El dolor se quedó en Villas de Salvarcar. Y dos años después el presidente Felipe Calderón inauguró una biblioteca y un centro deportivo a una calle de la vivienda donde asesinaron a 18 estudiantes. En esta visita el mandatario aseguró que desde la puesta en marcha del Programa Todos Somos Juárez los homicidios se redujeron 57 por ciento.
Ayer, el jefe del Ejecutivo federal inauguró una biblioteca y visitó un centro deportivo ubicados a una calle de la vivienda donde el 30 de enero 2010 fueron asesinados 18 estudiantes. Los jóvenes de entre 15 y 20 años se encontraban reunidos para celebrar una fiesta. Fueron sorprendidos por un grupo de sicarios.
Cuando se enteró de la noticia, el presidente Calderón los calificó de “pandilleros”. Enseguida reculó. Ayer los llamó “ángeles”.
“Villas de Salvarcar se convirtió en el corazón de Juárez y de México, también nos ha cambiado a todos el corazón, nos ha hecho ver las cosas de manera distinta. Los ángeles se fueron al cielo, todos los extrañamos y siguen en nuestro corazón, en nuestro dolor, nos ha abierto los ojos a tantas cosas que habría que ver”, expresó el mandatario frente los padres de los asesinados.
Con la voz entrecortada, Guadalupe, una de las madres que perdió a su hijo en esa masacre, dijo al presidente Calderón que a raíz de la partida de los estudiantes llegaron las bendiciones para los habitantes de esta colonia.
“Señores padres de familia amen a sus hijos como si fuera el último día. Den ese beso cada día, cada mañana, yo recuerdo mucho lo que Rodrigo me decía, y se lo dije esa mañana. Señor Presidente: el último beso no se olvida”, expresó.
En un deportivo que se construyó para regenerar el tejido social de la colonia —que forma parte de la estrategia de seguridad del gobierno federal— y de manera privada, el presidente develó un memorial en recuerdo de los estudiantes.
A unos pasos, Calderón inauguró una biblioteca que también lleva el nombre de la colonia. Ahí, junto con un grupo de niños se sentó en el piso de fomi de colores y les leyó el cuento El vampiro vegetariano.
Como los menores, su esposa, Margarita Zavala, y el gobernador de Chihuahua, César Duarte, escucharon atentos el relato. Como pocas veces se le ve al mandatario, se rodeó de niños, les hizo preguntas del texto y mostró las ilustraciones del libro. La cálida convivencia duró 10 minutos.
El panorama en el exterior del inmueble era completamente distinto. Calles desoladas, viviendas abandonadas, apenas una familia sobre el techo de su casa observó el paso del mandatario.
Detrás de las vallas que colocó el Estado Mayor Presidencial se acercó una mujer con su nieto para conocer al Presidente. Dijo que hace dos meses llegó a la colonia, iba huyendo de los secuestradores de su hijo “así no se puede vivir, apenas oscurece me encierro en mi casa”.
Otra mujer más contó que tiene un año en ese lugar, pero sus ojos se humedecieron cuando recordó que su hermano fue levantado en Oaxaca desde hace 60 días, “su sueño era ser policía, sólo lo fue dos meses, hoy no tenemos noticias de él”.
Calderón, junto con la comitiva que lo acompañó en su segundo día de actividades por Ciudad Juárez, se dirigió a un campo de beisbol donde lo esperaban niños de entre seis y ocho años.
El mandatario dejó ver que no es bueno para ese deporte, pues intentó lanzar en dos ocasiones la bola sin tener éxito. Pero tuvo su recompensa, pues las madres de los Yankees y Dodgers lo despidieron entre porras y aplausos, “siéntese con nosotras a ver el partido, aquí hay lugar”, le comentaron. Pero el mandatario aceleró el paso hacia el lado contrario.
La que sí demostró su pasión por el futbol americano fue Zavala. “A mí no me lances el balón, ella es la buena”, ordenó Calderón al entrenador.
Margarita recibió en dos ocasiones la pelota, llevándose los aplausos de su esposo y los secretarios de Gobernación, Alejandro Poiré, y de la Reforma Agraria, Abelardo Escobar.
El mandatario saludó de mano a cerca de 60 jóvenes, después tiró una moneda al aire para que comenzara el partido de americano y hasta se dejó rodear por ellos mientras echaban una porra.
Caminó unos metros y se trasladó a otra cancha de futbol. También fue el encargado de lanzar la moneda. Más adelante, escuchó tres piezas musicales del coro de los núcleos del Instituto Nacional de Bellas Artes de Ciudad Juárez. Los ovacionó de pie.
Después, convivió nuevamente con los niños beisbolistas. En una cancha de basquetbol se colocaron mesas y sillas donde degustó un burrito de carne y un vaso de refresco. Escuchó atento el breve discurso de Héctor Munguía El Teto, alcalde de Juárez.
“Usted va a pasar a la historia, sin lugar a dudas, en el corazón de los juarences y estos niños se van a acordar algún día que vino un Presidente con toda sencillez, creo que es a lo que se debe dedicar después de que salga de su mandato, a contarle a los niños muchas historietas, que indudablemente lo hizo excepcionalmente con ese calor humano que le caracteriza”, expresó.
Por una de las puertas del deportivo se veía un camión que fue atravesado para impedir que se viera la vivienda donde fueron asesinados los estudiantes de Salvárcar, donde, a dos años de su muerte, todavía se colocan flores y veladoras en su recuerdo.
Silvia Arellano, en Ciudad Juárez, Chihuahua
