México • Con un debate sobre lo que aportó el cine a la conformación de la historia de la Revolución, concluirá mañana el ciclo de actividades académicas "La imagen cruenta", que organiza el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en conmemoración del centenario de la Decena Trágica.
En la sesión participarán los investigadores Ángel Miquel, Álvaro Vázquez y Carlos Martínez Assad, éste último hablará de la forma en cómo la imagen de la Revolución Mexicana fue un negocio, más allá de haber sido un vehículo propagandístico.
"Las tomas que realizaron los hermanos Alva o Salvador Toscano estaban pensadas para ser exhibidas. Ellos mismos eran los productores, los editores y los dueños de las salas de cine (), porque sí generó dividendos con su proyección y esto lo tenían claro sus hacedores", aseguró Assad, de acuerdo con declaraciones difundidas por el INAH.
El interés popular por los acontecimientos y los personajes, héroes y villanos que copaban las planas de los diarios, sumado al creciente gusto por este novedoso medio ocasionó que en el lapso de un año, entre 1910 y 1911, el número de salas en la Ciudad de México se elevara de cinco a 40. "La relativa inmediatez de la exhibición aumentaba la demanda", agregó.
Lo que se filmaba, expuso, "estaba en pantalla a una semana de transcurridos los hechos", como ocurrió con la llegada de Francisco I. Madero a la capital tras la Batalla de Ciudad Juárez, la propia ciudad bombardeada o de los pactos que darían fin a la guerra.
De hecho, dijo, muchas escenas acaban de ser recuperadas por la Filmoteca de la UNAM, que con apoyo financiero del INAH produjo el documental "La historia en la mirada", que complementa la historiografía de la Revolución, compuesta anteriormente sólo por documentos y fotografías.
Dicho filme, que se proyectará mañana en la Dirección de Estudios Históricos (DEH), ayuda a evitar las confusiones sobre algunos acontecimientos, "como las imágenes de la destrucción provocada por un sismo sucedido en junio de 1911, que se ponían por equívoco junto a otras que mostraban las ruinas en la capital por las refriegas de la Decena Trágica, en febrero de 1913", señaló.
La imagen en movimiento, sostuvo, brinda la espontaneidad de gestos y sucesos que dan cabida a nuevas y esclarecedoras lecturas, "vemos por ejemplo el titubeo de una persona que está manejando el Mauser, el desconcierto sobre la trayectoria de sus disparos. Sin embargo, ambas tomas (fija y en movimiento) son complementarias, una restituye lo que la otra no ha podido incluir".
En este sentido, refirió que "se puede decir que el cine y la Revolución nacieron al mismo tiempo, porque es a través de esos primeros eventos que algunos cinefotógrafos, entre ellos los hermanos Alva y Salvador Toscano, comienzan a empuñar la cámara como si fuera un arma".
Finalmente, el autor de "La Ciudad de México que el cine nos dejó" aseguró que la Decena Trágica marcó una etapa decisiva en el registro de los acontecimientos revolucionarios, aunque será hacia 1917, con la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando se ven en plena acción bombardeos con bayonetas.
