Portada del libro
México • Al preguntarle qué le despierta editar un nuevo libro de crítica cinematográfica en un país donde ésta es una actividad muy evadida, casi ignorada, Jorge Ayala Blanco responde: “Antes que nada, la ilusión es hacer un ensayo sobre la ilusión, a través de un conjunto de películas, entre 100 y 120, estrenadas entre 2006 y 2008, que cubren un periodo corto, pero muy representativo, de lo que es actualmente el cine mexicano”.
El ensayo La ilusión del cine mexicano (Océano, 2013), que será presentado el primero de abril en la Galería Metropolitana de la Universidad Autónoma Metropolitana, es para el crítico una manera de “tomarle la medida a este desmantelamiento de la industria cinematográfica en el calderonismo. Estudia todo tipo de películas que tienen en común que todas ellas se fueron al matadero. Creo que es la primera remesa de películas que se hicieron de una manera muy protegida, pero que inician una especie de escalada de bloqueo dentro de la cartelera: son películas de todo tipo de cineastas, calidades, temas y géneros, pero que difícilmente llegan al público al que están destinadas”.
¿Es el crimen perfecto?
¡El cine mexicano es el crimen perfecto! Lo convierten en una especie de ilusión óptica a fuerza de que no se ve o que desaparece de la cartelera rápidamente; la gente ni siquiera se entera de que existen muchas de estas películas. Y lo peor de todo es que son películas que, para mí, tienen un enorme interés, por lo menos representativo. Me parece que mi ilusión al escribir este libro es darles a las películas una especie de segunda oportunidad de existencia. Si no tuvieron la existencia que merecían en su momento, pueden tener otra oportunidad, señalándolas para que puedan ser recuperadas en otros formatos, ya sea en dvd, televisión, cable y todas las formas que afortunadamente tienen ahora las películas para tener una segunda vida.
Es casi como escribir sobre un cine que no existe…
Una de las razones por las que llamo al libro La ilusión del cine mexicano es porque a lo mejor estoy totalmente alucinado o estoy delirando y viendo películas que difícilmente existen o que pudieron existir y no existieron. Me queda la duda del destino de este conjunto de películas y, finalmente, de todas las películas que se están haciendo hoy en México. Por eso es como la primera remesa.
El libro tiene un valor literario que hace más atractiva la lectura.
Lo que hago es un ensayo literario sobre el cine mexicano, lo que me parece que es muy importante para lo que podría ser no solo la crítica de cine, sino la crítica en sí misma en México. No existen panoramas del cine mexicano como los que yo hago en la literatura, la poesía, la danza, el teatro, la pintura… El termómetro de lo que está sucediendo se da a través de este tipo de panoramas. La crítica tiene que tener un valor en sí mismo: es una construcción verbal, pero debe tener su propia autonomía.
¿Qué refleja esta crítica?
Creo que de ninguna manera habría que hacer equivaler la crítica con el juicio como una especie de tribunal; la crítica es cualquier cosa menos eso. Finalmente, yo veo al cine mexicano, pero también me estoy reflejando en él, estoy viendo también en el cine mexicano una especie de miradero de la sociedad que nos rodea. La cotidianidad se refleja en el cine mexicano, nos guste o no; ese es el imaginario de una época y, por tanto, es un tema literario, un regalazo que te da la cultura mexicana. A fin de cuentas lo que estoy haciendo es crítica cultural.
¿Siente que tiene seguidores en cuanto a su forma de hacer crítica?
No sé si hay relevo o no, pero sí me siento acompañado porque hay buenos críticos de cine en México, como Carlos Bonfil, Rafael Aviña o José Felipe Coria. Existen muy buenas y asiduas plumas. Sí hay quien se interesa de una manera inteligente por el cine mexicano. ¡No me siento rara avis o totalmente acorralado por el cine mexicano! Si el libro se publica y se difunde, hay gente que lo está esperando.
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