La legisladora recorre 12 kilómetros de su domicilio al recinto.
México • En contraste con el estruendoso ingreso de vehículos de lujo y grandes camionetas al estacionamiento subterráneo de la Cámara de Diputados, la legisladora ecologista Rosa Elba Pérez Hernández cruza el acceso al recinto a bordo de su bicicleta, luego de recorrer 12 kilómetros desde su domicilio.
Al menos una vez a la semana, la diputada deja el vehículo en casa y se aventura a pedalear entre el tránsito de la mañana por las avenidas Pilares, Doctor Vértiz, lateral de Viaducto y Congreso de la Unión.
Su protección es un casco de ciclista y un chaleco naranja con la frase “No me atropelles”, grabada a mano con gruesas líneas negras en la espalda.
Pérez Hernández solo considera como punto de riesgo el paso a desnivel de Viaducto y Calzada de Tlalpan, donde desmonta su bicicleta y camina por debajo del puente a escasos centímetros de los vehículos motorizados.
“El problema es llegando al subterráneo de Tlalpan, no hay por dónde cruzar, así de simple (…). Ahí sí no hay ni por dónde y lo único que nos queda es irnos hasta Xochimilco o Cuernavaca, o bajarte esos 25 metros, caminar por los 35 centímetros de banquetita y que se apiaden de ti” durante el recorrido.
La diputada federal por Guanajuato ya invitó a otros legisladores a recorrer con ella el trayecto hacia San Lázaro, pero hasta el momento ninguno le ha tomado la palabra.
“En vez de entrar (a la Cámara de Diputados) con una Suburban o una camioneta de seis cilindros, pues mejor llegas en la bici, te ejercitaste y tienes el contacto directo con la gente; se siente padre, viendo de cerca a la gente y compadeciendo a la que viene en el coche”, afirma.
Automovilistas y peatones observan con curiosidad a la diputada en su bicicleta. Llama la atención
su frase preventiva, pero también su
bolsa de mano sujeta sobre la parrilla de la bicicleta en plena calle y, sobre todo, los altos tacones de sus zapatos y la ropa de carácter formal para llegar a la sesión en el Palacio de San Lázaro.
En la glorieta de las avenidas Vértiz y Universidad, la legisladora se detiene un momento para cruzar con seguridad y una joven mujer se acerca y le pregunta si es parte de la campaña de “pedaleo en tacones”.
Rosa Elba le responde que va a trabajar y la invita a sumarse a
los ciclistas urbanos, pero su interlocutora le revira que si bien le gusta mucho andar en bicicleta, es mayor su temor a sufrir un accidente.
Sobre la avenida Congreso de la Unión, la diputada del PVEM batalla con microbuses y taxistas en el carril de baja velocidad y a su lado izquierdo pasan ruidosos tractocamiones hacia el norte de la ciudad.
Asegura, sin embargo, que tanto los conductores como los peatones en la capital del país son “muy amables” y solo de vez en cuando alguien le reclama circular al centro de los carriles, como en realidad deben hacerlo bicicletas y motocicletas.
Pero según afirma, andar en bicicleta no solo es un asunto de esparcimiento o de ejercicio, sino de política pública, como lo demuestran diversas ciudades del mundo, donde los vehículos no motorizados son una alternativa real de transportación cotidiana.
Por ello “nosotros estamos enviando un pequeño párrafo al presidente (Enrique) Peña Nieto, a la subsecretaría de Hacienda que se está encargando de redactar el Plan Nacional de Desarrollo, y le estamos pidiendo que incluya recursos dedicados a ciclovías urbanas”.
La diputada logró ya la integración de una subcomisión de transporte no motorizado al interior de la Comisión de Cambio Climático, pero aún no consigue sensibilizar a los legisladores sobre la conveniencia de autorizar fondos presupuestales para la demarcación de carriles confinados para ciclistas en las ciudades medianas y grandes del país.
Tampoco, por cierto, ha persuadido a otros diputados de bajarse de las Suburban y pedalear… una vez a la semana.
