Personajes desdibujados.
México • Luis Buñuel decía que lo esencial en una película es mantener la progresión dramática, que no debe soltar un instante la atención de los espectadores: “Se debe discutir el contenido de una película, su estética, su estilo, su tendencia moral, pero nunca debe aburrir”.
Cuando una película aburre a partir del punto medio, quiere decir que la historia no está bien urdida y su estructura hace que los personajes avancen a trompicones; es cuando adivinamos lo que va a suceder en la historia. Pero ¿qué pasa cuando la película aburre desde los cinco minutos?
Abolición de la propiedad, basada en la obra de José Agustín, logra abolir nuestra imaginación; nos damos cuenta, desde muy temprano, que el tono soso y plano en el que están los personajes va a estar latente durante toda la película; se hacen chocantes y nos distanciamos de ellos porque no tienen progresión dramática.
La secuencia del boxeo no conduce a ningún lado: si se trata de decir que las mujeres y hombres somos iguales, la situación está rebasadísima; solo cae en un juego ridículo de fintas que no causa emoción y, aunque está bien fotografiada, su metáfora es fallida. ¿Qué tal las dos secuencias del lente de contacto? Largas e inútiles porque no aportan nada a la narración; lo mismo podemos decir de la secuencia de la habitación, que se hace tormentosamente aburrida porque sigue siendo un lastre.
Los supuestos “acontecimientos” no están enmarcados en ninguna época, por eso da más la impresión de un collage que de una adaptación cinematográfica.
Cuando una película propone una manera diferente de ver una problemática es porque hay un guión sólido y se necesita contar algo, y entonces la forma de la película adquiere dimensión y perspectiva, y no importa que la escenografía sea un sofá, una lámpara y una grabadora con dos actores en cámara obscura, porque ellos hacen a los personajes y su caracterización obedece a la visión personal del director. Pero si no hay guión, no hay visión personal, por ende no hay propuesta estética ni de estilo.
Si esta película se trata de un ejercicio de realización, su autor está reprobado, pues no existe la parte esencial que debe tener toda película: la progresión. Esa es la razón por la que vemos a los personajes desdibujados, y no podemos identificarnos con ellos ni con los acontecimientos porque de estos no hay.
La película son diálogos recitados que, si estuvieran estructurados, serían más atractivos para un programa de radio.
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Abolición de la propiedad (México, 2012), dirigida por Jesús Magaña Vázquez, con Humberto Busto y Aislinn Derbez.
