Después de la misa papal del pasado domingo, será difícil que los cuatro candidatos presidenciales con registro oficial vuelvan a coincidir en el mismo espacio y tiempo en los próximos tres meses. La próxima vez que se encuentren lo harán para disentir y diferenciarse; será en los dos debates que la ley mandata.
A unos días de que inicie formalmente la campaña presidencial, los cuatro candidatos con registro oficial (capítulo aparte representan en esta elección los 53 ciudadanos sin partido que buscan competir por el mismo cargo, desde Manuel J. Clouthier hasta Juanito), se encuentran literalmente en sus marcas.
El promedio de ocho encuestas publicadas en los últimos días así lo evidencia. El porcentaje de la votación efectiva (sin los indecisos) se distribuiría de la siguiente manera: Enrique Peña Nieto y el PRI-PVEM se ubican en 44%, Josefina Vázquez Mota y el PAN en 32%, Andrés Manuel López Obrador y la coalición Movimiento Progresista (PRD, PT y MC) en 23%, mientras que Gabriel Quadri y el Panal en 1%.
Estos datos muestran que los candidatos y los partidos están en sus pisos electorales históricos. Que cada uno de ellos logró cohesionar y nuclear el voto duro y los simpatizantes tradicionales que han acompañado a las marcas PRI-PVEM, PAN, PRD-PT-MC y Panal, en las últimas elecciones. Por ello, insistimos, los candidatos que están por arrancar campaña se encuentran en sus marcas y listos para la carrera.
¿Significa que así llegarán al primer domingo de julio? Por supuesto, no. Hay un quinto actor en esta elección que está adquiriendo relevancia, los indecisos. Son aquellos electores que tienen alguna preferencia pero podrían cambiarla en el transcurso de la campaña, así como aquellos que sí irán a votar pero aún no definen en lo absoluto por quién. Los indecisos están en el rango de 24 a 30 por ciento de la población votante. Es decir, ellos pueden cambiar el curso de la elección. Y para ellos son las campañas que veremos en las próximas semanas.
El perfil del indeciso en esta elección está claramente delineado. Son predominantemente jóvenes de clase media y clase popular, distantes de la política, preocupados por su entorno de inseguridad, desempleo, mala educación y riesgos de salud, y ocupados en sortear el día a día de su situación económica.
Un focus de la actitud de este segmento frente a la próxima elección presidencial revela rasgos relevantes. Son refractarios a las promesas de los políticos tradicionales. Sin embargo tienen muy claro el perfil de cómo debe ser el próximo presidente de México. Los cinco atributos que más valoran del próximo gobernante son honradez, cercano a la gente, conocedor de los problemas del país, con experiencia política y sin compromisos con los grupos de poder.
En el careo con los principales actores de la contienda presidencial, AMLO resulta mejor que Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota en tres atributos: experiencia política, conocedor de los problemas del país y honradez. Mientras que EPN y JVM compiten en cercanía con la gente y en libertad para promover los cambios que el país necesita.
Siete de cada 10 indecisos son anti-PRI. Consideran que este partido representa la corrupción, pacta con el narco y endeuda a los gobiernos. Mientras que cuatro son anti-PAN, porque no ha traído el cambio prometido y carece de experiencia para gobernar. En tanto que tres son anti-PRD, porque son “rijosos” y “protestan por todo”.
En este contexto, son claras las tareas de la coalición de las izquierdas para avanzar en la próxima campaña. Frente a la intentona de hacer de esta contienda un baile bipartidista (PRI-PAN), AMLO ha logrado cohesionar y nuclear el voto histórico de la izquierda en un rango de 23 por ciento de la votación efectiva. Esta elección se encamina a tercios.
El siguiente paso es ganar a los indecisos, lo que implica un movimiento en dos fases: diferenciarse de las otras opciones y, paralelamente, moverse al centro. Si bien tres de cada 10 indefinidos jamás le darán su confianza a las izquierdas, los siete restantes están dispuestos a confiar en una opción distinta al PRI y al PAN. Aquí hay un espacio virgen y fértil para avanzar y consolidar el escenario a tres.
El tercio mayor, que le permitiría a las izquierdas ganar la Presidencia, estaría en función de consolidar dos variables: por un lado, un mensaje de campaña que señale claramente que el cambio verdadero que necesita el país es un cambio de rumbo político, social y económico, no un cambio ficticio de cara o de género en la Presidencia; por el otro, que el día de la elección se materialice la participación de los simpatizantes y seguidores de las izquierdas, con la certeza de que, ahora sí, su voto será respetado y convalidado.
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