Después de la multota de 29 mil pesos que le aplicaron en el IFE al boxeador Juan Manuel Márquez nomás porque portaba un vistoso logotipo del PRI mientras peleaba en Las Vegas con Manny Pacquiao, justo un día antes de las elecciones en Michoacán, seguramente los candidatos, precandidatos y partidos políticos deben estar muy contentos de saber que las represalias del instituto son francamente de risa loca. O sea, 29 mil pesos, no se vaya a quedar pobre… Cualquiera con un poco de sentido común le hubiera obligado a pagar unos 10 millones nomás por el puritito mal gusto.
Ahí es donde no entiendes. En vez de amenazar a quien resulte responsable de las grabaciones donde invita a repartir billete grande entre electorado, La Cocoa Calderón tendría que haberse ido sobre el caso del púgil que, en el mejor estilo del comentarista deportivo Enrique Garay negando que hubiera tuiteado una foto de su pirrín (y alegaba hackeo como si los de Anonymous siguieran sus pasos, su caminar), explicaba que ese parche del PRI en sus chones simbolizaban su malestar por la situación de México.
Moreiriano a la vista, bañista.
Digo, uno, como está acostumbrado al nivelazo nacional en materia de declaraciones, no se espanta como cualquier otra persona desprovista de las herramientas psicológicas necesarias que, por ejemplo, ante los dichos de García Luna Productions, en el sentido del problema de las cárceles por sobrepoblación y por corrupción, seguro les pasa lo que al perico.
Es como con las cosas que se dicen y gritan en San Lázaro las distintas bandas partidistas con el índice de fuego levantado, y te das cuenta de que ya no te generan la menor sorpresa. Que desde los tiempos de las interpelaciones y del Puerquito valiente, lo natural es que se acusen, ironicen, insulten con argumentos que parecen sacados del Sensacional de traileros, que si se mientan la madre y se mandan a la chingada sin boleto de regreso, es parte del espectáculo de la política, ese antiguo arte de tragar mierda sin hacer gestos. O no tantos.
Ha sido de suyo tan portentoso el esfuerzo de los legisladores en desacralizar el fuero y la tribuna, que lo menos que espera uno en cada sesión, además de que haya quórum —la máxima de los diputados es tener el récord de asistencias de Kahwagi y la Vázquez Mota— es que el show supere al que se pudo apreciar en el penal de Apodaca.
Lo que sí asusta es que el inspector Poiré que no Poirot, en pleno homenaje a Francisco I. Madero, afirme que la mexicana es una democracia vibrante.
¿Y el IFE no lo multará por decir esas cosas? Mínimo que saque para andar iguales.
