Luego del descontón, Peña Nieto, con tímida elegancia, le sugirió cambiar de encuestador. AMLO soslayó la intromisión, cree que el zipizape le conviene, vituperó las encuestas sin morderse la lengua. No hay tu tía. Gana Calderón. Palo dado, IFE no quita.
Ilustración: Luis Miguel Morales
La deliberada intromisión del presidente Calderón en la campaña electoral, su escandaloso partidismo, el meditado aunque incontrolado juego para desequilibrar desde el poder presidencial la contienda, el consecuente cálculo para vulnerar la equidad e influir en la ciudadanía, la finta de autocorrección del día siguiente, todo ello es prueba fehaciente e irrefutable de su inalterada e inalterable estrategia extrema de ganar la elección o —en el límite— no perderla.
No fue un error, un exceso de celo partidista o un exabrupto incontrolado. Su comportamiento no es inconsciente, aunque ciertos episodios resulten aparentemente inexplicables, dislocados o impulsivos. Ese es el juego y, hasta ahora, pese a costos y graves riesgos, funciona. Calderón omnipresente en el proceso político electoral; en el juego abierto mediáticamente publicitado y en el rejuego oculto judicial y financiero. Dominante en la escena mediática, ocupa el centro del tablero, impone agenda y maneja ritmo e intensidad de la confrontación. Lejos de ser estadista, es un político habilidoso y rudo; sabe de elecciones —ha perdido y ganado— y usa sin recato el poder como ventaja. Hoy por hoy, domina y mantiene a raya a una oposición débil, preocupada por su reciclaje y subsistencia (PRD), y, a la otra (PRI), aunque favorita en las encuestas, la mantiene dubitativa, amenazada y asustada, sin movilidad.
La intercampaña le viene bien. Los candidatos están relativamente maniatados y les han faltado agallas para estar a la altura del reto. Luego del descontón, Peña Nieto, con tímida elegancia, le sugirió cambiar de encuestador, y Videgaray recurrió al IFE, el efecto propagandístico será escaso y el legal inexistente. AMLO soslayó la intromisión, cree que el zipizape le conviene, vituperó las encuestas sin morderse la lengua, Zambrano también irá al IFE. No hay tu tía. Gana Calderón. Palo dado, IFE no quita.
La opinión ilustrada se escandaliza y la crítica es débil. Pondera consecuencias de ilegitimidad y problemas de gobernabilidad por la inequidad propiciada por el comportamiento presidencial. Las almas bellas (Hegel) celebran la “autocrítica presidencial”, perdón, ¿cuál corrección, cuál disculpa? Hay que leer la alocución presidencial, dice: “(…) he actuado y actuaré en todo momento como demócrata en este proceso electoral… como presidente actuaré estrictamente apegado a la ley (…)” etcétera. ¿Vamos bien? ¿Cinismo o burla? Usted dirá. Para el Presidente, sin embargo, sólo coherencia; no va a cambiar de conducta porque, político pasional de toda la vida, ese comportamiento está funcionando adecuadamente y el vértigo de la victoria obnubila el costo de las consecuencias. La crítica no puede ni debe, en las condiciones de anormalidad social y política extrema que vive el país, ser benevolente o pensar —ensimismada en su ombligo— que la propia palabra cambia las testarudas y evidentes realidades. Quien hace política pacta con el diablo, se sabe; y quien la piensa y opina, también.
El Presidente desestima las prohibiciones legales, minusvalora la prudencia política, se vale de todos los medios y privilegios del poder de Estado, bajo la creencia —ingenua y perversa a la vez— de la bondad intrínseca de sus fines. Desprecia a la oposición, aunque teme que Peña Nieto prevalezca como indican las preferencias y que durante la campaña se modifique la correlación real de fuerzas, se libere de temores y desarrolle iniciativas ganadoras. Tácticamente es prioritario polarizar la elección, relegar a AMLO, exagerar la tendencia a la baja de Peña Nieto —2 o 3 puntos desde enero— inevitable por su amplia ventaja; importa desacreditar las encuestas, insinuar su irrelevancia, inducir una percepción ya de empate.
La ley electoral, aunque le incumbe, no lo toca. El andamiaje electoral cruje y se tambalea. IFE-TEPJF amén de menguada autoridad tienen quinta columna. Sabe que jamás lo van a sancionar; así ganó, con Fox como ejemplo mayúsculo de impunidad. Leonardo Valdés-IFE no se enteran del escandalito de la encuesta —presidencial o del PAN, ¿se pueden poner de acuerdo, por favor?—, esperan denuncias de parte para analizar la cuestión, ¿para qué, si no pueden y temen y saben que no hay sanción? Ni una admonición o exhorto. Sancionan a Márquez por sus calzones (primer ciudadano sancionado en la historia electoral), pero al Presidente ni con el pétalo de un regaño.
No fue error. Perseverará en su estrategia. No regresar el poder al PRI, justifica la utilización de cualquier medio; lo cree a pie juntillas. Es un político de convicción, pasional, un cruzado (la guerra sin fin y la maldad histórica del PRI). La emoción y el vértigo del poder desplazan la moral de responsabilidad y la ponderación de consecuencias. Hay que lidiar política e intelectualmente con ello, pieza crucial en el tablero. Hoy domina.
FCPyS-UNAM. Cenadeh.
