En 14 años, el gobierno de Cuba ha tomado dos decisiones: declarar el 25 de diciembre festivo de Navidad a pedido del papa Juan Pablo II tras su visita a la isla en enero de 1998, y hacer lo propio ahora para este 6 de abril, Viernes Santo, según el deseo expresado a Raúl Castro por el sucesor y ex colaborador de Karol Wojtyla, Benedicto XVI.
Para la Iglesia católica, cuya lógica desde su fundación en el Concilio de Nicea, en el año 325, tampoco se ha caracterizado por dejarse coaccionar por las prisas–, el “rápido” otorgamiento del receso santo apenas tres días después de que Joseph Ratzinger abandonara la isla (se fue el miércoles 28 de marzo y Granma hizo el anuncio el 31) fue “motivo de alegría” y un “signo de optimismo”, en palabras del canciller vaticano, Federico Lombardi, muy activo junto a Benedicto XVI en su visita a Santiago y La Habana del 26 a 28 de marzo.
Momentos antes de que el Papa dejara la isla, el presidente Castro le dio seguridades sobre el próximo receso, “en consideración a Su Santidad y al feliz resultado de esta trascendental visita a nuestro país”, el único comunista en el continente pero elegido por la Iglesia de Roma, junto a México y Brasil, para intentar relanzar una maltrecha evangelización, en gran parte producto del retroceso que sobrevino tras el garrafal error cometido por el propio Ratzinger y por Wojtyla de arremeter contra la “Iglesia de los pobres”. Un espacio de trabajo eclesial serio en barrios, casas y comunidades de toda América Latina, de cuyo repliegue se beneficiarían muy pronto las iglesias evangélicas.
Pero para la disidencia en Cuba, “sacrificada” ahora por Ratzinger, el Viernes Santo “es una migaja”, según dijo Berta Soler a nombre de las Damas de Blanco, ya que “la Iglesia lo que quiere es un espacio en los medios y en la educación, y eso el gobierno no se lo va a dar”.
Como sea, lo nuevo que se nota en el discurso de la Iglesia católica y de la disidencia —reducida a “pequeños grupos”, según dijo una fuente de la comitiva de Benedicto XVI en la isla, “por eso el Papa no se quiso reunir”— es la insistencia en una “Cuba reconciliada dentro de su propia patria”.
Así lo expresó en Miami con insistencia el arzobispo Thomas Wenski (29-03) y lo repitió (30-03) el prominente empresario cubano-americano Carlos Saladrigas, de 63 años, quien en una inusual conferencia auspiciada por la revista cubana Espacio laical llamó en La Habana a “derrumbar muros” entre ambos lados del Estrecho de la Florida. “Alejarse no es una opción y esperar tampoco”, dijo.
