Roma • El intenso color rojo y la expresividad dramática de Tiziano inundaron ayer Roma para retrotraerla al prolífico Cinquecento a través de las principales obras del artista veneciano como sus célebres pasajes bíblicos o los retratos de las personalidades más influyentes de su época.
La temática sacra, la profunda expresividad de sus personajes, los colores fulgurantes y su “rojo tiziano” tiñeron desde hoy los pasillos de la Escudería del Quirinale con una exposición que lleva a Roma las principales obras de Tiziano, procedentes de museos como el Louvre, el Palazzo Pitti o el Prado.
El objetivo de la exposición, según el museo, es hacer comprender a los visitantes “lo excepcional y la novedad de la gramática compositiva del Tiziano” y valorar el “papel cardinal” que el pintor representó en su época.
La exposición discurre en penumbra a lo largo de pasillos en los que los únicos puntos de color lo constituyen las pinturas, que reviven pasajes bíblicos o retratos de nobles y reyes.
Personajes de la importancia de Carlos I de España, el Sacro Emperador, posa para Tiziano desarmado y con uno de sus perros de caza, en 1533.
Cuarenta obras que escenifican una longeva y muy prolífica vida artística que hicieron de Tiziano uno de los pintores más célebres del Cinquecento europeo y uno de los más influyentes en los siglos venideros.
La Virgen y el Niño, obra de juventud de Tiziano, abre esta muestra que concluye con un autorretrato del pintor ya anciano, de perfil, como admirando, según la disposición que ha decidido la dirección, una de sus obras más imponentes, El martirio de San Lorenzo.
