Manuel Espino apoya desde ayer a Enrique Peña Nieto por ser éste, dice, el único de los candidatos que aceptó dialogar con el movimiento Volver a Empezar, fundado por el ex dirigente del partido que cometió el error de expulsarlo.
De ser cierta su justificación, pudiera entenderse que Josefina Vázquez Mota no hablara con él, pero se antoja inexplicable que Andrés Manuel López Obrador no lo hiciera, después de atraerse simpatías tan derechosas como las empresariales de Alfonso Romo, Fernando Turner, Miguel Torruco, Adolfo Hellmund o Cristina Sada.
La adhesión de Espino y seguidores (dentro y fuera del PAN) es el mayor logro de Peña en cuanto a ganarse voluntades de políticos provenientes de partidos adversos al suyo, por encima inclusive del Movimiento Izquierda Alternativa (con figuras tan prominentes como Víctor Hugo Círigo, René Arce y Ruth Zavaleta), emigrado del PRD.
Espino advierte que, así como hace seis años animó a gerifaltes priistas a promover el “voto útil” para Felipe Calderón, hoy convencerá a filopanistas de apoyar a Peña Nieto.
¡Chíngale!
