, a duras penas puedo terminar El Monje que vendió su Ferrari), peli que estaba de oferta y hasta me alcanzó para unos mezcales, con los que vi molinos danzantes en blue ray.
