Los daños alcanzaron hasta las imágenes religiosas.
México • El mítico mercado de La Merced está olvidado por el Gobierno del Distrito Federal y la delegación Venustiano Carranza desde hace más de 50 años, no ha recibido una remodelación o mantenimiento alguno.
Además, el bloqueo de los accesos por parte de vendedores ambulantes y camiones de abasto, aunado a la carencia de un programa de protección civil hacen que este emblemático lugar de la Ciudad de México sea “una bomba de tiempo”… que pronto le puede estallar a las autoridades.
Sus vendedores lo definen como “una cloaca” por la negligencia de los servidores públicos locales. “Cada mes tenemos conatos de incendios y los apagamos con lo que podemos: agua, con hierbas o plantas reaccionamos rápido y calmamos a la gente, lo cierto es que no tenemos ni extintores ni mucho menos zonas de seguridad en caso de sismos”, refiere uno de los vendedores.
En un recorrido que hizo MILENIO por esta zona del extremo oriente del DF, se puede ver que cómo los miles de vendedores ambulantes “cuelgan” sus diablitos para encender bocinas, mp3, televisiones, dvd´s, entre otros aparatos y, cuentan, que en ocasiones esto altera los voltajes iniciando pequeños incendios.
Conforme se llega a las naves del mercado, que diariamente recibe 150 mil clientes, se observa el gran flujo de diableros y camiones que traen o llevan productos, mismos que obstruyen gran parte de los 30 accesos..
“Esto es una trampa, no tenemos salida. Las entradas están cooptadas, es difícil el acceso para cualquier servicio de emergencia”, refiere el comerciante Gustavo Silvestre.
Mientras que Lidia Gutiérrez urgió a las autoridades a desarrollar un plan integral de protección civil para situaciones de desastre, porque cuando los siniestros llegan a La Merced, nadie sabe qué hacer.
“Necesitamos una mesa de trabajo donde participemos los locatarios, los vendedores ambulantes y las autoridades. No es posible que no haya un extintor y que ni sepamos donde ubicarnos en los terremotos”, afirma.
Y es que aunque no son constantes, sí han sido trascendentes los hechos trágicos. En 1988, un puesto que vendía fuegos artificiales explotó, dejando como saldo 61 personas muertas. Diez años después, en 1998, un incendio destruyó dos terceras partes de la sala principal del mercado, junto con 572 puestos de zapatos, chiles secos, frutas, verduras, y piñatas sin reportarse pérdidas humanas. Lo que es cierto es que a los servicios de emergencia les tomó más de tres horas llegar a la zona del fuego.
El último hecho trágico ocurrió la madrugada del pasado 27 de febrero, otro incendio destruyó la mitad del interior de la nave principal. Esta tragedia puso en alerta a los vendedores:
“Si el incendio de la semana pasada hubiera sido en el día, estaríamos hablando de muertos”, afirma Emir Villalba.
El comerciante indicó que desde la inauguración del mercado en 1957 no se ha recibido una renovación o remodelación, y los pocos pesos que se invierten en el inmueble provienen de los propios dueños de los negocios.
