Gobiernos priistas y panistas han saqueado a Pemex.
La despojan de sus inmensos ingresos para subsidiar errores y despilfarros.
Solapan el robo cuantioso de combustibles y al peor sindicato.
Y traen entre ceja y ceja privatizar la empresa y entregarla a extranjeros.
Vaya, lo condenable es la administración funesta de Pemex.
No la expropiación petrolera del 38, que apuntaló nuestro desarrollo.
Pero, de espaldas a su propia historia, México censura ahora a Argentina.
Con las mismas razones con las que nos satanizaban las petroleras de entonces.
