Alrededor del mediodía, miles de partidarios de Odinga, vestidos de naranja y blanco, ocupaban el estadio donde su ídolo debía pronunciar un discurso.
Nairobi • Kenia se prepara para elecciones presidenciales que se disputarán el lunes el primer ministro Raila Odinga y Uhuru Kenyatta, inculpado de crímenes contra la humanidad por la justicia internacional por su presunto papel en las matanzas registradas tras los anteriores comicios, mientras numerosos habitantes temen un nuevo ciclo de violencia.
Sin embargo, estas nuevas elecciones crean tantos temores como esperanzas.
Los candidatos realizaban este sábado sus últimos mitines, antes de la clausura oficial de la campaña.
Alrededor del mediodía, miles de partidarios de Odinga, vestidos de naranja y blanco, ocupaban el estadio donde su ídolo debía pronunciar un discurso.
El viernes, en un mensaje difundido por radio y televisión, el presidente Kibaki, de 81 años, que no se presenta a la reelección, pidió solemnemente a los electores que voten pacíficamente y que los candidatos acepten su eventual derrota.
Este país de más de 41 millones de habitantes donde subsisten fuertes desigualdades tiene un fuerte crecimiento (4.5% el año pasado), acaba de encontrar petróleo y la nueva Constitución, adoptada en 2010, permite esperar más igualdad y menos corrupción.
Kenia, un aliado tradicional de Occidente, es la locomotora económica de la región y un relativo polo de estabilidad en una África oriental que durante mucho tiempo estuvo afectada por guerras civiles, pero asombró al mundo hace cinco años cuando las anteriores elecciones terminaron en un baño de sangre.
La cuestionada victoria del presidente saliente Mwai Kibaki contra su rival Raila Odinga, el 27 de diciembre de 2007, hizo que los partidarios de este último salieran a las calles.
El conflicto político despertó los rencores étnicos sobre la propiedad de la tierra que existían desde la independencia, en 1963. Los conflictos entre las comunidades y la represión policial dejaron unos mil muertos y más de 600 mil desplazados.
El gobierno de coalición impuesto entonces por la comunidad internacional resistió, garantizando una paz relativa -más de 500 muertos en enfrentamientos localizados el año pasado- y desencadenando ciertas reformas urgentes en la justicia, la policía y el presupuesto. "Estoy impresionado por la cantidad de reformas realizadas", reconoció un experto occidental de alto rango que solicitó el anonimato.
Codo a codo
Cuando faltan pocos días para las elecciones, las encuestas muestran a dos candidatos codo a codo que se disputarán a los 14.3 millones de electores.
El primer ministro saliente, Odinga, de 68 años, se presenta por la tercera y sin duda última vez, contra su principal competidor Uhuru ("libertad" en swahili) Kenyatta, de 51 años, hijo del "padre" de la independencia del país, que cuenta con una gigantesca fortuna familiar.
Kenyatta parece en los hechos el sucesor de Kibaki, quien no se vuelve a presentar. Como el presidente saliente, al que sostuvo hace cinco años, pertenece a la comunidad kikuyu, la más importante del país, cuya élite ocupa las altas funciones económicas y políticas.
Raila Odinga pertenece a la comunidad luo, tradicionalmente excluida del poder, y tiene su electorado en las regiones más desfavorecidas del oeste, de la costa del Océano Índico y en el árido noreste.
Las tradicionales rivalidades económicas y comunitarias son incrementadas por la inculpación de Kenyatta y de su compañero de lista, William Ruto, por la Corte Penal Internacional (CPI), que los acusa de ser los principales instigadores de la violencia de 2007-2008.
Sus procesos en La Haya deben comenzar a mediados de abril, al mismo tiempo que una eventual segunda vuelta de la elección presidencial keniana, si ningún candidato obtiene la mayoría absoluta el lunes.
Según Richard Dowden, director de la Sociedad Real Africana Británica, "los inculpados piensan que no tienen nada que perder y que lo que más les conviene es hacerse elegir por cualquier estratagema", con la idea de desafiar a la CPI cuando estén en el poder. "Unos comicios en los cuales un candidato no tiene nada que perder puede desembocar en una guerra civil", agregó.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó el viernes que estaba preparando ayuda humanitaria en Kenia, por temor a nuevos episodios de violencia durante las elecciones del 4 de marzo.
"La OIM trabaja en estrecha colaboración con el gobierno para elaborar (...) planes de urgencia en previsión de las elecciones", explicó esta agencia humanitaria en un comunicado.
El jueves, mientras se llevaba a cabo un nuevo concierto a favor de la paz en Nairobi, un sondeo publicado ese mismo día por el Instituto Ipsos-Synovate mostraba que los dirigentes económicos del país tenían más confianza (59.2%) que en septiembre pasado (53.8%).
Sin embargo, en las regiones del Valle del Rift, las más afectadas por la violencia postelectorales y donde la rivalidad por las tierras es más fuerte, algunos ya partieron, mientras circulan rumores sobre compras masivas de machetes por parte de las comunidades rivales.
Los kenianos votarán seis veces el lunes: también renovarán la Asamblea Nacional, incluyendo a una cuota de mujeres, y elegirán por la primera vez un Senado, 47 gobernadores dotados de amplios poderes y a los miembros de las asambleas locales.
