Con 18 años, en 1941, arrancó con un compañero la bandera nazi que ondeaba en la Acrópolis y 71 años después Manolis Glezos sigue resistiendo, esta vez contra la “tutela” extranjera impuesta a Grecia para salvarla de la quiebra, y lo hace junto al compositor Mikis Theodorakis.
Figura emblemática de la izquierda radical griega, Manolis, de 89 años, formó recientemente un movimiento con Theodorakis, de 87 años, bajo el nombre Resistencia de los Pueblos Democráticos Unidos (Elada) para luchar contra las medidas de austeridad dictadas a los griegos por los acreedores del país.
Para Glezos, la historia comenzó la noche del 30 de mayo de 1941: los alemanes acababan de sofocar el último reducto aliado en Creta y “Hitler dijo en un discurso que ‘Europa es libre’. Queríamos demostrarle, precisamente, que el combate comenzaba”, contó.
“Grecia conquistó su libertad, pero no su independencia. En la escala de la sumisión rozamos el 100 por ciento, para todo son los extranjeros que deciden”, reclama este octogenario, haciendo alusión a la situación financiera actual del país, dependiente de la ayuda internacional.
Ante la imposibilidad de acceder a los mercados, Grecia espera un segundo plan de rescate de la Unión Monetaria y del Fondo Monetario Internacional (FMI), que exigen en contrapartida medidas de austeridad, contestadas por la población, sobre todo el pasado domingo, cuando las calles atenienses fueron escenario de una batalla campal.
Detenido tres veces durante la Ocupación, Glezos se libró del pelotón de ejecución. “Un policía griego controló nuestros documentos por violar el toque de queda cuando nos alejábamos de la Acrópolis, pero nunca habló”, cuenta sin querer pasar por un valiente.
De repente habla de la ejecución de su hermano menor en 1944. El retrato del joven destaca entre los libros, archivos y recuerdos amontonados en el modesto apartamento que Glezos comparte con su esposa a las afueras de Atenas.
Su compromiso con la resistencia, su militancia comunista, bajo regímenes autoritarios y castrenses, le valieron dos condenas a muerte y doce años en “casi todas las cárceles del país”.
“Muchos se volvieron locos”, destaca. Él tuvo que interrumpir sus estudios de economía: “En la cárcel, se relacionaba con el marxismo”.
Ex miembro del Partido Comunista griego estalinista, que abandonó en 1968, Glezos se ha convertido en toda una personalidad de la izquierda radical. Hoy, el militante quiere pasar el testigo a la juventud “para arriar todas las banderas que oprimen”.
Pero, al contrario de muchos griegos, hartos de las exigencias de Alemania, el ex resistente se cuida mucho de comparar el ocupante de ayer con el socio puntilloso de hoy. Según él, “el enemigo, es el G20, la unión de los imperialistas”.
El domingo pasado, durante las violentas manifestaciones, él estaba frente al Parlamento, en primera fila, entre los contestatarios, junto a Mikis Theodorakis. Los dos ancianos tuvieron que ser atendidos en el servicio médico del parlamento a raíz de gases lacrimógenos lanzados por la policía. Luego asistieron, en el banco de los invitados del gobierno, a un debate “histórico” que concluyó con la adopción del programa económico doloroso contra el que ellos acababan de manifestarse.
“Al comienzo de la ocupación, la resistencia era sobre todo pasiva. Cuando escalamos la Acrópolis, no nos cruzamos con otros que hiciesen lo mismo. Pero día tras día, fuimos más numerosos. Ahora también, la corriente de resistencia crece”, presagiaba Glezos en junio pasado.
Atenas • AFP
