El número de junio de Nexos que empieza a circular tiene como centro tres perfiles de los candidatos presidenciales.
El de Josefina Vázquez Mota fue escrito por Héctor de Mauleón; el de López Obrador, por Andrés Lajous, y el de Peña Nieto, por Carlos Tello Díaz.
No son perfiles adversarios ni propagandísticos. Fueron escritos con el propósito de entender quiénes son los candidatos en cuanto políticos profesionales, como máquinas de hacer política.
La primera, acaso la mayor virtud, de estos textos es que prescinden de la gratuidad de juicios y lugares comunes sobre los “lados oscuros” o los “aspectos humanos” de los candidatos, ya no digamos sobre los abismos psicológicos o las pasiones impresentables que los guían.
Apenas se pone la mirada en el trayecto y los instrumentos de estos personajes, desaparece la tentación de pensar que se trata de personajes improvisados, huecos, que han llegado ahí por azar o por el bajo nivel de competencia de la democracia mexicana.
Hay cualquier cosa en estos perfiles menos improvisación y amateurismo, superficialidad o tontería política.
Son candidatos con identidad, pasión y voluntad, y se han ganado a pulso el lugar donde están. Los perfiles de Nexos muestran con qué instrumentos y a base del ejercicio de cuáles constantes políticas.
Sorprende la voluntad de Josefina Vázquez Mota en la montaña rusa de sus oportunidades políticas, asumiendo retos que parecen desbordarla y que termina dominando.
Es reveladora la profundidad de las convicciones básicas de López Obrador, adquiridas muy temprano en su vida pública, y la repetición de relojero de sus métodos de protesta, movilización y avance, en el molde de una voluntad política indomeñable.
Es notable la combinación de eficacia mediática y organización política pura y dura que hay tras la candidatura de Peña Nieto, un político en control de los instrumentos propagandísticos de su tiempo, con los pies puestos en la realidad dual de nuestra vida pública, a la vez novísima y arcaica.
Si algún rasgo común hay en estos políticos es la subestimación de sus cualidades por sus adversarios, antes de verse rebasados o derrotados por ellos.
Es una subestimación paralela a la que priva en parte de la ciudadanía ilustrada del país que se siente superior a sus políticos y los desprecia, sin pensar que son parte de la sociedad que los incuba.
Noticia: incubamos políticos mejores que la imagen que tenemos de ellos.
