Cuando el perínclito árbitro del partido América-Cruz Azul, Mauricio Morales, no le sacó la tarjeta roja al sobrevalorado Benítez —delantero águila que homenajeó a Messi y a Cristiano Ronaldo fallando penales— y luego se negó a señalar un penalti a favor de la Máquina cementera, confirmé lo que ya me suponía, que estamos atrapados en los setenta, viviendo los recuerdos del porvenir, el back to the future, que al igual que Douglas Philips y Anthony Newman fuimos arrojados a las fauces del Túnel del tiempo.
Y es que suelen decir los psicólogos que hay que mantener una sana relación con tu niño interno. Pero en México, dadas las circunstancias de nuestra vocación nostálgica, no necesitamos de terapias para mantener una relación con la fiera infancia gracias a la campaña del PRIcámbrico temprano, la lógica policiaca del calderonismo y los arrebatos de los mejores tiempos de la revolución institucionalizada y el desarrollo estabilizador.
Son tales los símbolos de infierno con déja vu guayaberesco incluido, que cualquiera diría que al que no deberíamos abandonar es a nuestro ruco interno que, ante tanto revival y proliferación del vintage político, se siente un poco desconcertado. Sabe que estamos en el 2012, se lo anuncian sus dolores de rodillas, las canas, los autosabotajes de doña Chepina y la combi del ChikiliQuadri, pero al ver la manera en que Peña Nieto apoya ahora a los Ninis Verdes, al listado de periodistas amenazados y muertos mientras Jelipillo solo hace enérgicas condenas cuando el caso de la guardería ABC está más impune que nunca, uno se siente como en los idílicos tiempos de Díaz Ordaz, el echeverrismo sin mecate y la Solución somos todos.
Sobre todo ahora que se explica el éxito de Walmart no solo por sus prácticas de expansionismo medieval, sino a través de unas cadenas de amargura de transas, corrupción y cochupos. O que el gobierno priista de Morelia ejercite la re-re-represión sobre el estudiantado alegando lo mismo que alegaban las autoridades en el 68 o el 2 de junio mientras el público aceptaba mansamente los señalamientos al ritmo de “Si son estudiantes, que estudien”.
Nomás nos falta que resucite Raúl Velasco y que Zabludovsky tome el lugar de López-Dóriga, porque El Chavo, Quico y La Chilindrina están hasta en La rosa de Guadalupe.
Lo único que no reubica en el tiempo es que el árbitro del América-Cruz Azul no se portó como Darth Bartlett cuando se cayó el sistema, sino como la nueva banda TimbirIFE al armar los debates.
¡Por eso es el clásico, joven!
