Parece que al PRI y a su “muñequito de sololoy” se les acabó el día de campo. El PAN ha exhibido ante la opinión pública que Peña Nieto miente en su publicidad, en su informe ante los mexiquenses, y en su vida pública. Esto es, Peña es un mentiroso. A lo de “cumplidor” y “exitoso” se le opacó el brillo.
Los compromisos, obra de infraestructura, entregados por Peña no son lo que él dice. Son muchos los ejemplos de obras que él registra como cumplidos, y que son un verdadero fraude para los habitantes de ese estado. Bibliotecas sin libros, una laguna ecológica que parece pantano y que cuenta con el atractivo ambiental de llantas desperdigadas; puentes sin acabar, calles de tierra, vialidades que son una banqueta… una burla para todos.
¿Y cuál es la reacción de PRI? Denunciar guerra sucia. Lo mismo decían de la deuda de Moreira, que se trataba de una trampa electoral, que no era cierto, que era una campaña de desprestigio. Lo cierto es que todo acabó en que era cierta la gigantesca e inmoral deuda que le dejó al estado de Coahuila el ex presidente del PRI. Los coahuilenses tardarán decenas de años en pagar los excesos, las trapacerías y la corrupción del gobierno de Moreira. Eso sin contar lo que vaya a hacer el actual gobernador, hermano del anterior. Esos son los gobiernos del PRI, y a la denuncia de esos hechos le llaman guerra sucia.
Lo sucedido ayer en una obra inconclusa del Estado de México, entre el PAN y el PRI, es la muestra clara de que los priistas mienten en lo que se refiere a las obras entregadas por Peña. En tan solo unos metros la diferencia es notable. Los priistas dicen que entregaron la ampliación de carriles en un puente que no lleva a ningún lado porque simple y sencillamente no está terminado. Y se ofenden porque se les señala el incumplimiento, dicen que es un acto violento señalar su cinismo y su irresponsabilidad. Eso no es guerra sucia, lo sucio es decir que se entregan obras y estafar a la ciudadanía, al presumir que le entregaron algo que jamás llegó.
Una de las ventajas de las campañas electorales es que, precisamente, ponen el foco en las cualidades y defectos de los que buscan un encargo. Más aún si se trata de la Presidencia del país. No basta con quedarse con la publicidad que se ofrece —en el caso de Peña tan insultante que ya quitaron cientos de espectaculares—, es necesario, por democrático, ejercer contraste.
El famoso y triste compromiso 127, que ahora los priistas dicen que es el 130, es una vergüenza para Peña Nieto, una carga para el PRI y un insulto a los mexiquenses.
Twitter:@juanizavala
