"Era un iconoclasta: le molestaban títulos y honores."
México • El 7 de enero pasado falleció uno de los arquitectos más importantes de México: Humberto Ricalde. El último gran legado que le dejó a México fue su libro Lo mejor de lo mejor: arquitecturas mexicanas, editado por la revista Arquine y presentado la semana pasada como homenaje luctuoso a su autor.
La publicación es una selección de 50 proyectos construidos en México entre 2001 y 2010, que Ricalde consideró indispensables para definir la arquitectura contemporánea nacional. Está basada en una muestra de 400 obras, que retratan el trabajo de las nuevas generaciones: “A él siempre le gustó estar con los jóvenes, orientarlos en su trabajo”, dijo uno de los presentadores del volumen.
En la presentación del libro, realizada en la sede de Arquine en la Ciudad de México, estuvieron Félix Sánchez, Mauricio Rocha y Felipe Leal, así como amigos personales de Ricalde.
Entrevistado por MILENIO, Miquel Adriá, director de la revista Arquine y amigo personal de quien fuera maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México, define a uno de los creadores de la Unidad Latinoamericana de la Ciudad de México como un hombre provocador que despertaba sentimientos y emociones en todo aquello que tocaba.
“Con los amigos era muy crítico. Eso lo extrañaremos en un país tan poco afín a las críticas. Él cuestionaba cuáles eran los intereses detrás de una obra. Sugería ideas, te preguntaba cómo se siente hacer una construcción como ésta o como aquella. Fue un buen apóstol de la arquitectura”, comenta.
Ricalde cuestionaba mucho la arquitectura basada en el sensacionalismo. Era incómodo porque inquiría a quien nadie se atrevía a hacerlo. Era un hombre duro y riguroso con su trabajo, menciona.
Nunca creó un despacho, debido a que solía reivindicar su condición de mercenario. Evitaba la condición de ser profesionista: “En realidad no sé si le daba tiempo porque solía tener mucho trabajo dando clases o tenía miedo a acostumbrarse a atender algo permanentemente. Se tomaba sus años sabáticos”, explica Adriá.
Para Miquel, el caso de Humberto Ricalde es único en la arquitectura mexicana. Su condición de provocador cultural era más importante que el de maestro o crítico de arte: “Era un iconoclasta; le molestaban los títulos y honores, y viajaba con una mochila, con la ropa puesta”.
El director de la revista Arquine siempre le reclamó a Ricalde que, siendo el más calificado para hacer libros, haya escrito tan poco. Lo mejor de lo mejor: arquitecturas mexicanas es un proyecto que surgió en 2010, cuando Miquel Adriá le solicitó que seleccionara los mejores diseños arquitectónicos a partir de cuatro conceptos fundamentales de este arte: lugar, materia, espacio y estructura.
