Miles de personas soportaron el calor durante la misa del Papa.
Soy un soldado pero también un hombre de fe. Mi labor es la seguridad del Parque Bicentenario. Voy a pedir por mi familia, mi esposa me lo encomendó porque el Papa habla diario con Dios.
Me tocó vigilar la zona de prensa de la misa, está tranquilo. Desde aquí me queda perfecta la visión para poderlo ver. No creo que Benedicto XVI haga milagros, pero estoy seguro que por lo menos me va a escuchar.
Soy Antelmo Tolentino. Soy católico, pero los milagros sólo son de Dios.
Salí de Veracruz a los 18 años para enlistarme en el Ejército, pertenezco al primer regimiento de ingenieros del Campo Militar No. 1 en la Ciudad de México.
Llevo 18 horas de pie, venciendo el cansancio en menos de 3 metros, lo bueno es que voy a ver al Papa de cerca.
Mientras el Papamóvil recorre las terrazas del Parque, tengo que darle la espalda para evitar que nadie vaya a brincarse las vallas. Está difícil, aquí los de prensa vienen a trabajar no a tocar al Papa.
Por eso aprovecho para verlo, aunque sea de reojo lo voy a ver.
Lo vi pasar, ya es un señor viejito, no lo imaginaba así. El otro día que salió de Guanajuato lo alcancé en la caseta, pero de muy lejos, ahorita que fue de cerca, fueron poquitos metros; la verdad sí me conmovió.
La misa fue sorprendente, pero con mucho calor. Para mí es suficiente aunque sea desde lejos.
El Papa dijo palabras muy bonitas para el que sabe escuchar. Y más uno que anda de cerca con el peligro.
Por eso, simplemente le pido a su imagen, a la que estuvo aquí, que dicen representa a Dios, me libre de un enfrentamiento, porque cada vez las cosas se ponen peor.
Pedro Domínguez/Silao
