• En su ejercicio de la des-escritura y la des-identidad del escritor, Mario Bellatin (Ciudad de México, 1960) se ha reinventado de múltiples formas a través de una narrativa esencial y directa, legible y desnuda, capaz de la sabiduría reveladora de un cuento jasídico, un relato cabalístico, una leyenda sufí, una narración budista o una fábula medieval japonesa.
El pasado 7 de diciembre recibió en París el premio mecenazgo Antonin Artaud por su libro Disecado (Sexto Piso, 2011) que contiene dos novelas breves. En Disecado, “otro Bellatin” crea una historia paralela a la escritura de sus novelas Salón de Belleza y Perros héroes para llenar los vacíos de éstas con una nueva versión disecada de ese vacío. En la segunda, El pasante de notario Murasaki Shikibu, la identidad múltiple y la bilocación entran en juego a partir de un viaje a la India con la transformista escritora Margo Glantz-Shikibu-pasante de notario. Aquí la conversación de MILENIO Dominical con el original escritor
HAS INSISTIDO EN EL NO-AUTOR Y LA NO-ESCRITURA, PERO LA BÚSQUEDA DE NO-IDENTIDAD TE HA LLEVADO A SER MÚLTIPLES BELLATINES
Es muy curioso cómo se obtiene el efecto inverso. Al tratar de desaparecer como autor apareces de una manera mucho más concreta. Estoy tratando de desaparecer como autor, pero como autor a la manera tradicional, como suelen entenderse los autores. Yo no quiero ser un escritor de tiempo completo en el sentido de que no quiero cargar con mi rol de escritor en las diferentes actividades de mi vida cotidiana. Y trato de desaparecer como autor porque quiero que los textos hablen por sí mismos. No quiero traicionar a los textos. Justamente lo que yo quiero es apartarme, yo no quiero que me crean, yo no tengo nada que decir, yo lo que quiero es escribir como un fin en sí mismo.
¿SE PUEDE DISECAR TU NARRATIVA O SIEMPRE VAS A REHUIR ESO?
Lo que yo siento de mi trabajo es que es un fluido constante de escritura, el cual voy cortando y dándole una forma determinada para que sea legible. Ahí se puede dar ese espacio de taxidermia donde tú puedes dejar fijado algo, disecar o fijar algo para que eso no siga fluyendo, como cuando quieres sostener una mariposa con alfileres para que no siga fluyendo. Mí escritura está enmarcada dentro de una suerte de cápsula sin tiempo y sin espacio, donde no sé lo que hago ahí adentro hasta el día siguiente que lo vuelvo a retomar y lo vuelvo a leer como algo nuevo. Yo entro a esa cápsula y salgo de esa cápsula y lo que sucede ahí, yo lo leo, lo miro como la puede mirar un lector, un crítico, alguien como un voyeur. Ese es también el origen de que olvide muy pronto lo que he escrito y de que siempre esté rearmando y recomponiendo historias paralelas sobre mis libros, sus personajes, sus temas y su mismo autor.
SIENTES EN LA MERA ESCRITURA EL ACTO CREATIVO EN SÍ MISMO...
Sí, sí, totalmente, pero no quiero que es sea una acción vacía. Tendemos a pensar siempre de manera binaria. Entonces suponemos que quien desea solamente escribir por el mismo acto creativo no tiene nada que decir, y que nos vamos a encontrar con un texto experimental, un texto que va a jugar con la palabra, con el lenguaje, etcétera. Pero no, curiosamente es el acto creativo el que hace que en mí surja el contenido, que además yo siento bien anclado en la realidad de una manera distinta a como la literatura se ha comprometido con lo real. Está la dicotomía que dice: o haces un texto denunciando de una manera concreta sociológica tal suceso, o bien haces un texto tipo noveau roman donde te escapas de cualquier realidad, no. Yo sí tengo cosas que decir pero no las tengo que decir tan obviamente y sí están entrelazadas con una realidad concreta. Muchas veces no la transmito al lector de una manera directa, pero todos mis libros tienen una verdad concreta y dicen cosas.
ESTA DES-ESCRITURA VA DESNUDANDO EL TEXTO HASTA LLEGAR A DONDE PUNTUALIZAS LAS IDEAS Y ESCENAS DEL RELATO.
Exacto, pero es que la literatura de alguna manera fue sustraída del arte y llevada a otros planos utilitarios, como el de las ciencias sociales o el académico. Ahí yo no tengo nada que decir de antemano. Si tuviera algo que decir de antemano igual no utilizaría la literatura para decirlo. Yo trato de ponerme en múltiples realidades, trato de colocarme también como múltiples lectores de mi propio libro. Por eso creo que mi escritura es muy amable. Entras a mundos que te pueden desconcertar, pero de una manera amable, casi como un cuento jasídico o medieval, y porque cada vez que el lector se hace una pregunta trato que en el texto haya una respuesta. Yo creo que eso puede ser lo que te refieres, a que el lector ingresa al juego y ve que de lo único que se trata es de dejarse llevar por el texto
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Mario Alfredo Bellatin Cavigiolo nació en la Ciudad de México en 1960 de padres peruanos. Residió gran parte de su vida en Perú y desde los años noventa reside en nuestro país. Entre sus libros destacan Salón de belleza (1994) Damas chinas (1998) El jardín de la señora Murakami (2000) El gran vidrio (2007) Disecado (2011) y El libro uruguayo de los muertos (2012). Ha recibido el Premio Villaurrutia, el Mazatlán y ahora al Antonin Artaud.
