Jan Hendrix. Tibores.
México • Entona Paz una alabanza al objeto artesanal, al que contrapone la obra artística y el producto industrial. Frente al “no tocar” de nuestro trato con el arte y en vez de nuestra relación meramente funcional con lo fabril, la artesanía “sin fronteras” nos ofrece, además de su hermosura, los placeres del tacto comulgante. No la firma del artista, ni la marca corporativa, sino las huellas digitales del alfarero quien, a salvo del rígido horario proletario, sigue el acompasado ritmo de su sensibilidad. Regido por una jerarquía no fundada en el poder, sino en el saber hacer, nos da él lecciones de política y de vida sus hechuras, pues ni temen ellas el pronto basurero ni anhelan del museo su fría eternidad. Ajenas a toda fiebre novelera, “envejecen con dignidad”.
Pero nunca se sustrajo el artesano a su credo ni a su nacionalidad. Antes bien, labora en cofradías de las que, según Lutero, ninguna cerda aceptaría hacer de santa patrona, y en gremios que en el mundo católico postridentino son fundamento de la economía urbana y máxima expresión de la contrarreforma. Los maestros loceros “de lo blanco y de lo prieto” lo son no solo por el color de los barros que trabajan, sino porque, según las ordenanzas, solo pueden examinarse como maestros los españoles, que no la gente “de color turbado”.
Talavera “poblana”, por ser Puebla la ciudad industrial del Virreinato. Blindado hoy por la “denominación de origen”, el taller aquí presentado debe su nombre a un pueblo de allende el mar y desciende de un reglamento que obligaba a “contrahacer” la loza fina de aquel lugar. Las vajillas humildes cantadas por Tirso de Molina son las de España, pues nunca cenó la indiada en loza mudéjar de borde chinesco. Total, por si el alto costo de estos cacharros no bastase para que el cliente se sepa gente selecta, hoy puede realizar sus festejos “rodeado de la más exclusiva colección de arte contemporáneo de Talavera”.
Vicente Rojo se declara “conmovido” ante esas manos que hacen lo que él podría “suponer pero no realizar” y si en el tibor no aparece, junto a la firma suya, la del maestro, poco tiene que ver con el mérito y mucho con la apropiación de plusvalías. Bien lo sabe el arte de verdad “contemporáneo” que, de un tiempo acá, valoriza no ya las virtudes “artísticas” de la artesanía, sino la riqueza de sus procesos históricos y de sus raíces sociales.
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Talavera, arte vivo: Posibilidades inusitadas. Museo de la Ciudad de México. Hasta el 3 de marzo.
