En esta imagen facilitada por la agencia opositora Shaam News Network se puede ver a sirios caminando entre un barrio destruido de Homs
Damasco • La primera deserción de un embajador sirio supone un duro revés para el régimen de Bashar Al Asad, amenazado ya por un proyecto de resolución presentado ante el Consejo de Seguridad de la ONU con más sanciones contra Damasco, que recibió nuevamente el rechazo de Moscú.
En el terreno, más de 150 personas, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), y más de 200 según un jefe rebelde sirio, Abu Mohamad es su nombre de guerra, murieron hoy en el bombardeo de la localidad siria de Treimsa, en la región de Hama (centro), por las fuerzas gubernamentales sirias con blindados y helicópteros.
"Teniendo el cuenta la pequeña talla de la ciudad, puede ser la mayor matanza cometida desde el principio de la revolución", comentó Abdel Rahmane, presidente del OSDH. En Damasco, un comunicado del ministerio sirio de Relaciones Exteriores anunció que "Nawaf Fares fue relevado de sus funciones y no tiene ninguna relación con nuestra embajada en Bagdad, ni con el ministerio". Además, las autoridades sirias amenazaron con ponerlo a disposición de la justicia por sus declaraciones.
Ayer, Fares llamó al ejército a "integrar inmediatamente las filas de la revolución", después de haber desertado, en un comunicado difundido por la cadena de televisión catarí Al Yazira. Según Bagdad, Fares se encuentra actualmente en Catar, un emirato particularmente hostil al régimen de Al Asad.
Su deserción supone un golpe para el régimen sirio, días después de la de Manaf Tlass, un general allegado al presidente Asad, quien, según el ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, habría contactado con la oposición siria. Fabius no confirmó si el militar desertor se encuentra en París a pesar de haber anunciado, cuando se conoció su deserción, que se dirigía a la capital francesa.
El portavoz de la Casa Blanca, Joy Carney, estimó que la deserción de Fares es "una nueva señal de la desesperación que envuelve al régimen de Asad" y que "el entorno de Asad empieza a reconsiderar sus posibilidades de quedarse en el poder".
Fares había sido nombrado en su cargo el 16 de septiembre de 2008, tras casi 30 años de ruptura de relaciones diplomáticas debido al apoyo de Damasco a Irán en su guerra contra Irak.
Miembro de la gran tribu sunita de los Uqaydat, implantada en el este del país, Fares comenzó como policía antes de trabajar con los temidos servicios secretos, llegando a ser uno de los jefes del partido Baas, gobernador y por último diplomático.
Este curriculum provoca la desconfianza de los militantes opositores, que se sacrifican desde hace 16 meses por la revolución, y algunos estiman que puede tratarse de una maniobra de los occidentales para seleccionar a personalidades aceptables para dirigir la transición.
"Sé que ese hombre es un criminal", afirmó Rami Abdel Rahman, jefe del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH). "Es bastante similar a la historia de Manaf Tlass (...) los servicios secretos occidentales buscan seleccionar personalidades que podrán ser utilizadas para el periodo transitorio".
En el frente diplomático, Rusia, indefectible respaldo del régimen de Damasco, calificó de "inaceptable" el proyecto de resolución sobre Siria presentado ayer en el Consejo de Seguridad por las potencias occidentales, y amenazó con vetar el texto si se somete a voto.
"En el conjunto, el proyecto de resolución no es equilibrado, sólo prevé obligaciones para el gobierno sirio y no se dice prácticamente nada sobre las obligaciones de la oposición", declaró el vicecanciller ruso Gennady Gatilov.
"Por ello consideramos que este proyecto no es conforme al espíritu y a la carta del comunicado de Ginebra (del 30 de junio, NDLR), ni al contenido del plan de paz (del emisario internacional, NDLR) Kofi Annan, y es inaceptable", continuó.
El borrador de resolución fue preparado por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Alemania. Hace referencia al artículo 41 de la Carta de la ONU que prevé sanciones diplomáticas y económicas, como un embargo, pero no una intervención militar.
En el texto, los europeos y Estados Unidos dan diez días a Damasco para retirar sus tropas y dejar de utilizar armas pesadas en las ciudades rebeldes, so pena de sanciones económicas.
En Nueva York, los embajadores de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, China y Rusia) se reunieron esta mañana durante una hora en la sede de la ONU.
Tras esta reunión, el representante permanente adjunto de Rusia, Igor Pankin, rechazó la idea de incluir en el texto la amenaza de sanciones. "Nos oponemos absolutamente al capítulo VII" de la Carta de la ONU, que implica una amenaza de sanciones, declaró Pankin a periodistas.
